lunes, 28 de abril de 2008

Cía. Expedicionaria de Transmisiones IV

Esta Cía Expedicionaria fue la que relevó a la Cía. Expedicionaria de El Pardo en el Sahara a finales de Junio de 1.958, cuando esta última regresó a la Península el 29 de Junio de 1.958
El 20 del mismo mes 150 soldados de Transmisiones de la IV Región Militar (Cataluña), al mando del capitán D. Carlos Fabiani de Robles, embarcaron en el puerto de Barcelona con su material y vehículos a bordo del carguero “Monte de la Esperanza” con destino a El Aaiún, adonde llegaron el 24 de Junio estableciéndose en Cabeza de Playa. Aparte del material que ya traían desde Barcelona, recibió de la de El Pardo 12 camiones y veinte jeeps con sus correspondientes equipos de radio: 17 emisoras WS/19 y 6 WS/ 193. (1)
Durante su estancia en el Sahara pusieron en marcha los servicios:
**1º.- Enlace desde El Aaiún a la Península y Canarias, en fonía y grafía.
**2º.- Enlace entre los distintos destacamentos de El Aaiún.
**3º.- Enlace con la Aviación, quedando así aseguradas todas las comunicaciones.

Cinco soldados de esta Cía, perdieron la vida en una de sus misiones. Durante una expedición, el día 4 de Septiembre de 1958, un jeep que formaba parte del convoy mandado por el teniente D. Francisco López de Sepúlveda pisó una mina marroquí muriendo sus ocupantes:
D.Carlos Godó Martín, conductor; D.Jaime Barrufet Rodamillán; D.Benito Caballero Murillo; D.Santiago Gambra Soto y D.Manuel Iglesias González, todos ellos del Arma de Ingenieros.
Vehículos de la compañía
Foto Asociación Cía: Expedicionaria de Transmisiones 4
(Web “La Mili en el Sahara”)



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(Extracto del artículo publicado por La Prensa/El Día de Tenerife el 26 de Abril de 2.008, firmado por D. Antonio Herrero Andréu)
Otra fuente: (1) “Historia Militar de las Transmisiones” (Coronel Laorden)
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El círculo señala al conductor Godó Martín
Foto: La Prensa/El Día de Tenerife

sábado, 26 de abril de 2008

La fuga de las Transmisiones (IV)


Extracto del artículo escrito por el historiador D. Joaquín Arrarás (Editora Nacional) que cuenta los sucesos acaecidos al camión que quedó rezagado del convoy del Regimiento de Transmisiones, mandado por el capitán Salas.




Capitán Salas y Teniente Bárcena


LA ODISEA DEL CAPITÁN SALAS

“…Una sola nube empaña, en estos momentos, la alegría de los que tan felizmente han arribado al que consideran puerto de salvación. Falta el camión del capitán Salas.
Hasta ahora su ausencia no inquietó mucho, porque esperaban encontrarle en La Granja o en Segovia, ya que podía habérseles adelantado por caminos de travesía. Pero, al no hallarle, tienen los jefes el presentimiento de una desgracia. No es infundado su pesimismo.
El teniente Sánchez Aguiló, que había abandonado la columna para establecer contacto con los rezagados, los encontró detenidos a medio camino entre el cuartel y El Goloso por habérseles "calado" el motor. Por cierto que en su trayecto fue tiroteado el teniente por los carabineros, que al pasar el convoy habían exteriorizado su desagrado. Desde que se puso en camino, la mala suerte perseguía al camión. Sufrió una primera avería a los pocos metros, y apenas reparada, su conductor, que era un soldado de cuota con muy poca práctica en el volante, subió por una empinada cuesta, a cuya mitad se le quemó el embrague. Esta avería era irreparable en el camino y la situación se hizo peligrosa, porque del pueblo llegaban los gritos del gentío que, sin duda, invadía el cuartel.
El capitán Salas ordenó echar pié a tierra y despeglarse en guerrilla para repeler un posible ataque. En esta situación los encontró Sánchez Aguiló, que llegaba en su motocicleta.Dió cuenta de cómo le habían tiroteado los carabineros y pidió un voluntario para llegar hasta el cuartel y recoger otro camión que sustituyese al inutilizado. El intento era temerario y, sin embargo, se realizó. Le acompañó el soldado Tomás Maestro, que era buen mecánico. Cuando llegaron al cuartel éste se hallaba rodeado por las turbas, que se disponían a invadirlo. La aparición de Sánchez Aguiló y del soldado que le acompañaba produjo una gran confusión, que se tradujo pronto en un amenazador vocerío. En la confusión, el teniente se vió separado de su acompañante. Montó en su motocicleta, viró en redondo y desapareció a todo gas para volver con esta desconsoladora información al lado del capitán. Aún no había acabado su relato cuando apareció el soldado Maestro al volante de un camión "Morris" que había conseguido sacar del cuartel abriéndse paso pistola en mano. Parecía un sueño. Venía perseguido de cerca por los revolucionarios. Sólo hubo tiempo para embarcar apresuradamente la tropa y las municiones, dejando abandonado, con el camión averiado, el material de radiotelegrafía.


