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sábado, 23 de febrero de 2013

Suele ser habitual no percibir el paso del tiempo hasta que nos detenemos a recordar un acontecimiento concreto o una experiencia vivida. Es en este momento cuando nos paramos a calcular la diferencia temporal entre el presente y ese acontecimiento que nos llega a la memoria. Sólo entonces exclamamos la conocida expresión “el tiempo vuela”.

Así, recordando tal día como hoy, 23 de febrero, pero de hace treinta y dos años, esa expresión vuelve a aparecer en el horizonte. Para muchos serán pocos años, sobre todo para los más veteranos de este espacio. Para otros será una franja de tiempo que no llegan a alcanzar porque todavía no habían nacido.

No es mi intención traer a colación los acontecimientos acaecidos en aquella fecha. De sobra son conocidos para los sectores poblacionales anteriormente citados. Pero ya sea porque aquella experiencia se viviera “en directo” o se tenga noticia de ella a través de los libros de historia, debería ser motivo para hacernos reflexionar sobre el clima de crisis. incertidumbre y desasosiego en todos los órdenes que en la actualidad estamos viviendo.

Aquellos años eran el inicio de un camino en el que se abrían las puertas para la esperanza y la ilusión. Hacía muy pocos años que había sido promulgada la Norma Vértice que, con su “espíritu de consenso”, superó paulatinamente no pocas de las dificultades que por entonces atenazaban la conciencia de los españoles.

Hoy, treinta y dos años después, aquel mítico y casi legendario “espíritu” parece tambalearse peligrosamente a merced de las veleidades de la clase política que no acaba de afrontar en su justa medida la tarea de superar el enrarecido ambiente que flota en no pocas de las actividades cotidianas de la ciudadanía.

Todos coincidiremos en que tanto las crisis económicas como las sociales tienen un “iter” y que no son indefinidas. Pero si por cualesquiera motivos seguimos empecinados en no vislumbrar el camino de la recuperación y del crecimiento, aquellos históricos años que vieron nacer nuestra joven democracia no habrán servido para nada.

Con independencia de ideologías o afinidades políticas, todas perfectamente respetables, es el momento de establecer un objetivo común, dejando atrás la oratoria del “y tú más” para caminar todos juntos por la senda del crecimiento.

Desde este espacio, así lo deseamos.

Saludos desde Tudela.

miércoles, 6 de febrero de 2013
Los locutores de trinchera eran unos soldados pertenecientes a las Compañias de Propaganda y Radiodifusión que tenía el Regimiento de Transmisiones durante la guerra civil 1936-39

Para tal fin la Sección 1ª del Cuartel General del Generalísimo ordenó al Regimiento de Transmisiones (16-Abril-37): “... la inmediata creación de una compañía con personal especializado para atender la propaganda en los frentes, a cuyo fin recibirá instrucciones de empleo del Delegado del Estado para Prensa y Propaganda.”
La prolongación de la guerra y la enorme masa de combatientes susceptibles de
recibir la propaganda, justificó la creación de hasta cuatro Compañías de Propaganda
y Radio, integradas todas ellas en el Regimiento de Transmisiones:
– 1ª Cía. Ejército del Centro. San José de Valderas (Madrid)
– 2ª Cía. Ejército del Sur. Sevilla.
– 3ª Cía. Ejército de Levante. Castellón.
– 4ª Cía. Ejército de Cataluña. Lérida.
La Plana Mayor del mismo se situó en Carrión de los Condes(Palencia), pasando a depender orgánica y administrativamente del Regimiento de Transmisiones.
***
La escasez de equipos de propaganda exigía unidades móviles que pudieran desplazarse por todos los frentes, para no dejar sin cubrir ni un sólo recoveco de las trincheras enemigas. Allí donde pudiera haber un hombre –aunque solitario–, un centinela o un escucha, había un posible desertor.
El material móvil del que disponían consistía en camiones furgón en cuyo interior se instalaba un equipo de megafonía con amplificadores, tocadiscos y altavoces. Difundían proclamas de propaganda e incitaciones de rendición al enemigo y hacían conexiones con las emisoras de radiodifusión para emitir música y noticias. Como estos servicios se hacían en primera línea de los frentes de combate, el oficio de estos locutores fue muy arriesgado, se calcula que tuvieron un 40% de bajas en toda la guerra.
***
Tras el 1 de abril de 1939, las cuatro Cías. de Propaganda y Radiodifusión, se fundieron en una sola, con sede en el Regimiento de Transmisiones de El Pardo (Madrid), pero incorporándose inmediatamente al Ejército de Operaciones que acudió a Asturias y León a combatir a los restos del Ejército Popular, que no aceptaban el final de la guerra. La última actividad "en los frentes" de los "hombres de la Propaganda",concluyó en noviembre de 1940, cuando llegó la orden de retirarse definitivamente a El Pardo.
***
En las fotos adjuntas se ve un camión de megafonía de campaña, un puesto de locutores de trinchera, un furgón del Regimiento de Transmisiones y una resolución del jefe del Estado concediendo el empleo de alféreces honoríficos de Ingenieros a 7 locutores de trinchera.

Fuentes: Memorial del Arma de Ingenieros nº 70





Conferencia sobre las Compañías de Propaganda

Por JOSÉ MANUEL GRANDELA DURÁN

https://docs.google.com/file/d/0B8d4Yqx_2B5IcG1nX3ZsaGJocEU/edit?usp=sharing

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