martes, 22 de diciembre de 2015

¡FELICES PASCUAS! DESDE MANRESA


José R.M.Sabaté
Manresa

lunes, 21 de diciembre de 2015

TOMÁS MAESTRO, EJEMPLO DE COMPAÑERISMO

SOLICITUD DE RECONOCIMIENTO

Me he entretenido este verano releyendo en su totalidad las cuatro aportaciones de “La fuga de las transmisiones” recogidas en este blog el 26 de abril de 2008. Las tres primeras – aparecidas en la revista Red en 1961- tienen el gran valor histórico de estar narradas en primera persona por participantes en los acontecimientos ocurridos solo veinticinco años antes: el teniente coronel D. Antonio Gordejuela, teniente a la sazón, el coronel D. Luis de la Torre, capitán entonces, y el comandante D. Eusebio Ruiz Bejarano, que era sargento en julio de 1936. 
La cuarta es el extracto del artículo “Llega un regimiento de Madrid”, escrito por el periodista e historiador navarro Joaquín Arrarás Iribarren, de amplia trayectoria en la prensa conservadora y autor, entre otros, de la Historia de la República Española y de la Historia de la Cruzada Española.  Probablemente por tener acceso a más fuentes documentales, y a algún testigo presencial, su narración del primer día de la fuga, el 21 de julio de 1936, es muy detallada.
Al mando del coronel Juan Carrascosa Reveillat, el convoy formado por unos 400 hombres y 19 camiones salió del Regimiento a eso de las 4:30 de la madrugada del 21 de julio de 1936, pero muy pronto uno de los camiones, al mando del capitán Salas con una veintena de hombres, quedó inutilizado por quemársele el embrague entre El Pardo y El Goloso.
Tras detectar la ausencia, el teniente Sánchez Aguiló, que actuaba de enlace en una motocicleta, deshace el camino hasta encontrarse con el camión averiado.  En vista de lo peligroso de la situación, se ofrece voluntario para regresar al Regimiento y recuperar otro camión.  A su solicitud de algún voluntario que le acompañe, se presenta el soldado Tomás Maestro, conocido como buen mecánico.
Cuando ambos llegan al Regimiento, lo encuentran rodeado por simpatizantes del gobierno dispuestos a tomarlo. En el alboroto que se crea, Sánchez Aguiló y Maestro se separan y el teniente decide regresar a toda prisa para informar de la situación al capitán Salas. 
Entonces se manifiesta la extraordinaria personalidad de Tomás Maestro.  Logra entrar en el cuartel, recupera un camión Morris, se abre paso pistola en mano entre la multitud para sacar el camión y enfila el camino a El Goloso para ayudar a sus compañeros, a quienes encuentra desplegados en posición de defensa.
Los rezagados montan al camión y se movilizan rápidamente tratando de incorporarse al grueso de la columna aunque son frecuentemente hostigados por carabineros y milicianos leales al gobierno. Al llegar a Colmenar Viejo encuentran los accesos obstruidos por postes y carros y defendidos por milicianos.  Logran franquear las barreras y cruzan el pueblo bajo fuego enemigo, pero Tomás Maestro resulta gravemente herido en el pecho aunque se mantiene al volante hasta alcanzar una zona segura.
El pequeño grupo del capitán Salas, cada vez más retrasado por la resistencia encontrada, prosigue su empeño de unirse a la columna principal pero, en una bifurcación, toma un camino sin salida que les conduce a la presa de Santillana.  El capitán opta por abandonar el camión y proseguir la huida a través del monte para alcanzar Navacerrada.  Tomás Maestro, ya agonizante, queda al cuidado de unos compasivos vecinos de Manzanares el Real.
Los huidos ascienden hasta la cima del monte Cabeza de Illescas y deciden pasar allí la noche, pero muy pronto se encuentran cercados por milicianos que suben desde Manzanares y, aunque se defienden como pueden, terminan por ser heridos de muerte, fusilados o capturados. Los escasos supervivientes salvan la vida gracias a la intervención de un miliciano que hace ver a quienes quieren fusilarles que son soldados y que están allí contra su voluntad, hasta que finalmente son trasladados a la cárcel Modelo de Madrid.

Así acaba la corta historia de este desventurado grupo. El resto de la columna alcanzó La Granja, Segovia, como se proponía.
El capitán Salas recibió posteriormente la Medalla Militar Individual y el ayuntamiento de El Pardo honra su memoria con una calle.
¿Y qué fue de Tomás Maestro, el soldado que se ofreció voluntario para enfrentarse a un peligro cierto con el laudable propósito de ayudar a sus compañeros, y que se mantuvo en su puesto hasta el límite de sus fuerzas? Es de esperar que las buenas gentes que lo acogieron en Manzanares el Real lo cuidaran hasta el final y lo dieran cristiana sepultura.
Pero, ¿recibió algún reconocimiento oficial su extraordinaria conducta, virtuoso ejemplo del compañerismo que tanto se glosa en las gestas militares?
He tratado modestamente de investigar y no he encontrado nada sobre este héroe anónimo.  Por eso me permito proponer en este blog, que me consta que es seguido por las autoridades civiles y militares de El Pardo, que al menos se coloque una placa en su memoria en el cuartel Zarco del Valle que recuerde que sacrificó su vida en ayuda de sus compañeros.