LA SECCIÓN DEL CAPITÁN SALAS AVANZA EN CONTINUADO COMBATE
Se partió de nuevo, yendo delante Sández Aguiló. Al avistar las tapias del monte, en las proximidades de El Goloso, aparecieron, cerrando el paso, los carabineros de los incidentes anteriores, a los que acompañaba un buen número de milicianos. La patrulla desplegó en guerrilla e hizo fuego; los cinco carabineros cayeron muertos y sus acompañantes se dieron a la fuga, en unión de un cabo y dos soldados de Transmisiones que aprovecharon la refriega para desertar.
Se habían adelantado pocos metros en dirección a Colmenar, cuando se cruzó un coche con cinco milicianos con fusiles. Dióseles el alto y se les desarmó, incautándose Salas del automóvil. Pocos minutos después sucedió un encuentro semejante. En otro coche venían cuatro hombres con fusiles y tremolando banderas rojas: se les dió el alto también y se procedía a desarmarlos, cuando la presencia de un camión con más de veinticinco milicianos obligó a suspender la operación. Los cuatro del primer coche gritaron a los que llegaban:
- ¡Disparad, disparad, que son enemigos! ...
Antes de que pudieran hacerlo rompieron el fuego los soldados de Transmisiones y los cuatro milicianos rodaron muertos. Los del camión, cogidos por sorpresa, no opusieron resistencia, y tras quitarles los fusiles, se inutilizó el vehículo, pinchándole los neumáticos y arrancándole el carburador. En todas estas operaciones se perdió un tiempo precioso, y lo que era peor, se ponía sobre aviso y en armas a los pueblos de la comarca, pues los fugitivos de los camiones daban la noticia del paso de la tropa por la carretera. Bien se comprobó la certeza de este peligro al aproximarse a Colmenar Viejo. Las entradas del pueblo estaban cerradas con postes del teléfono atravesados y con carretas de labranza. Por encima asomaban las escopetas de los vecinos dispuestos al combate.
El pequeño convoy avanzaba en el siguiente orden: en cabeza, el teniente Sánchez Aguiló con un soldado en el sidecar. Después, el teniente Bárcena y varios soldados en uno de los coches de turismo apresados, y, por último, el camión "Morris", con el capitán Salas y el resto de la fuerza.
Pronto se rompió el fuego, muy nutrido y sostenido bravamente. la lucha se hubiera prolongado si los tenientes Sánchez Aguiló y Bárcena no envuelven la barricada principal, entrando en la plaza por algunas calles laterales, tras dar muerte a los que intentaban cerrarles el paso. Entonces, los defensores del parapeto huyeron y el camión pudo avanzar. Pero desde muchas de las casas paqueaban con pistolas y escopetas y aquél hubo de cruzar bajo una lluvia de proyectiles, uno de los cuales hirió gravemente en el pecho al conductor Tomás Maestro, que en un supremo esfuerzo de voluntad continuó al volante hasta que llegó a una zona fuera de peligro.
Seguían ahora por la carretera de Torrelodones y Villalba, como había hecho horas antes el grueso de la columna, mas a los cinco kilómetros, como el camino se bifurcara, se vaciló en la elección, y al final adentró la menguada tropa por el que lleva a la presa de Santillana, en la cual moría. Se hizo alto para esperar al coche de turismo y a la motocicleta, que habían quedado rezagados. En esto se acercó un sargento de Carabineros que, con intención maligna, dió informes falsos sobre la marcha del Regimiento, que decía haber visto pasar camino de la Sierra, y lo mismo sobre el estado de la carretera, pues afirmaba que había un puente volado, que impediría el paso de los coches. En vista de ello, el capitán Salas decidió abandonar el camión y marchar a pié por la Sierra para ganar, a monte traviesa, Navacerrada.
Cuando llegaron Aguiló y Bárcena con sus soldados se emprendió la ascensión del monte conocido por Cabeza de Illescas, que domina la presa y el pueblo de Manzanares el Real. Las municiones se habían cargado en un borriquillo que se adquirió en doscientas pesetas a un transeunte que sobre él pasaba. También se compró pescado cogido en la presa, gallinas, huevos y otros comestibles. Al conductor del camión, Tomás Maestro, que agonizaba, se le dejó en una casa de Manzanares encomendado a sus vecinos.
Media hora llevaría la tropa subiendo cuando surgió en el cielo una avioneta que describió varios círculos como para localizar a la pequeña columna y se alejó inmediatamente de regreso a Madrid. Serían entonces las diez de la mañana. En la cumbre de Cabeza de Illescas se alzaba la casilla abandonada de un guarda, cuya puerta tuvieron que forzar los soldados. Dentro había dos colchonetas, unas sillas y utensilios de cocina, así como algunos comestibles. Se decidió comer allí, montándose un servicio de vigilancia con centinelas en unas lomas intermedias. Durante la frugal comida los jefes cambiaron impresiones sobre la situación. Llegaba el eco de unos cañonazos lejanos. El sargento Cipriano Fernández comentó alegremente:
- ¡Deben ser nuestros cañones! ...
El teniente Arbex opinaba que se debía continuar la marcha cuando fuera de noche, mientras que Sánchez Aguiló sostenía que debían quedarse allí, ya que la posición era muy fuerte y podrían resistir hasta que avanzasen por la Sierra las columnas que esperaban. Por su parte, Bárcena era partidario de bajar al pueblo de Manzanares el Real, proclamar el estado de guerra y hacerse fuertes en el histórico castillo de los marqueses de Santillana, el mismo en que don Íñigo López de Mendoza compuso sus deliciosas "Serranillas". El capitán optó por esperar la noche para reanudar el camino hasta enlazar con otras fuerzas...·"

