miércoles, 16 de mayo de 2007

Compañero inseparable...

En el campo de Tiro
Marchando por la carretera de Mingorrubio

Cuántas horas junto a él habremos pasado...
Creo recordar que en un par de ocasiones, años después de licenciarme, visité Mingorrubio. Gracias a Julio han venido a mi memoria los momentos y esa sensación de "miedo" que se sentía por no saber qué podía pasar en las prácticas de tiro. Nos lo narra con mayor exactitud el mismo Julio...

Todas las Unidades de la guarnición de El Pardo hacían sus prácticas de tiro en el campo llamado del “Generalísimo”, situado a la derecha y al final del embalse del pueblo. Normalmente, cuando había ejercicios de tiro de fusil o lanzamiento de granadas, era un día distinto, no solo por el cambio de la actividad rutinaria diaria, sino porque además pasaba por nuestro cerebro un extraño sentimiento de cierto miedo por lo que pudiera suceder. No sería la primera vez que ocurriese un accidente en un campo de éstos en cualquier parte de España.
Ese día, nos daban un desayuno “especial”, si no en calidad sí al menos en cantidad. Tenía una finalidad: el poder resistir la larga caminata de varios kilómetros que había entre el Regimiento y el campo de Tiro. Porque el trayecto se hacía andando y además marcando el paso casi todo el rato, cantando cancioncillas de marcha como “Soledad” o “Tengo una novia que es mi ilusión…”, etc… Salíamos formados por la “puerta de carros” y torciendo a la derecha cruzábamos la glorieta en donde estaba la entrada del Palacio. Después, enfilábamos la carretera de Mingorrubio, dejando a la izquierda la tapia que rodeaba dicho Palacio. Avanzando poco a poco, pasábamos al lado del Canal de Experiencias Hidrodinámicas, después el pueblo de Mingorrubio, habitado casi en su totalidad por familiares del Regimiento de la Guardia. Más tarde el cementerio del pueblo que quedaba a la izquierda. A continuación salíamos de la carretera y nos metíamos por un camino rural que tenía unas verjas a la entrada, hasta llegar al campo de tiro.
Durante el trayecto y con un poco de miedo en el cuerpo, nos iban adelantando algunos vehículos del cuartel: uno era la ambulancia con el médico y varios sanitarios. Al rato, nos adelantaba un jeep ocupado por el capellán. Con lo cual el “acojone” iba en aumento. O sea, un médico para curar posibles heridos y un sacerdote para curar almas y en caso de fallecimiento supongo que para darnos la extremaunción. También se incorporaba a nuestra columna el fotógrafo, Sr. Arnáiz, que siempre nos tomaba algunas instantáneas, fotos que días más tarde nos entregaba a módico precio.
Al llegar al campo referido, se disponían las filas de reclutas para el tiro. Primero con blancos de triángulo a 50 metros, después con blancos de siluetas a 150. Con los mosquetones Mäuser de 7,92 mm. no se tiraba mal, lo que pasaba es que tenías que hacer varios ensayos primero, para poder corregir la puntería si te salían los tiros un poco desviados de trayectoria. Algunos disparábamos con la bayoneta puesta, pues así el mosquetón parecía que tenía menos retroceso. El inicio y cese de cada serie de tiros se hacía a toque de corneta: “Fuego” y “Alto el fuego” para que los encargados de los blancos pudiesen acudir a ver los resultados. A los que tirábamos mal nos metían un paso ligero alrededor del campo durante los descansos. Por lo visto, se suponía que tendríamos que saber tirar ya desde el mismo momento en que nos dieron a luz nuestras respectivas madres.
En el momento de lanzar las granadas, la PO-I y la PO-II, primero ensayábamos con piedras gordas y después, a la hora de la verdad, nos situábamos uno por uno, detrás de un parapeto ya instalado, cogías la granada, le quitabas el seguro y la lanzabas por encima lo más lejos posible, a la vez que te tirabas cuerpo a tierra, para evitar la onda expansiva. Ya terminados los ejerciciosy con un breve descanso para tomar un bocata (los que tuvieran la suerte de haberlo adquirido antes) reiniciábamos el regreso al cuartel por el mismo camino de ida y con un enorme alivio de que las cosas hubiesen transcurrido como habíamos deseado.
De las (“Memorias de un ex cabo 1º de Transmisiones”).

1 comentarios so far

22:55 jueves, 26 de abril · rcedres escribió:
Yo en mi época solo fuí una vez al campo de tiro, tuvimos la suerte de que nos llevaron en camiones, pero la vuelta se hacía a pie, con el equipamiento completo (Cetme, mochila, etc).

La verdad es que era una buena caminata.

Recuerdo que si nosotros eramos malos en la distancia de 100 metros, lo sargentos eran peor disparando a latas de coca cola con las pistolas.

Gracias por participar.
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