Francisco Acebes del Río

lunes, 14 de diciembre de 2015

9º aniversario de este Blog

Hoy 14 de Diciembre, un grupo de soldados que hicimos el Servicio Militar en el Regimiento de Transmisiones de El Pardo, conmemoramos la puesta en marcha de este Blog, hecho que  fue iniciativa de nuestro fundador, compañero y amigo Fernando Navarro Henar.
La primera entrada se publicó el jueves, 14 de Diciembre de 2006. Ya han pasado nueve años.
Gracias a nuestro también amigo y compañero Rafael Cedrés Jorge, el blog fue tomando forma desde el punto de vista del diseño informático.
Poco a poco, se fueron incorporando compañeros de distintas épocas: Acebes, Colomina, Sabaté… y otros. Más tarde aparecieron  también profesionales de la milicia, que sirvieron en la misma Unidad, como los comandantes (R) Parra, Pulido y Sobrino, el suboficial mayor Delgado. Para nosotros un auténtico lujo.
Gracias a los interesantes aportes de todos y cada uno de ellos, este Blog se ha ido enriqueciendo con los años, formando un auténtico archivo histórico que queda en la Red para la posteridad y para consulta a quien le interese.
Nuestro agradecimiento a todos los amigos y compañeros que han colaborado en estos años con sus historias particulares y recuerdos gráficos.
Un abrazo para todos.

 
Primera entrada del Blog

domingo, 6 de diciembre de 2015

Cumpleaños del compañero Sabaté

Hoy es el cumpleaños de Josep Rafael Manuel Sabaté.

El equipo de “Historias de El Pardo” le deseamos con esta postal un feliz día.

jueves, 19 de noviembre de 2015

40 aniversario de la muerte de Franco

Imágenes del NO-DO

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Ingenieros y las Transmisiones de Franco

Un artículo de Antonio Guerra publicado por "El Faro Digital" que se puede leer aquí:

lunes, 12 de octubre de 2015

Día de la Fiesta Nacional 2015

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martes, 8 de septiembre de 2015

Fiestas de El Pardo 2015

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Imágenes tomadas de Telemadrid.

miércoles, 26 de agosto de 2015

ALMIRANTE D. BLAS DE LEZO


COJO, TUERTO, MANCO Y… HÉROE OLVIDADO.
EL GRAN ALMIRANTE DON BLAS DE LEZO


En el invierno de 1992 llegué a la eterna primavera de Cartagena de Indias, Colombia, para un mes de trabajo y aproveché los ratos libres para visitar la ciudad. Los colombianos dicen que es la ciudad más bonita de América. Me imagino que otros países americanos opinaran lo mismo de alguna de sus ciudades, pero habrá que admitir que, según los colombianos, Cartagena es, al menos, la ciudad más bonita de Colombia.  Y eso ya es mucho.
A mí me pareció encantadora, tanto por su preciosa bahía como por sus muy bien conservadas casonas coloniales, sus balconadas, sus centenarios conventos e iglesias barrocas, sus plazas porticadas, sus estrechas calles de balcones floridos que son un alivio para el calor, sus murallas, su impresionante y bien conservado recinto defensivo, sus fuertes y baluartes, su pasado histórico, sus espléndidas playas, su bahía, sus atardeceres…

            Pues bien, una tarde me acerqué a visitar el baluarte de San Felipe, algo alejado del casco histórico y me encontré con  este modesto monumento frente al fuerte. Se
había erigido en honor de don Blas de Lezo, quien, tengo que confesar, me era
totalmente desconocido. 
La biblioteca municipal de Cartagena de Indias tenía bastante información y di en saber que don Blas había sido uno de los más brillantes estrategas navales de la historia de la marina española, que había derrotado en la defensa de Cartagena a la flota  más grande que se había reunido hasta entonces, pues superaba en más de 60 embarcaciones a la “Armada Invencible” que lanzó Felipe II contra Inglaterra.  Lamentablemente, el héroe de aquella hazaña murió tres meses después de su prodigiosa victoria y su memoria, salvo honrosas excepciones, se sumió en el olvido en España.
            A la llegada de los primeros españoles en enero de 1533, lo que hoy es Cartagena de Indias era un conjunto de islas muy próximas unas de otras.  Tras recorrer la zona, el Adelantado don Pedro de Heredia, madrileño, fundó San Sebastián de Cartagena en junio de ese año en la isla arenosa de Calamarí.  Le acompañaba una bien pertrechada hueste de 150 hombres que tuvieron que soportar los ataques de los aguerridos indios turbacos o yurbacos que poblaban las colinas que rodean la bahía.
 Cartagena, al sur del mar Caribe, devino pronto un punto de apoyo vital para el tráfico de galeones entre España,  las colonias americanas y Filipinas, pero especialmente para la joya imperial, el virreinato del Perú. Esto atrajo la codicia de los piratas, mayormente franceses e ingleses, que la atacaron, tomaron, robaron e incendiaron repetidamente.  Tendrían que pasar 50 años hasta que Felipe II diera respuesta a las atribuladas solicitudes de sus súbditos y ordenara la fortificación de la ciudad que, durante doscientos años, se fue rodeando de murallas, fuertes, fosos, baluartes, cañones y morteros hasta hacerse prácticamente inexpugnable.
Hace unos meses, el rey don Juan Carlos inauguró en la plaza de Colón en Madrid un más que merecido monumento a don Blas de Lezo sufragado por colecta popular, pero, como parece que a la memoria de don Blas le persigue la mala suerte, algunos nacionalistas catalanes y el ayuntamiento de Barcelona exigieron que se retirase la estatua porque, a su entender, Blas de Lezo había tenido un protagonismo destacado en el primer asedio a Barcelona y capitaneado su bombardeo en 1713.
 La historiadora Carolina Aguada, comisaria de la exposición que conmemora el tricentenario del militar, argumentó que ese era un juicio erróneo pues de Lezo iniciaba por entonces su carrera y era un oficial de bajo rango durante el primer (y fracasado) sitio, en 1706, y que más tarde sirvió como capitán del Campanella en 1713 en la flota que al mando de Manuel López Pintado asedió por mar Barcelona, el último reducto leal al archiduque Carlos de Austria durante la Guerra de Sucesión.  Por su parte, Ricardo García Cárcel, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona y miembro de la Real Academia de la Historia, consideró que la participación de Blas de Lezo fue casi anecdótica, y no sirviendo a España sino a Felipe V contra los partidarios del archiduque. Me produce un rechazo enorme la interpretación de Guerra de Sucesión en términos de España contra Cataluña. Es falso y maniqueo.
La alcaldesa de Madrid, Ana Botella, se negó a retirar el monumento y calificó la exigencia de manipulación política.