Monte de Cabeza de Illescas en la actualidad

LAS FUERZAS DE SALAS QUEDAN CERCADAS


"...Ya había comido el primer turno y se iban a relevar los centinelas, cuando se oyó la voz de uno de éstos que clamaba angustiado:
- ¡Mi capitán, mi capitán! ¡Los rojos vienen! ¡Que me matan!
Sonó a continuacón una descarga y no se oyó más. Se corrió a las armas. Desde la casilla se veía abajo, en el pueblo, un hormiguero de coches, y por las lomas, guerrillas que, pegándose al suelo, subían por todos lados. Estaban cercados. Los defensores se habían dividido en tres grupos a las órdenes de los tenientes. El capitán se situó en la casilla. Era la 1,30 de la tarde.
"Me correspondió - dijo años más tarde el soldado Alonso Cardona - con el teniente Bárcena, que defendía el frente norte de la casilla. Un poco más al Noroeste se encontraba el sargento Fernández, que pertenecía al grupo de Sánchez Aguiló. Por delante estaban el teniente Arbex con el tercer destacamento. Centenares, mejor, miles de hombres, trepaban por las estribaciones de la montaña y sus jefes nos miraban con los prismáticos vigilando todos nuestros movimientos. Los picos de la parte Norte y Noroeste tuvieron que ser abandonados. En la defensa del primero cayó muerto un soldado, y de los defensores del segundo desertaron tres y un cabo. A los pocos momentos de roto el fuego fue herido de un balazo en la clavícula izquierda Sánchez Aguiló, que se negó a retirarse. Un segundo balazo le hiere, esta vez mortalmente, porque el proyectil le perforó el estómago. Hallándose en esta situación, y viéndose perdido, sacó serenamente de su cartera tres billetes de mil pesetas, que correspondían a los fondos de su Compañía, y los destruyó, quemándolos con su encendedor. Después se aplicó la pistola a la sien y abrevió su agonía."
Los atacantes pagan el triunfo con su sangre. En su mayor parte procedían de las milicias de Chamartín de la Rosa y de Tetuán de las Victorias, que en la mañana de este día prestaban protección en la carretera de Francia, entre Cuatro Vientos y Fuencarral. Allí les llegó la noticia de los sucesos de El Pardo y, temiendo que los sublevados se dirigiesen desde Colmenar a Madrid, tomaron posiciones en las proximidades de aquel pueblo.
Se les unió el Batallón "Octubre", de las milicias socialistas unificadas, que mandaba el capitán retirado de Aviación Arturo González Gil. Tan pronto como se supo el accidentado paso por Colmenar del destacamento del capitán Salas, y por creerse, sin duda, que delante de él iba todo el Regimiento, estas fuerzas milicianas tomaron, en camiones, el camino de Torrelodones y allí se reforzaron con el 5º Grupo de Asalto de Madrid y algunos números de la Guardia Civil, que había conducido personalmente el comandante Ricardo Burillo. Desde Torrelodones a Manzanares el Real la columna se engrosó con milicianos de San Sebastian de los Reyes, Colmenar Viejo, Miraflores y los del propio Manzanares y constituía ya una fuerza de dos o tres mil hombres.


FINAL HEROICO DE LA RESISTENCIA
La situación de los acosados defensores de Cabeza de Illescas se hacía por momentos desesperada. Como se les acababan las municiones, Salas dió orden de que los más próximos a la casilla se metieran en ella, lo que hicieron algunos, quedándose fuera, parapetado entre las peñas, un pequeño grupo con el sargento Fernández, y otro que mandaba el teniente Bárcena. El enemigo llegó, al fin, a las puertas de la casilla, y en auxilio de los que la defendían acudió Bárcena, que, disparando desde una de las ventanas, recibió una herida de gravedad. En el interior del rústico recinto se hallaban en aquellos momentos, además de este oficial herido y el capitán Salas, el teniente Arbex, dos soldados y el falangista López de Merlo. Arbex cae herido también. Se acercaba la tragedia final. Los dos pequeños grupos que se habían quedado entre las peñas eran envueltos y tenían que entregarse.
"Mientras tanto - dice Alonso Cardona - éramos conducidos manos en alto hacia la parte donde se quería que fuésemos asesinados. Vi perfectamente, cuando era conducido en esta forma, cómo salían de la casilla Merlo, el capitán Salas y otro soldado más y se les acribillaba a balazos en nuestra presencia. Pocos minutos más tarde oímos dentro de la casilla fuertes descargas sobre los camaradas que todavía permanecían con vida. Entre los rematados de ese modo se encontraban los tenientes Bárcena y Arbex".
Diferentes veces se trató de fusilar a los prisioneros, pero los milicianos no se ponían de acuerdo, porque unos querían que la ejecución fuese en la presa de Santillana y otros en Colmenar, para vengar a los muertos de este pueblo. Zanjó la diferencia el italiano De Rosa, que optó por Colmenar.
Cardona y sus compañeros de infortunio tuvieron que cargar con los milicianos muertos y bajarlos al pueblo, entre insultos y terribles amenazas. Al llegar a la presa Cardona pidió agua, y una miliciana le dió una bofetada como respuesta. Se les alineó contra los muros de la obra hidráulica, y ya iban a matarles cuando, adelantándose un miliciano que en el combate había perdido a su hermano, empezó a furibundos culatazos con ellos. Uno de los terribles golpes abrió la cabeza a un corneta que figuraba entre los prisioneros y que cayó desvanecido y bañado en sangre. Todos los demás se tiraron al suelo, circunstancia que les salvó, porque creyéndoseles heridos o muertos, pues todos estaban ensangrentados, se les cargó en un camión, que tomó el camino de Colmenar.
Aquí redobló el peligro, porque el vecindario, reunido en la plaza, pedía enfurecido sus cabezas. Les salvó esta vez un miliciano que, de pié en el camión, gritaba al gentío:
- "¡Camaradas! Estos soldados que llevamos están gravemente heridos y son inocentes. Han sido arrastrados a la lucha contra su voluntad. Los culpables, peces gordos, como los del cuartel de la Montaña, ya han sido fusilados ..."
Como se dudase de lo que decía el miliciano, éste añadió: "¡Asomaos y vereis como están casi muertos!" Así lo hicieron algunos, que golpearon los cuerpos yacentes y ensangrentados con los cañones de los fusiles. Con grandes trabajos la camioneta siguió hacia Madrid, y en la Casa de Socorro de Tetuán de las Victorias se dejó al corneta herido. Los otros ingresaban a las once y media de la noche, en la Cárcel Modelo.
Los periódicos madrileños del siguiente día confesaron que en este combate habían tenido cuatro muertos y otros tantos heridos, figurando entre los primeros el abanderado, un muchacho de poca edad que avanzaba tremolando una bandera roja.
"Ese abanderado, sobre todo - decía "Claridad" -, que tan generosamente supo entregar su vida por las conquistas democráticas, ha sido, es todavía y lo será por mucho tiempo la obsesión dolorosa de cuantos con él lucharon heroicamente para vencer a los reaccionarios."
Las milicias desorganizadas que tomaron parte en esta lucha y algunas de las fuerzas de la Guardia Civil y de Asalto que las habían acompañado regresaron a Madrid aquella misma noche. El batallón de las milicias unificadas y el grupo del comandante Burillo prosiguió hacia Navacerrada, en cuyo puerto tomó posiciones. Mientras tanto, en Madrid y en El Pardo se hace gran ruido a cuenta de la muerte de los cinco carabineros. Un oficial y veinticinco números de su Instituto van a recogerlos a El Goloso y los conducen procesionalmente al salón de actos del Ayuntamiento, convertido en capilla ardiente, donde quedarán cubiertos con la bandera republicana.
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Más información en: http://www.ingenierosdelrey.com/documentos/1961_articulo_llegaunrgto.htm

