jueves, 3 de julio de 2008

La odisea del capitán Kindelán

Una historia de aerostación

Capitán de Ingenieros D. Alfredo Kindelán

El capitán Kindelán, del Arma de Ingenieros, que participaba en un concurso aerostático en Valencia, despegó a las seis y media de la tarde del día 24 de Julio de 1.907, pilotando el globo “María Teresa”, ganó el aire y pronto tomó rumbo hacia el Suroeste. A la hora pasaba por encima del pueblo de Catarroja y una hora después se mantuvo sobre la Albufera y Silla, sorprendiéndole una imponente tempestad que estalló a sus pies sobre el lago. Arrojó entonces una buena cantidad de lastre, el globo voló hacia el Oeste, luego hacia el Norte y a las diez y media de la noche se hallaba sobre el caserío de Paiporta. Media hora más tarde volvió a encontrarse sobre Catarroja y desde la altura se puso a hablar a voces con varios campesinos, cerciorándose de su posición. Pudo entonces descender sin riesgo, pero siendo el concurso en el que intervenía de “distancia”, desaprovechó la oportunidad del aterrizaje, en su empeño de prolongar todo lo posible la excursión, presentando un itinerario extenso, que le diese méritos ante el jurado para ganar el primer premio.

Había pasado la medianoche del 24, era la madrugada del 25, cuando el “María Teresa” se cernía sobre el Palmar, pueblecito de la costa. En ocasión en que el capitán Kindelán procuraba entenderse con un barquero, para que le suministrara noticias, el globo fue arrastrado violentamente hacia la parte del mar por una racha enorme de viento. El Sr. Kindelán, dueño siempre de sí, abrió la válvula, descendiendo hasta unos 50 metros sobre el nivel de las aguas. Echó el ancla, y por estar ya a diez metros de tierra, no pudo tocar el fondo. Pudo salvarse ganando a nado la playa, pero no lo intentó por no abandonar su globo.

Desde entonces, empieza para al bravo militar una serie de accidentes peligrosos que supo dominar siempre con espíritu sereno. El “Maria Teresa” se internaba cada vez más y con velocidad bastante acentuada sobre el Mediterráneo, hacia las Islas Baleares. A las dos y media de la madrugada divisó un vapor que ha resultado ser el “Goya”. Desde el buque se echó un bote al agua, pero el Sr. Kindelán hubo de resignarse, preciado de su deber, a no aprovechar el auxilio que en trance tan comprometido se le ofrecía, por la misma razón que la rehusara antes, por no abandonar su aerostato.

Después de este accidente presenció desde su barquilla el magnífico espectáculo de un eclipse de luna. Alboreaba el día 25 cuando divisó las costas de Ibiza. Salido el sol, por efecto del calentamiento aumentó la fuerza ascensional del globo, subiendo a las nueve de la mañana a 3.800 metros. A esa altura, la dirección del aire había cambiado y el “María Teresa” navegaba cada vez más hacia el Norte. El sol se nubló y al amortiguarse el efecto calorífero, el descenso se verificaba a toda prisa, sin que nada valiera el que el capitán Kindelán arrojara como lastre parte de sus vituallas, el ancla, aparatos de observación y su propio uniforme. Era el mediodía y ya se había sumergido en el agua la mitad de la barquilla del globo. A las dos de la tarde, envolvió Kindelán en un hatillo su reloj, la brújula, el cortaplumas y la bocina, y despojado de todas sus ropas, puesto sólo el chaleco salvavidas, se arrojó al mar pero sin alejarse del globo.

La influencia del sol, la debilidad, la sed, la magnitud del trance, marcándose en su organismo llevaron a Kindelán a sufrir momentos de inconsciencia. Se reanima. Pasa un vapor: es el “Castilla”, y ni las señas ni los gritos del náufrago se oyen desde a bordo. Al desvanecerse la esperanza del barco que pasa, surge otra en el horizonte, pues destacan, esfumadas, las costas de Ibiza. A las seis de la tarde, el heróico capitán se decide a abandonar su globo, ante la proximidad de la noche. Hay aquí un momento del episodio lleno de unción religiosa y conmovedora. Kindelán, abandonado de los hombres. Luchando con la naturaleza bravía del mar, hace examen de conciencia, eleva a Dios su pensamiento y su corazón, y emprende una ruta a nado, hacia la tierra lejana. Cerrada casi la noche y cuando se hallaba distante de su aerostato unos 500 metros, vió que un buque se aproximaba a aquel, que se paraba, y que a poco el globo era recogido. Un último esfuerzo, nadando desesperadamente, y al fín, desde el vapor inglés “West-Point” se advirtió de la presencia del náufrago, y fue salvado.

Kindelán revisando su globo por dentro antes del despegue

Naufragio del Globo "María Teresa" visto desde el vapor "Goya"


Kindelán sumergido en el mar antes de ser rescatado por el vapor "West-Point"

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Fuentes: Revista gráfica “Nuevo Mundo” Nº 708-1 de agosto de 1.907
(Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional)

1 comentarios so far

muy valiente, si señor

Gracias por participar.
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