¿Quién era tan controvertido homenajeado y qué pasó en Cartagena de Indias?
Aunque existen algunas discrepancias, lo más aceptado es que Blas de Lezo y Olavarrieta (u Olabarrieta) nació en Pasajes de San Pedro/Pasaia (Guipúzcoa), el 3 de febrero de 1689 y murió en Cartagena de Indias, Nueva Granada, (luego Colombia), el 7 de septiembre de 1741. Fue el cuarto de diez hermanos de una familia de generaciones de marinos. Cursó estudios en Francia y se enroló a los doce años como guardiamarina en la armada francesa.  El rey Luis XIV de Francia apoyaba los derechos sucesorios de  su nieto, el duque de Anjou, más tarde Felipe V, al trono de España, tras la muerte sin descendencia del rey Carlos II de España, que lo había nombrado su sucesor.  El otro pretendiente, el archiduque Carlos de Austria, hijo segundo del emperador Leopoldo I contaba con el apoyo de una coalición encabezada por Inglaterra.
En agosto de 1704 salió la escuadra francesa, con de Lezo como Guardiamarina a bordo del Foudroyant, del puerto de Tolón (Francia).  En Málaga se le unieron algunas galeras españolas.  El 24 de agosto se enfrentó frente a Vélez-Málaga a una escuadra anglo-holandesa de parecidas fuerzas.  El intenso enfrentamiento produjo más de 4.000 bajas y concluyó sin vencedores ni vencidos por la escasez de munición de ambas escuadras.  El jovencísimo de Lezo se batió de forma notable en su bautismo de fuego hasta que una bala de cañón le alcanzó la pierna izquierda, que le fue amputada por debajo de la rodilla. Cuentan las crónicas que la operación se hizo sin anestesia y que el estoico Blas, de solo quince años, no emitió ni un lamento.  En reconocimiento, el propio rey francés le ascendió a Alférez de Bajel.
            La recuperación y posterior adaptación fueron rápidas y, al año siguiente, participó en el socorro a las plazas de Palermo y Peñíscola y en exitosas maniobras en el Mediterráneo que culminaron con la captura de varios navíos ingleses.
            En 1706, el ejército borbónico cercaba por tierra Barcelona mientras que barcos anglo-holandeses apoyaban por mar al archiduque Carlos. A Blas de Lezo, como Alférez de Bajel, con 17 años, se le encargó el mando de una flotilla para burlar el asedio de los barcos anglo-holandeses y abastecer de pertrechos y municiones al ejército sitiador, lo que logró con brillantez.
Ascendido a Teniente de Navío fue destinado a la fortaleza de Santa Catalina de Tolón, donde combatió en la defensa de la fortaleza en 1707 contra las tropas austracistas comandadas por el príncipe Eugenio de Saboya, hasta que la esquirla de una bala de cañón le alcanzó el ojo izquierdo y lo dejó tuerto de por vida.
La juventud y el ímpetu del joven marino le hicieron acortar su convalecencia; su siguiente destino fue el puerto de Rochefort, donde recibió el ascenso a Teniente de Guardacostas en 1707.  De Lezo cumplió exitosas campañas en el Mediterráneo y rindió varias naves enemigas, aunque probablemente su mayor hazaña ocurrió en 1710 o 1711 cuando comandando una fragata (la Valeur quizás) se enfrentó al Stanhope, que le triplicaba en efectivos humanos y materiales. Tras un intenso cañoneo entre ambas naves, de Lezo se encontró en posición de abordaje, ordenó lanzar los garfios y abordó y apresó al navío inglés.  Resultó herido en la acción y fue ascendido a Capitán de Fragata.