jueves, 24 de abril de 2008

La fuga de las Transmisiones (III)

Relato del comandante D. Eusebio Ruiz Bejerano que era sargento cuando sucedieron los hechos, el 21 de Julio de 1.936. También, como el de la entrada anterior, se publica por primera vez en la Red.
Fuentes: Revista “RED” (1.961)
Croquis del itinerario de la fuga en versión de la revista "RED" (1.961)
La fuerza del Regimiento se acuartela en El Pardo el día 17 de Julio, ya en las últimas horas de la noche. Para ello, y por medio de los ordenanzas que pernoctan en el Cuartel de la Montaña, se da aviso a los jefes, oficiales y suboficiales que residen en Madrid de que a la una del día 18 saldrían los autocares de la Glorieta de San Bernardo, cosa que así se hizo alrededor de la hora señalada. A esta cita puede decirse que no faltó oficial ni suboficial alguno, a pesar de que con anterioridad –si no recuerdo mal a partir de los sucesos de Abril en la Castellana- se nos había recomendado que para evitar añagazas o posibles emboscadas, siempre que se nos comunicase una orden especial habría de ser mediante una contraseña, que para nosotros consistía en una tarjeta de visita o cartulina, cortada arbitrariamente en dos trozos, uno de ellos en poder del mando y otro en el de cada uno.

De forma que, al recibir una orden, quien la llevase iría provisto de uno de dichos trozos, que habrían de coincidir perfectamente con el que obraba en el domicilio del destinatario. A pesar de ello, en muchos casos, seguramente por la premura del motivo, el ordenanza no llevaba dicha contraseña; pero la mayor parte, a pesar de la falta de dicho requisito, no dudaron en atender la orden, bien porque conocían al ordenanza y les merecía absoluta confianza, bien porque, dado el ambiente prerrevolucionario en que se vivía aquellos días, cada cual consideraba el cuartel como el único sitio digno de su confianza para responder a los ataques que de una u otra forma parecían esperarse.

Ya en el cuartel, los días 18 y 19 se hicieron reconocimientos en la Casa del Pueblo de El Pardo, detenidos algunos taxis con milicianos de Madrid. Creo que el día 19 fue el primer día en que el Regimiento no recibió el suministro de pan de Intendencia.

Pendientes de los sucesos de Madrid, de Campamento y del cuartel de la Montaña y a la constante escucha en las estaciones de radio montadas en el cuartel, permanecimos hasta las últimas horas del día 20, en que pudo captarse la declaración de guerra nacional en Segovia, y a partir de este momento los acontecimientos se sucedieron con rapidez inusitada.

Dicho día estaba yo de sargento de guardia. El oficial era el teniente don Jesús Guzmán Renshaw. Ese día por la tarde se presentó en el cuartel, el entonces ministro de Trabajo, Largo Caballero, para ver a su hijo Francisco Largo Calvo que era soldado de cuota. Le dio un beso, unas pesetas y se marchó. Duraría la visita unos minutos y no se le formó la guardia. Yo, como sargento comandante, tenía en el calabozo unos seis paisanos del pueblo, a los cuales nuestras patrullas, para cortar las comunicaciones telefónicas y telegráficas con Madrid, y para hacerlo con más tranquilidad y seguridad, les detuvieron por ser sospechosos.

De madrugada, el día 21, el teniente coronel Hernández Vidal reunió a los suboficiales en la Sala y nos dijo: “Nos marchamos a Segovia; el que quiera venir, que venga; el que no que se quede. Pero que no sea tan mala persona que nos delate”.

