jueves, 5 de septiembre de 2013

A VUELTAS CON GIBRALTAR

(Artículo publicado también en la revista "PORTADA Vega Baja" y en el blog "Nuevo Impulso")
Panorámica del Peñón de Gibraltar desde la Bahía de Algeciras (Foto colección A. Colomina)

Dicen que los bloques de hormigón que han lanzado los gibraltareños al mar son para perjudicar a los pescadores españoles. Es posible que quieran evitar que los marineros españoles faenen en nuestras aguas —que no de ellos—, pero en el trasfondo del asunto, dando por hecho un delito contra el medio ambiente, yo veo algo más.


En primer lugar hay un detalle en lo que, al parecer, nadie ha reparado. La zona en la que han arrojado los 70 bloques de hormigón y hierro coincide con el final de la pista del aeropuerto. Yo recuerdo de mi estancia en La Línea de la Concepción, donde estuve destinado durante siete años, que por entonces los aviones comerciales para aterrizar y despegar se veían muy apurados por la poca longitud de la pista. Hoy que las aeronaves son de mayor envergadura, no es de extrañar que los pilotos se quejen de las dificultades que tienen para maniobrar en un aeropuerto tan reducido, por lo que no resulta descabellado pensar que, en un futuro, aprovechando algún problema de índole político o social en España, vean la ocasión de ampliar la terminal. (Hay que recordar que el actual aeropuerto lo construyeron los ingleses en la zona neutral aprovechando la confusión que había durante la Guerra Civil española).

También existe la posibilidad de que deseen independizarse de España en cuanto a las telecomunicaciones, extendiendo un cable submarino que vaya desde Gibraltar al Reino Unido, o a cualquier otro país que no sea el nuestro, naturalmente invadiendo aguas españolas.

De cualquier manera, tanto el Gobierno de España como toda la oposición, deben de permanecer unidos, sin fisuras, a la hora de defender los intereses españoles. Algunos, que no se distinguen precisamente por su patriotismo, han lanzado el bulo de que todo este conflicto es obra de Rajoy para tapar el caso Bárcenas, despertando en la ciudadanía un sentimiento patriótico. Eso es una vileza. El presidente no puede crear un problema internacional para ocultar algo que es del dominio público. Por otra parte, ya ha dado sus explicaciones al respecto en Las Cortes, explicaciones que nos podrán gustar más o menos, pero las ha dado. Ahora hay que dejar trabajar a la justicia que ya hablará en su momento. En cuanto a si este caso despierta o no un efecto patriótico, eso a mi juicio no es malo. Tanto que gustan en nuestro país las costumbres norteamericanas deberíamos aprender de ellos el amor que sienten por el ‘Tío Sam’, (nación y bandera).

Al parecer, el ministro Margallo quiere imponer un canon a los que transiten desde La Línea a Gibraltar y viceversa. Los trabajadores españoles, británicos o de cualquier nacionalidad quedarían exentos de pago. Creo que nuestro ministro de Exteriores ha pecado de incauto proclamando a los cuatro vientos esta medida. Ya se ha pronunciado al respecto la Comunidad Europea manifestando la ilegalidad de dicha tasa. En mi opinión, se puede hacer lo mismo de otra manera. Desde la extinguida aduana de La Línea hasta la verja de Gibraltar hay aproximadamente un kilómetro de carretera. Se puede convertir en autopista de peaje y cobrar un canon especial por su utilización. Naturalmente haciendo una acera o pasillo para peatones que podría utilizarse gratuitamente. ¿Acaso no abonamos un canon nosotros cuando entramos en una autopista?... La inmensa mayoría que visita Gibraltar con sus vehículos lo hacen para repostar gasolina —mucho más económica que en España por estar libre de impuestos—, hacer compras, evadir capitales o traficar con tabaco o artículos que luego pueden revender en nuestro país obteniendo pingües beneficios. Por ello es lógico que paguen una tasa, no por entrar o salir de Gibraltar, sino por la utilización de la autopista. Si encima esa recaudación revierte en un sector español tan castigado como es la pesca, miel sobre hojuelas.

Volviendo a la soberanía de Gibraltar, no está de más recordarles a los ingleses, gibraltareños, y a algunos españoles que se empeñan en justificar todas las tropelías que hacen en la roca, el artículo décimo del Tratado de Utrech:

"España cede la ciudad y castillos de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, sin jurisdicción alguna territorial y sin comunicación alguna abierta con el país circunvecino por parte de tierra".

Esto es, el Reino Unido carece en Gibraltar de aguas jurisdiccionales ni de territorio alguno y, si España lo cree necesario, no solo puede pasar los controles por tierra que crea conveniente, sino que, legalmente, puede impedir cualquier comunicación vía terrestre entre La Línea de la Concepción y Gibraltar, o viceversa. Si por ejercer nuestro Gobierno sus derechos creen que nos pueden intimidar los ingleses con sus barquitos, van equivocados. España ya no es aquel país aislado y desvalido de antaño, ahora pertenecemos a los mismos organismos internacionales que los británicos, con los mismos derechos y obligaciones. Amenazas ni una, por favor.



Página Web del Autor: Antonio Colomina Riquelme