En 1712 Blas de Lezo decide dejar la armada francesa; solicita incorporarse a la modesta armada española y es asignado a la escuadra del afamado Almirante don Andrés de Pez (o Pes) y Malzárraga, quien se mostró admirado de las virtudes de de Lezo y procuró su ascenso a Capitán de Navío en 1713.  En 1713-14, al mando del Campanella, participó en el sitio de Barcelona, cercada también por tierra por las tropas borbónicas del duque de Berwick.  El 11 de septiembre de 1714, en una de sus incursiones, muy cerca de la costa, fue alcanzado por un disparo de mosquete en el antebrazo derecho, herida que le afectaría para siempre la movilidad del brazo.  Con solo 25 años quedaba cojo, tuerto y manco pero de Lezo no se dejó vencer por el infortunio y se impuso continuar su brillante carrera.  Por entonces, se le comenzó a conocer por los apodos -no exentos de admiración- de Patapalo y de Mediohombre.
En 1715, capitaneando el Nuestra Señora de Begoña, logró la capitulación de  Mallorca, la última plaza leal al archiduque Carlos, sin un solo tiro, tras el mero desembarco de los 10.000 hombres que componían la flota de Felipe V.
En años posteriores continúa sus exitosas campañas en el Mediterráneo, con numerosas capturas, hasta que en 1720 comanda un navío nuevo, el Lanfranco, dentro de una escuadra hispano-francesa, con la misión de vigilar y proteger las costas del virreinato del Perú de los abundantes ataques de corsarios y piratas, tarea que cumple con tanta eficacia que, tras la separación de las dos escuadras, la española queda bajo su mando y asciende a General de la Armada el 16 de febrero de 1723.
Lamentablemente, como ha ocurrido con demasiada frecuencia en los asuntos españoles, se le regatearon los medios hasta el punto de que tuvieron que ser los propios comerciantes peruanos quienes adelantaran los fondos para construir dos nuevos barcos para reforzar la escuadra. Aun así, de Lezo logró fortalecer su escuadra con tres navíos de guerra que capturó a los ingleses y prosiguió con éxito la defensa de las costas del virreinato del Perú. Se cuenta que los barcos piratas emprendían la huída rehusando el enfrentamiento cuando conocían que era de Lezo su oponente.
En mayo de 1725, el flamante General de la Armada contrajo matrimonio con doña Josefa Pacheco de Bustos, hija de una acomodada familia criolla de Tacna (Perú). con quien tuvo tres hijos. Por esa época se manifestaron sus desavenencias con el nuevo virrey, envidioso de sus éxitos, que llegó a bloquear los sueldos y fondos necesarios para el mantenimiento de la escuadra.  De Lezo, ofendido, reaccionó solicitando el retiro y, en agosto de 1730, retornó a Cádiz donde se le abonó lo adeudado y se le nombró jefe de la escuadra del Mediterráneo. 
En diciembre de 1731, se le encargó el cobro de dos millones de pesos que el banco San Jorge de la República de Génova adeudaba al Reino de España. De Lezo se personó en el puerto de Génova con seis navíos, se situó frente al palacio de los Doria, recibió a los comisionados y les dio un plazo para efectuar la entrega, transcurrido el cual cañonearía la ciudad. Exigió además que se rindieran honores a la enseña real.  Los comisionados se apresuraron a cumplir oportunamente las exigencias del marino.
 A su regreso a Cádiz, el rey concedió a Blas de Lezo, en reconocimiento, un nuevo estandarte para su nave capitana con las armas reales y la orden del Toison de Oro.
La  corona española decidió recuperar la plaza de Orán (Argelia) y el 15 de junio de 1732 zarpó del puerto de Alicante una poderosa expedición, con Blas de Lezo a bordo del Santiago, acompañado por once barcos de guerra, siete galeras y 54 buques de transporte que transportaban unos 30.000 hombres como fuerza de choque al mando de conde de Montemar.  Tras el desembarco de la tropa española en la cala de Mazalquivir protegida  por el cañoneo de los buques, el pirata Bey Hassan, encargado de la defensa de la plaza, dio orden de retirada y logró escapar con su nave capitana. El 2 de julio de 1732 las fuerzas  españolas reconquistaron Orán y la flota regresó a Alicante, pero Bey Hassan logró urdir una alianza con el Bey de Argel y sus aliados para recuperar Orán y atacó la plaza por mar y tierra. Tan pronto como se supo la noticia, Blas de Lezo regresó a Orán con siete naves, rompió el bloqueo marítimo, entró al puerto, puso en fuga a los nueve buques sitiadores y en una arriesgada acción se enfrentó a la nave capitana del Bey de Argel y la incendió.
La escuadra regresó a Cádiz el 2 de septiembre de 1732.  En recompensa, el rey le asciendió a Teniente General de la Armada en junio de 1734 y fue nombrado comandante general del departamento marítimo de Cádiz.
Felipe V lo llamó a la corte en 1735 pero de Lezo solicitó pronto su retorno a la actividad militar pues, según él, tan maltrecho cuerpo no era una buena figura para permanecer entre tanto lujo y su lugar era la cubierta de un buque de guerra.  Conseguido el permiso regresó al Puerto de Santa María en julio de 1736.
Nombrado comandante general del apostadero de Cartagena de Indias salió con su flota el 3 de  febrero de 1737 y llegó a su destino el 11 de marzo.  Cartagena de Indias, ya entonces muy fortificada, era conocida como “la llave del imperio” por su importancia geoestratégica en la ruta de los galeones entre las colonias americanas y la metrópolis.
De Lezo se vería obligado a defenderla y se enfrentaría y derrotaría heroicamente a una fuerza muy superior.  Allí transcurrirían sus días de mayor gloria, pero también conocería la ingratitud, la muerte y… el olvido. 