Aproximadamente, a las tres de la madrugada de ese día se hallaba formado el Regimiento en el patio del cuartel, sin la más leve oposición y en tan completo orden como si de un ejercicio se tratase. Ya formada la fuerza se nos comunicó por el mando la decisión tomada de unirnos a las fuerzas nacionales en La Granja o Segovia. En camiones, con todo el equipo, empezó la marcha hacia la capital castellana. Los paisanos detenidos quedaron en el calabozo y las llaves del mismo las tiré al monte.

Las fuerzas del Regimiento se componían, aproximadamente de cuatrocientos hombres. Cuando pasamos por Colmenar Viejo los milicianos eran un número muy apreciable; pero no hubo el menor incidente. Tal vez porque tanto camión lleno de soldados, con sus cascos y fusiles, les impresionara demasiado y les diera miedo. Por otra parte, la consigna era saludarles con una de sus frases habituales ¡U.H.P.!; pero al llegar al sector de Hoyo de Manzanares tuvimos la desgracia de que se averiara un camión “Morris”. El personal de dicho camión, sus oficiales y tropa, se dirigieron hacia la Sierra, pero fueron cercados por infinidad de milicianos, y allí tuvimos las primeras bajas: el capitán don Ricardo Salas Gavarret y los tenientes don Luis Árbex Güsi, don Alfredo Bárcena de Castro, don Ángel Sánchez Aguiló y el soldado Tomás López de Merlo. No recuerdo de más.

Continuando la marcha llegamos al puerto de Navacerrada; pasadas las Siete Revueltas y antes de llegar a Balsaín nos encontramos con un puente volado; pero debido a la habilidad de nuestros jefes, las mismas fuerzas que lo volaron nos hicieron un paso provisional para que nuestro camiones pudieran pasar.

El coronel Carrascosa se adelantó a La Granja para notificar a la Guardia Civil, que estaba atrincherada a la entrada de dicho pueblo, de la verdadera situación nuestra con respecto al Movimiento nacional. Al pasar el Regimiento por Balsaín fuimos calurosamente recibidos y obsequiados por el pueblo y colonia veraniega. La entrada en La Granja se hizo con gran entusiasmo y alegría de la Guardia Civil avisada ya por nuestro coronel.

Días después el Regimiento se disgregó, unos a Segovia; otros al Alto del León, y otros quedamos en La Granja. Todos como unidad de infantería, hasta que se reorganizaron las Transmisiones, momento en que marché al frente de Madrid, a la compañía de la 11 División, mandada por el capitán don Luis Anel Úrbez, en donde terminé la campaña.

Tenientes Guzmán y Abeilhé, sargentos Zamora Vázquez, Ruiz Bejerano y Hernández González y varios guardias civiles en La Granja

Sargentos Ruiz Bejerano, Zamora Vázquez y Félix H. González parapetados a la entrada de La Granja

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Nota.- Respecto al día de la visita de Largo Caballero hay una pequeña discrepancia respecto a la fecha exacta. En el libro “Recuerdos” de Largo Caballero, dice: “Al día siguiente 18 de Julio estuve en El Pardo a ver a mi hijo Paco. Hacía tres días que había ingresado en el ejército en la Compañía de Transmisiones. Le pregunté si existía novedad en su regimiento, y me contestó que no. Después he sabido que el coronel y demás jefes, dando vivas a la República, se llevaron al regimiento a Segovia, haciendo prisionero a mi hijo. Se lo llevaron a Sevilla, y lo encerraron en la cárcel, donde ha estado siete años sin procesarle ni tomarle declaración alguna ¡Siete años preso por el delito de ser hijo mío!” Ese párrafo está escrito exactamente el 10-Junio-45 y se refiere a hechos sucedidos 9 años antes.

miércoles, 23 de abril de 2008

La fuga de las Transmisiones (II)

Otro relato sobre el mismo tema, escrito esta vez por el coronel D. Luis de la Torre Ayala, que era capitán en el momento de los hechos: 21 de julio de 1.936.
Este relato es la primera vez que se publica en la Red.
Fuentes: Revista “RED” de 1.961
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En El Pardo, el Regimiento se hallaba acuartelado, y ya desde el día 17 de Julio nos faltó la comunicación con la capital, lo que aumentó el natural desasosiego, máxime por los rumores que nos llegaban y cuya importancia fue en aumento el domingo y lunes por lo sucedido en el Batallón de Zapadores nº 1, de guarnición en Campamento.

Ante esta situación se convocó una reunión de jefes y oficiales, y sabido ya lo acaecido en el Cuartel de la Montaña y el sacrificio de sus defensores y visto que la defensa del cuartel de El Pardo había de ser difícil –imposible, podríamos decir-, en la madrugada del martes (dos de la mañana aproximadamente) se tomó el acuerdo de embarcar en los camiones de que se disponía y lanzarnos en dirección a Segovia, a unirnos, como ya se ha dicho, a las fuerzas nacionales, con ánimo de, en caso de no poder alcanzar aquella capital, defendernos en la Sierra, donde nunca dudábamos que sería más fácil vender cara la vida.

Se decidió la partida para las tres de la madrugada, a fin de llegar a la sierra antes de amanecer.

Con diecisiete camiones “Morris” y dos camiones de tendido “Dodge” se organizó la columna, cuyo mando llevaba el coronel Carrascosa, que ocupaba un coche ligero propiedad de nuestro compañero el teniente Guzmán. No hay que decir que en los vehículos se cargaron cuantas armas y municiones había en el cuartel. Para un enlace posible se llevaban dos estaciones ópticas y una de radio.