Inglaterra, la potencia naval más importante de la época, codiciaba el comercio con las colonias españolas del que España mantenía el monopolio. Tras la guerra de Sucesión, España había concedido licencias por 30 años a “navíos de permiso” ingleses de no más de 500 toneladas para que pudieran mercadear con ocasión de las ferias de comercio, pero los abusos eran frecuentes.  En 1731, uno de estos navíos que navegaba por las costas de Florida, el Rebeca, al mando del capitán escocés Robert Jenkins, fue detenido por el guardacostas español la Isabela, capitaneado por Julio León Fandiño y, al ser registrado, se le encontró gran cantidad de mercancías de contrabando. Como escarmiento, el capitán español cortó una oreja a Jenkins y le dijo: Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve. Hay lógicas dudas sobre la veracidad del incidente, pero lo cierto es que, en ocasión de una sesión de la Cámara de los Comunes el 8 de marzo de 1739, Jenkins se presentó con una caja que contenía una oreja en un frasco y narró el incidente anterior.  La cámara lo consideró como una afrenta al rey y, dado que Inglaterra temía que el acuerdo de comercio limitado, próximo a expirar, no se renovara al cumplir los 30 años, la Cámara aprovecho el incidente para aprobar la declaración de guerra contra España el 23 de octubre de 1739 haciéndose eco del grito que ya estaba en la calle: ¡El mar de las Indias, libre para Inglaterra o la guerra!
Parece ser que por entonces los servicios de espionaje españoles funcionaban bien y pronto se supo que Inglaterra se disponía a armar una poderosísima flota con intención de tomar posesiones españolas en el mar Caribe.  En consecuencia, Blas de Lezo comienza a evaluar su capacidad defensiva y, como primera medida, coloca dos navíos para bloquear el paso a la rada de Bocachica y alerta los baluartes defensivos.
En 1739, Inglaterra nombra comandante de las fuerzas británicas en las Indias Occidentales al almirante Edward Vernon, quien sitia la plaza española de Portobelo (en la actual Panamá) y, a pesar de que su gobernador, Martínez de la Vega Retez, capitula sin resistencia, Vernon destruye los castillos y saquea la plaza. La noticia es recibida con júbilo en Inglaterra, se hacen medallas conmemorativas y Vernon pasa a ser considerado un héroe nacional.  El 27 de noviembre de 1739, Vernon escribe a Blas de Lezo para informarle que los prisioneros de Portobelo reciben buen trato aunque no lo merezcan. A su arrogancia, de Lezo responde así: Si hubiera estado yo en Portobelo, no hubiera su Merced insultado impunemente las plazas del Rey mi Señor, porque el ánimo que faltó a los de Portobelo me hubiera sobrado para contener su cobardía.
En los primeros meses de 1740 se producen dos visitas de reconocimiento a Cartagena por parte de flotas inglesas que llegan a cañonear la ciudad pero que se retiran a Jamaica ante la contundente respuesta española. En vista de ello, se persona en Cartagena el virrey de Nueva Granada, general Sebastián de Eslava, de reconocido prestigio militar para asumir el mando conjunto de las operaciones.
            Finalmente, los temores de hacen realidad y el día 13 de marzo de 1741 se presenta ante la ciudad y cerca la bahía la flota más poderosa jamás vista en la historia hasta la que se congregó para el desembarco en Normandía a finales de la Segunda Guerra Mundial. La comandaba el propio almirante Vernon. La desproporción de fuerzas era tan exagerada que merece detallarse a título de comparación:


                           Fuerzas inglesas:
- 8 navíos de 3 puentes y entre 80 y 90 cañones.
- 28 navíos de 2 puentes y entre 50 y 70 cañones.
- 12 fragatas de 40 cañones.
- 2 bombardas.
- 130 barcos de transporte.


- 6.237 soldados ingleses
- 2.673 soldados norteamericanos.
- 1.000 macheteros jamaicanos.
- 12.600 marineros
- 2.620 cañones navales.
- 1.380 cañones de tierra.


                                 Fuerzas españolas:
- 6 navíos de línea.
- 2.230 soldados españoles.
- 600 indios flecheros del interior.
- 900 marineros.


- 80 artilleros.
- 360 cañones navales.
- 320 cañones de los fuertes.
- 310 cañones del recinto amurallado.


Los seis navíos eran: el Galicia (con 70 cañones, que era la nave capitana de Blas de Lezo), el  San Felipe (64 cañones), el San Carlos (70), el África (70), el Dragón (64) y el Conquistador (64).
Comenzaron días interminables de incesante cañoneo desde el mar sobre los fuertes que defendían la ciudad.  De Lezo tuvo que recurrir a toda su experiencia bélica, a su ingenio y a su astucia.
La entrada por mar a Cartagena de Indias sólo era posible a través de dos estrechos accesos, Bocachica (defendido por los fuertes de San Luis y San José) y Bocagrande (defendido por los baluartes de San Sebastián, Santa Cruz, Manzanillo, Santiago y San Felipe).  De Lezo  puso en estado de alerta a los fuertes, obstruyó ambos accesos con sus buques y bolas encadenadas y dio órdenes de hundirlos si fuera necesario para evitar así que  penetrasen  las naves inglesas. Pero la superioridad de las fuerzas inglesas era manifiesta; los sitiadores lograron desembarcar y el 5 de abril asaltaron el fuerte San Luis e incendiaron y hundieron los buques San Carlos, África y San Felipe cuando sus defensores se retiraban en desorden. De Lezo ordenó barrenar y hundir el Galicia para obstruir la entrada a Bocachica pero los ingleses se anticiparon y lo tomaron antes de incendiarse, fortaleciendo aún más su posición y dejando expedita la entrada a la bahía. El virrey Eslava, por su parte, ordenó hundir los restantes navíos, el Dragón y el Conquistador, para obstaculizar el acceso a la bahía interior por Bocagrande, aunque con escaso éxito pues los ingleses consiguieron remolcar al Conquistador y desembarazar el paso. La situación se tornó desesperada para los sitiados.  Además, la noche anterior, del 3 al 4 de abril, habían sido heridos el virrey Eslava en una pierna y Blas de Lezo en una mano y en el muslo.
A mediados de abril, el almirante Vernon accedió a la bahía con las velas de su nave capitana desplegadas en señal de triunfo y, dando la plaza por tomada, envió una fragata a Londres para informar a la corte.  La noticia fue recibida con tal entusiasmo que hasta el Parlamento aprobó la emisión de monedas conmemorativas de la hazaña en las que se mostraba a Blas de Lezo arrodillado ante Vernon para entregarle su espada en señal de rendición y la leyenda: el orgullo español humillado por Vernon.
El curso de los acontecimientos generó fricciones entre el virrey Eslava y Blas de Lezo que llevaron a de Lezo a pedir su relevo, petición que se cumplió aunque tuvo que ser repuesto en el cargo de comandante general del apostadero con prontitud ante la gravedad de la situación. A los ingleses solo les faltaba tomar el castillo de San Felipe para hacerse con la plaza y a eso se dispusieron.
Entre otras medidas defensivas, de Lezo mandó ahondar dos metros la cava que rodeaba el bastión, construir una trinchera zigzagueante que conectara con ella y ordenó volar el puente que lo unía a la ciudad. Además, reforzó la guarnición del castillo de 650 hombres con 250 infantes de Marina que desplazó del recinto amurallado a riesgo de mermar su defensa.
Los preparativos para el asalto a San Felipe comenzaron a las 2 de la madrugada del 20 de abril de 1741.  La estrategia inglesa era atacar el castillo con dos columnas con un total de 4.000 granaderos, pero subiendo las escarpadas laderas se encontraron con el fuego inesperado de los 650 soldados posicionados en la trinchera, apoyados por el fuego de los 300 del castillo y cuando recurrieron a asaltar las murallas con las escalas que llevaban se encontraron que estas eran demasiado cortas por los dos metros que había mandado excavar de Lezo.
Los sitiados causaron una masacre entre los asaltantes, atrapados al pie de las murallas.  Ambos bandos combatieron ferozmente bajo un sol tropical inclemente. Los soldados ingleses lograron sobrepasar la trinchera y la lucha continuó a bayoneta calada al pie del castillo ya sin el apoyo de la artillería inglesa porque las tropas estaban entremezcladas. Al borde del agotamiento, De Lezo recurrió a los 250 infantes de Marina que hasta entonces se habían encargado de los cañones del castillo; ante el empuje de estas tropas frescas, los agotados ingleses se desmoralizaron, retrocedieron y finalmente se dieron a la fuga ladera abajo perseguidos por los soldados españoles. En ese embate, los ingleses dejaron en el campo 450 muertos y 100 heridos graves.  Así lo cuenta una crónica:… rechazados al fusil p.r más de una hora y después de salido el Sol en un fuego continuo la ning.a esperanza de su yntento (…) se pusieron en bergonzosa fuga al verse fatigados de los Ntros los q.e cansados de escopetearles se avanzaron a bayoneta calada siguiéndolos hasta quasi su campo…  
En su fuga se dejaron, al pie del castillo de San Felipe, buena parte de su arrogancia y la humillación de haber acuñado, prematuramente, las medallas conmemorativas de una victoria en las Indias que nunca aconteció.
Quizá por eso, hubo varios intentos más por parte de los ingleses para hacerse con la ciudad bombardeándola desde tierra y mar pero nunca volvieron a sitiar el castillo de San Felipe.
Finalmente, el 20 de mayo de  1971, la desmoralizada flota inglesa, muy mermada por las bajas y las enfermedades, se retiró de Cartagena rumbo a Jamaica no sin antes hundir cinco navíos por falta de tripulación.
Se dice que al partir, un humillado Vernon maldijo a de Lezo gritando: God damn you, Lezo! (¡Que Dios te maldiga, Lezo!), aunque antes le había enviado un amenazante escrito: Hemos decidido retirarnos para volver pronto a esta plaza después de reforzarnos en Jamaica.  Al que de Lezo dio cumplida réplica: Para venir a Cartagena es necesario que el rey de Inglaterra construya otra escuadra, porque ésta sólo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres, lo cual les hubiera sido mejor que emprender una conquista que no pueden conseguir.
Las pérdidas humanas y materiales causadas durante la que en Inglaterra se conoce La guerra de la oreja de Jenkins fueron muy altas:
- Por parte inglesa: 3.500 muertos en combate, 2.500 muertos por enfermedades, 7.500 heridos en combate, 6 navíos de tres puentes, 13 navíos de dos puentes, 4 fragatas, 27 transportes y 1.500 cañones capturados o destruidos por los españoles.
- Por parte española: 800 soldados, 1.200 heridos, 6 navíos de dos puentes, 5 fuertes, 3 baterías y 395 cañones.
A ninguno de los dos principales protagonistas les acompañó la fortuna tras esta confrontación.
Vernon ocultó a su regreso que la victoria tan imprudentemente anunciada se había transformado en derrota, pero la verdad se supo pronto y fue relevado de su cargo y, finalmente, expulsado de la armada inglesa en 1746, aunque el orgullo inglés hizo que fuera enterrado en la abadía de Westminster.  
De Lezo cayó en desgracia ante el rey Felipe V, quien, perdido en la sombras de su demencia senil, no apoyó a tan fiel servidor contra los informes críticos del virrey Eslava.  Abrumado y empobrecido, don Blas de Lezo falleció tres meses y medio más tarde, el 7 de septiembre de 1741, a causa de la peste -según algunos historiadores- o de las heridas sufridas durante el sitio.  Fue enterrado sin honores en una fosa común aunque mucho más tarde se le concedió a título póstumo el marquesado de Ovieco. Tampoco se cumplió con la solicitud expresada en su testamento de que se colocara una placa al pie del castillo de San Felipe que dijera: Aquí España derrotó a Inglaterra y sus colonias.