A las cuatro se emprendió la marcha; en cabeza unos de los camiones, seguido del coche del coronel, y tras ellos el resto de los vehículos.

¡Ya estamos en marcha!

Llegamos a las tapias del monte, cuya puerta estaba cerrada con una cadena, que hubo que romper utilizando un machete como palanca. En tal punto había una pareja de carabineros, los que, suponíamos, darían aviso a Madrid; pero, por lo visto, no debió de ser así, y seguimos nuestro camino.

¡Colmenar a la vista! La entrada, barreada por tablones y alambradas y guarnecida de milicianos, no hubiese sido fácil de pasar, como sucedió, ya que el grupo de defensores aumentaba por momentos; coreando cuantos “vivas” lanzaban y parlamentando se convencieron de que el Regimiento iba a luchar en su favor y nos franquearon el paso. Penetramos en el pueblo y atravesamos aquellas tortuosas y estrechas callejuelas, en cuyas puertas y ventanas iban apareciendo caras soñolientas que, puño en alto, nos saludaban y alentaban con frases propias de las circunstancias, en la idea de que íbamos a “tomar Segovia”.

Hoyo de Manzanares, Torrelodones… En este punto, suponiendo que nos esperarían por los contornos fuerzas que nos cerrarían el paso por la carretera general, tomó la columna la de Navacerrada para intentar llegar a La Granja.

En este trayecto fue en donde quedó rezagado el camión del capital Salas, del que ya nada volvimos a saber, ni tampoco del teniente Sánchez Aguiló, que en una motocicleta actuaba de enlace.

Sin duda, en algunos de los inevitables altos debidos al alargamiento de la columna dada la buena marcha que se llevaba, o bien en una parada aislada del vehículo en cuestión o un despiste en una bifurcación, Salas y sus compañeros se desligaron de los demás vehículos del convoy.

Las paradas aisladas eran frecuentes por ser los vehículos totalmente nuevos, hasta el punto de llevar aún precintada la entrada de gases, y muchos de los conductores sólo habían llevado anteriormente coches de turismo; a pesar de todo, tan sólo un camión hubo de abandonarse averiado en Colmenar.

En la subida al puerto de Navacerrada nos cruzamos con varios coches de turismo erizados de fusiles amenazadores y con banderas rojas; sin detenernos contestábamos a las preguntas de los ocupantes, lo mismo que a los curiosos de los pueblos que atravesábamos: “¡Vamos a tomar Segovia!”.

Un avión voló sobre nosotros ¿Qué pensaría el piloto al descubrirnos?

Sin más novedades seguimos nuestra ruta, y ya a la vista del puerto de Navacerrada un coche se acercó a nosotros en sentido contrario; después de algunos minutos de conversación, que nos parecieron siglos, seguimos hasta coronar el puerto. Otra parada, siempre pensando en que, en cualquier momento, la hasta ese instante feliz marcha podría truncarse y todo acabaría. Pero la persuasión, inspirada por la Providencia, hizo posible iniciar la bajada del puerto y llegar a Boca del Asno. Allí, el puentecillo que salva el río Balsaín había sido minado, pero, en colaboración con los milicianos se levantaron las minas y… ¡un obstáculo más salvado!.

¡Ya estábamos cerca de nuestra meta! Parece que ya sólo tenemos delante un solo obstáculo que salvar: Balsaín, porque, según nos informaron, La Granja era…”facciosa”.

Nuestros corazones se ensanchaban: todavía quedaba algo por andar; pero si Dios nos ha protegido en esos kilómetros que hemos dejado atrás y que nos parecieron interminables, esperábamos que en los pocos que nos quedaban no nos abandonaría.

Y con magnífico espíritu, que aunque nunca decayó más y más se elevaba en cada giro de las ruedas, emprendimos la última etapa en terreno enemigo, y …Balsaín.

Ya hace calor. El estómago parece que tiene sus exigencias, y en este pueblo nos obsequian con bocadillos, chocolate, embutidos, vino, etc…

--¡Cuidado, que la Guardia Civil tiene fusiles ametralladores!

Los milicianos disponen de una ametralladora montada en una camioneta. Ellos irán delante para despejar el camino. Sí, pero nosotros sabemos más “táctica”.

--Mejor es que vayáis detrás y reforcéis con ella nuestros fuegos, --y así se hace.

Seguimos y ¡al fin! Divisamos la explanada de delante de la verja del Real Sitio. Unos guardias civiles, algunos paisanos y unos guardas del Patrimonio esperan recelosos y expectantes.

Pero el coche del coronel que ahora va delante y enarbola bandera blanca llega a la explanada y todos los camiones forman detrás en línea.

Todos a tierra y ¡Viva España! Gritamos todos, desbordando nuestro júbilo ante tan feliz final.

Teniente Barbeito Louro

Teniente Guzmán Renshaw

Transmisiones, Artilleros y Guardia Civil en La Granja (22 de julio de 1.936)

La Guardia Civil, los paisanos, los guardas y la gente que afluye a la plazoleta vibran de emoción y alegría. Hay quien llora, quien ríe, quien grita sin saber por qué. Bueno, sí saben por qué: han sido muchas horas, al menos muchas parecieron, de nervios en tensión, esperando no sabíamos qué, pero sí nada bueno: una imprudencia, un gesto, cualquier cosa, podía haber truncado y malogrado nuestra intención, pese al espíritu de la gente. ¡Ya puede decirse que pasó todo!.

Los brazos de nuestros hermanos nos estrechan y quedó atrás una noche de incertidumbre. ¡En España empieza a amanecer! Pero para nosotros es ya día claro. Sabemos que estamos ya aquí y para qué hemos venido; las sombras de nuestro futuro se han despejado; lucharemos ahora por Dios y por España, pero claramente, a la luz del día, sin miedo a las asechanzas que por el camino nos pudieron esperar.

¡Ah!, se nos olvidaba que, efectivamente, la camioneta de Balsaín, con su ametralladora nos siguió a unos cientos de metros pero fue “apoteósicamente” recibida en rápida emboscada tendida en una curva estratégica de la carretera. Sorprendida, dio la vuelta, no sabemos cómo pues ni la maniobra hizo, y huyó como alma que lleva el diablo.

Y sólo queda el final: la última etapa de la marcha y primera de nuestro futuro.

La Granja queda atrás y enfilamos la carretera de Segovia. Pasamos Quitapesares, dejamos Palazuelos a nuestra derecha, un repecho y ya vemos la catedral y el caserío de la vieja ciudad castellana apiñado a sus pies. Después de una curva el milenario Acueducto, bajo cuyos arcos se detiene nuestra columna.

Un hervidero de gente nos vitorea, pues todo el pueblo se ha lanzado a la calle sabedor de nuestra llegada; los balcones del Azoquejo blanquean de pañuelos que se agitan; todos pugnan por abrazarnos y saber de nuestra aventura.

¡Atención! Suena el cornetín y es que llega el Gobernador militar; nuestro coronel le da novedades y ¡a formar!

Los jefes y oficiales en cabeza, armados de fusil, como unos soldados más, entre apretadas filas de gente que vitorea, de flamear de pañuelos en los balcones, con repique general de campanas. El Regimiento marcha en columna de honor hacia la Academia de Artillería, en cuya puerta principal las autoridades presencian el desfile.

Los que desfilan y los que no desfilan lloran; los vítores se suceden; los gritos de júbilo ensordecen, y a los acordes del Himno Nacional el Regimiento entra en la Academia.

Y tras los abrazos, parabienes y relatos, la tropa, las clases, los oficiales y los jefes, pueden sentarse en los limpios comedores de la Academia, que nos parecieron entonces el más lujoso hotel del Universo, y después a descansar, que bien merecido lo tienen y viene el mañana, ese mañana que terminó el…1 de Abril de 1.939.
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sábado, 19 de abril de 2008

La fuga de las Transmisiones


Relato del episodio que protagonizó el Regimiento de Transmisiones, el 21 de Julio de 1.936, escrito por uno de los participantes en el mismo, el Teniente Coronel de Ingenieros don Antonio Gordejuela Núñez.


En 1936 el Regimiento de Transmisiones de guarnición en El Pardo era la única Unidad de esta especialidad con que contaba el Ejército de la Península. Había sido organizado al advenimiento de la República sobre la base del antiguo Regimiento de Telégrafos, con el que se habían fundido las Unidades de Radiotelegrafía procedentes del disuelto Regimiento de Radioletegrafía y Automovilismo. Ocupaba el cuartel del Zarco del Valle, amplio y moderno, construido en terrenos del Patrimonio, no lejos del Palacio y del pueblo. Su situación, en medio del Real Sitio, y rodeado de su hermoso monte que le servía de campo de maniobras era - y sigue siendo - privilegiada, una de las guarniciones más bellas del mundo, muy apetecida y solicitada por los oficiales de Ingenieros.


*** En aquellos días aciagos en que el ambiente de la calle se iba enrareciendo más y más hasta hacerse casi irrespirable, los cuarteles eran más que nunca los hogares del Ejército, y en ellos se refugiaba la llama del patriotismo y del espíritu militar jamás apagada. Todo el esfuerzo de los oficiales se dirigía a que esta llama prendiese en los corazones jóvenes y generosos de los reclutas, y a mantener a las Unidades armadas incontaminadas del ambiente nocivo de la calle.


*** La situación del Regimiento de Transmisiones, alejado de Madrid, rodeado de monte y aislado de otras fuerzas militares, obligaba a una íntima convivencia de los oficiales y suboficiales con la tropa, y creaba un clima muy favorable para aquellos nobles propósitos. Largos días de acuartelamiento, que imponía la turbia situación política y social de España, eran aprovechados para estrechar lazos, para tensar el espíritu, para ponerse en forma. Así, cuando el Movimiento se hizo inevitable, encontró al Regimiento bien preparado. No sólo la adhesión entusiasta de los oficiales - los muy pocos que no sentían tal adhesión habían "desfilado" prudentemente ante el cariz que tomaban las cosas -, sino la colaboración incondicional de los suboficiales y la lealtad disciplinada de la tropa. El dia 17 de julio el Regimiento recibió orden de permanecer acuartelado, como todas las demás Unidades armadas de Madrid y sus cantones. Por su parte, por los enlaces del Movimiento se recibió la consigna de "quedar a la expectativa". Comienzan unos días tremendos de tensión y vigilia, capaces de destrozar los nervios más templados. Nada quebranta tanto al militar como la inacción. Pero el Regimiento de Transmisiones, a pesar de su aislamiento geográfico, posee un elemento esencial para las operaciones militares: la información. Los receptores, en escucha permanente, nos van dando una visión exacta de la situación en cada momento. Al grito salvador de Franco en Tetuan van respondiendo una a una las Divisiones de la Península: Sevilla, Burgos, Zaragoza, La Coruña, Valladolid ... Se interceptan telegramas dando cuenta de la formación de columnas que emprenden la marcha; de nuevas provincias que declaran el estado de guerra y se suman al Movimiento. Telegramas gubernamentales que ordenan a las unidades navales "leales" bombardear Ceuta hasta consumir la mitad de sus municiones. Se capta un ladino telegrama "de servicio" dirigido al Regimiento desde el Ministerio de la Guerra invitándole a expresar su adhesión al Gobierno del Frente Popular. El telegrama queda incontestado. Más noticias llegan sobre la situación en toda España. El Movimiento se extiende. Ahora es Segovia la que se suma. Es ocupada La Granja. Columnas de Valladolid, de Burgos y de Pamplona se dirigen hacia Madrid.