Hubieron de pasar 268 años para que su deseo se cumpliera el 5 de noviembre de 2009.  La placa dice:
HOMENAJE AL ALMIRANTE D. BLAS DE LEZO Y OLAVARRIETA
Esta placa se colocó para homenajear al invicto almirante que con su ingenio, valor y tenacidad dirigió la defensa de Cartagena de Indias. Derrotó aquí, frente a estas mismas murallas, a una armada británica de 186 barcos y 23.600 hombres, más 4.000 reclutas de Virginia. Armada aún más grande que la Invencible Española que los británicos habían enviado al mando del Almirante Vernon para conquistar la ciudad llave y así imponer el idioma inglés en toda la América entonces española. Cumplimos hoy juntos, españoles y colombianos, con la última voluntad del Almirante, que quiso que se colocara una placa en las murallas de Cartagena de Indias que dijera:
AQUÍ ESPAÑA DERROTÓ A INGLATERRA Y SUS COLONIAS
CARTAGENA DE INDIAS, MARZO DE 1741

Colofón: hace unos días he leído que los ministerios de Asuntos Exteriores de España y de Colombia colaborarán para tratar de encontrar los restos del héroe de Cartagena, rendirles honores y darles sepultura digna.  Existe información contrastada de que podrían estar en el lugar donde estuvo una capilla en que se inhumaron bastantes militares de esa contienda. Que así sea.

*  *  *

Nota: Los interesados pueden encontrar una información muy amplia y amena sobre el sitio de Cartagena de Indias en www.elguaridadegoyix.com/blas-de-lezo


Francisco Acebes del Río

miércoles, 12 de agosto de 2015

Un saludo a los Veteranos de Montaña

Desde la Oficina de Internet del Ejército de Tierra y con motivo del 75 Aniversario de la creación del empleo del Cabo 1º quieren recoger en el Blog Oficial del Ejército las vivencias de todos aquellos que han desempeñado su labor en ese empleo.

Éste es el enlace donde se pueden dejar los comentarios sobre las historias y momentos vividos como cabos primeros:

domingo, 12 de julio de 2015

Elogio al Cabo 1º

sábado, 6 de junio de 2015

Día de las Fuerzas Armadas 2015

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sábado, 30 de mayo de 2015

¡ Feliz día de San Fernando !

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Marcha Solemne dedicada a San Fernando Rey de Castilla y León, Patrón de la Ciudad de Sevilla y del Arma de Ingenieros del Ejército.- Autor del vídeo: marquesdebalconalto.

martes, 26 de mayo de 2015

Carta de un soldado "dolido con los políticos"


Estimados señores políticos:

Soy un soldado español que todos los años desfila, si no con mi presencia, si con mi corazón, en esos días de nuestra Fiesta Nacional y de las Fuerzas Armadas. Este año como no podía ser menos y a pesar de los recortes (desfilar con el corazón es gratis), también  desfilaré por el Paseo de la Castellana, feliz por estar arropado por mis conciudadanos, pero ya me ha pasado que al llegar a la tribuna de Autoridades y volver mi vista a la derecha siempre he visto apenado, muchos huecos entre los Presidentes Autonómicos, Diputados, Senadores, Alcaldes, etc., sin distinción de Partidos Políticos..., y no solo apenado, señores, si no también ofendido, y me imagino que querrán saber el porqué.

Pues porque son ustedes los que  llaman rápidamente al Ejército y a muchos de sus componentes cuando arde el monte y no hay medios o formas de apagar el incendio; cuando una riada causa estragos enormes,  o cualquier otra desgracia en la que sea necesaria la presencia militar y sus conocimientos y medios.

Porque tambien son ustedes los que con el solo gesto de pulsar un botón en su cómodo sillón del Parlamento deciden que vaya junto a mis compañeros, a jugarme la vida en Afganistán, Kosowo o el Líbano...y algunas veces hasta la pierda.


                                                    
Porque son ustedes los que esperan que,  en caso de necesidad (ojalá no la haya nunca), yo esté preparado para darlo todo en defensa de mi Patria y de mis conciudadanos, incluso la vida.

¿Les parecen a ustedes suficientes motivos?. Algunos de ustedes han alegado problemas de agenda para poder justificar sus injustificadas ausencias, otros que ésta no era su Fiesta, o algun intento de justificacion baladí...., pero cuando ustedes me llaman yo no miro mi agenda, ni si para mi es fiesta o no..., simplemente voy.

Tambien ustedes me piden a mi la vida si fuese necesario, a cambio de un sueldo irrisorio para lo que se espera de mi, y yo en cambio solo les pido una hora de su tiempo al año para que demuestren respeto y reconocimiento por mi labor, la de mis compañeros y el Ejército en sí.
Es una pena que ustedes, que dicen representar al pueblo, no estén a la altura de este pueblo que sí sabe reconocer y agradecer nuestros  esfuerzos, pero estén tranquilos, que, cuando por desgracia me llamen para solucionar cualquier estrago, o para que vaya a un país extranjero a ponerme delante de balas que no son mías, allí estaré, no por ustedes, si no por mis conciudadanos y mi Patria.

Se han celebrado en veces anteriores nuestras Fiestas, tanto la Nacional como el Dia de las Fuerzas Armadas y muchos no se han dignado estar ahí, espero que la próxima a celebrar el dia 6 de Junio sí lo hagan, y demuestren al menos algo de interés por el pueblo que os ha votado y al que debéis dignamente representar y atender.
Por cierto, se ha recortado un 65% el gasto del desfile de la Fiesta Nacional, y el de las FAS.,  en atención y a la necesidad,  de la grave situación económica que atravesamos, así que aplíquense ustedes el cuento con vuestros sueldos y demás emolumentos.....

Recibid mi saludos,

J.A.D.

Enviado por M. Pulido

lunes, 27 de abril de 2015

Otra versión sobre “La Fuga de las Transmisiones”

martes, 14 de abril de 2015

Digno de publicarse en todos los lugares

Por José Ignacio Viñas Lacasa



El sargento primero de la Armada Carlos Trujillo los tiene como los tigres: redondos y pegados al culo, pero no ha merecido más que unas escasas líneas en edición en papel de ABC y nada, absolutamente nada, en los otros dos grandes periódicos nacionales.
Esta "máquina de matar niños" ( SEGÚN DICEN LOS PACIFISTAS) se lanzó en la noche del domingo a las frías aguas del mar de Alborán atado a un cable guía para intentar alcanzar una patera encallada en una rompiente de las inmediaciones de la Isla de Alborán, en la que viajaban 33 inmigrantes, en su mayoría mujeres y niños, y un bebé aún con el cordón umbilical.
Posiblemente, le debe la vida. Pero en España, sólo un cable de Europa Press, cuenta su hazaña.
Sostiene el sargento primero Carlos Trujillo que "todo fue de forma improvisada" (me lo creo, esto es España), que tuvo que permanecer más de dos horas en el agua para rescatar, "uno a uno" a los 33 seres humanos que estaban a punto de naufragar.
Sostiene también el sargento Trujillo que pudo hacerlo gracias a los 11 hombres del destacamento de la isla de Alborán, que la patera encalló "y la embarcación de Salvamento Marítimo no podía acceder".
"Tuvimos que decidir una opción y ante la desesperación de esas personas gritando, no pudimos más que improvisar, con riesgo para mis hombres, que acabaron magullados y con hipotermia".
Sostiene por otra parte Carlos Trujillo que no disponen de medios para efectuar un rescate como el que él y sus hombres afrontaron esa madrugada, pero que "me até a un cabo, les dije a mis compañeros que tirasen bien fuerte y hasta que dio".
Durante más de dos horas, fue sacando de la barcaza a todos sus ocupantes. "Mis compañeros iban tirando de la cuerda y les íbamos sacando uno a uno". Dieron prioridad a los niños, y el primero en cruzar el mar en brazos del sargento fue el bebé "nacido durante la travesía, con el cordón umbilical aún caliente. La madre no se podía ni mover".
Sostiene Carlos que ahora comprende que fue una temeridad, "porque no hay equipo ni hay nada" (lo que sobraba era corazón, coraje y cojones: la definición de un soldado español), pero no había más alternativa: "Estaban en plena desesperación, asustados, con hipotermia, y con esa señora que estaba recién parida...".
También reconoce que la imagen de aquellas 33 personas varadas en el mar aún tiene "conmocionados" a los once hombres que componen el Destacamento de la Isla de Alborán, entre el oficial, el suboficial, el cabo, los marineros y los infantes, aunque pesa más la "satisfacción plena" que han sentido al conocer que 24 horas después, se encontraban todos en buen estado.
Todo esto sostiene Carlos Trujillo, sargento primero de la Armada, otro héroe de los Ejércitos de España (perdonen los pacifistas, quise decir otro torpe asesino a sueldo para matar a inocentes a cambio de dinero) que apenas ha tenido un hueco en la prensa del día después de su gesta y la de sus compañeros. Ni en el papel ni en Internet.
España ya puede seguir las evoluciones de Belén Esteban, los perros verdes, los mapaches invasores, las comparecencias de los ministros en estado de alarma y los Rodríguez Menéndez en la noria. Los españoles pueden estar atentos a eso porque hay héroes como Carlos cuidando de nosotros en el más absoluto anonimato. ¡Qué país!
PUES DE ESTO SE VAN A ENTERAR. ¡Con dos cojones mi Sargento Primero!.

lunes, 13 de abril de 2015

III JORNADA DE PUERTAS ABIERTAS


El pasado jueves, 9 de Abril, se celebró en el acuartelamiento Zarco del Valle la III Jornada de Puertas Abiertas, a la que asistió numeroso público, entre los que había varios colegios, aunque el día estuvo bastante deslucido por la lluvia. Más información aquí:

jueves, 26 de febrero de 2015

Homenaje a un héroe de Sidi Ifni

Regimiento de Transmisiones 22
Escudo tomado de la web zapadores.es
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Acto de homenaje a los que dieron su vida por España, y en especial al soldado Joaquín Fandos, que cayó heroicamente en la guerra de Ifni en el año 1957.

martes, 3 de febrero de 2015

TIRANDO DE HEMEROTECA (XII)

Lápida que estaba situada en el vestíbulo del Acuartelamiento Zarco del Valle en memoria de los caídos del Regimiento de Telégrafos en la guerra de Marruecos. Fue colocada el 2 de noviembre de 1926. Diseño del capitán Montaud.

Concurso de telegrafía óptica y eléctrica en el Regimiento de Telégrafos.




Homenaje al Batallón de Telégrafos de Cuba en el Acuartelamiento "Zarco del Valle"

Ejercicio de Transmisiones en el monte de El Pardo



Fuentes: “Memorial de Ingenieros del Ejército” Nº 6 (Junio 1929)
               “Memorial de Ingenieros del Ejército” Nº 12 (Diciembre 1928)