*** Mientras tanto, ¿qué está ocurriendo en la capital de España? Al quedar acuarteladas las tropas se dió orden al Regimiento de Transmisiones de que destacase equipos de Radio y de Telegrafía óptica para el enlace entre el Cuartel General de la División y los cantones de Madrid. Los escasos efectivos en filas se veían así considerablemente mermados, y cinco oficiales fueron destinados a dichos cometidos. Estos destacamentos corrieron, indefectiblemente, la suerte de las Unidades a que estaban afectos. Dos de los oficiales murieron en sus puestos. Mientras pudimos mantener el enlace con estos elementos destacados supimos de la decisión y coraje con que se disponían a la lucha todas las guarniciones. Pero luego toda comunicación cesó. El Campamento de Carabanchel, el más importante de todos los cantones de Madrid, había sido duramente bombardeado por la aviación roja durante la mañana del día 20. ¿Qué había pasado después? Los servicios en Madrid debían estar desquiciados cuando desde el día anterior no habíamos recibido el diario envío de pan. Pero al anochecer de quel día el pan llegó escoltado por unos ... milicianos armados, que se hacían lenguas del asalto y desastre del cuartel de la Montaña. Ya no cabían dudas. Al día siguiente seríamos nosotros los que habríamos de sufrir los embates de las hordas armadas hasta un sacrificio heroico, pero seguro. El armamento del Regimiento era sólo mosquetones y pistolas. ¿Qué posibilidades de éxito podiamos tener en un combate defensivo, encerrados entre las tapias del cuartel? Nuestra salvación estaba en abandonar el cuartel y establecernos en el monte, que tan bien conociamos, en una posición fuerte, donde pudiéramos defendernos hasta la llegada de las columnas que se dirigían a Madrid y que esperábamos próxima. O bien, ir en busca de esas columnas con los medios más rápidos y por el camino más corto y seguro, en un golpe de audacia y de velocidad. El coronel, don Juan Carrascosa Revellat, modelo de jefe y de caballero, se decidió por esto último. La circunstancia de contar con gran número de camiones “Morris” recientemente entregados, dentro del plan de motorización del Regimiento, favorecía este propósito. Marcharía todo el Regimiento motorizado, llevando sólo el armamento y las municiones. El ganado y el material serían abandonados. El punto de destino era La Granja, ya en manos del Ejército, y desde donde pensábamos unirnos a las columnas que avanzaban sobre Madrid. El itinerario era: El Goloso, Colmenar Viejo, Hoyo de Manzanares, Torrelodones, Villalba, Puerto de Navacerrada. Era preciso marchar cuanto antes, durante la noche o en las primeras horas del día. La empresa exigía valor, sangre fría, astucia, disciplina. ¿Estaba el Regimiento a punto para llevarla a cabo?


*** Durante los días que habían transcurrido desde la iniciación del Movimiento y desencadenamiento de la revolución marxista habíamos procedido a continuas salidas, con detenciones y desarmes de elementos frentepopulistas de El Pardo que, al parecer, tenían la misión de vigilarnos. El comportamiento de las partidas encargadas de estos golpes había sido excelente y todos habían demostrado su buen espíritu y lealtad. En las primeras horas de la tarde del día 19 se produjo un acontecimiento sensacional. A la puerta del cuartel se presentó nada menos que Largo Caballero, acompañado de algunos de sus ayudantes. El "Lenin español" venía con el fin de visitar a un hijo suyo, soldado de "cuota" del Regimiento. Nada más oir su nombre, la guardia de prevención, sin esperar órdenes del oficial, acude a las armas y forma en disposición de hacer fuego. El momento es de gran dramatismo. Los oficiales más impulsivos montan sus pistolas y acuden a la puerta del cuartel. ¿Qué va a suceder aquí? La idea de cometer un acto de fuerza que nos comprometa definitivamente y contribuya a prestar un servicio al Movimiento pasa por todas las mentes. Al fin, el buen sentido de los jefes más responsables se impone. Largo Caballero podrá entrevistarse algunos minutos con su hijo. Le da algún dinero, le abraza y vuelve raudo hacia Madrid. Pero se ha puesto de manifiesto el espíritu que anima a todos. Sí, el Regimiento está en forma. Triunfaremos en nuestra empresa.
Croquis del itinerario de la Fuga (Revista "La Actualidad Española")

*** Toda la noche se emplea en los preparativos. Con las primeras luces del dia 21 se pone en marcha la columna. La forman una veintena de camiones y algunos coches ligeros que transportan a todo el personal presente en el cuartel. Se ha replegado la guardia y el personal de servicio en las cuadras de Boyerizas, inmediato al Manzanares, y se han cortado las líneas telefónicas con Madrid para evitar que puedan dar noticias de nuestra partida. En el pueblo quedan las familias de muchos oficiales y suboficiales, con una pequeña escolta para protegerlas de posibles desmanes. El coronel ha dejado la suya - mujer y ocho hijos - en el pabellón. Comienzan tiempos de sacrificio y nos ha dado desde el principio un alto ejemplo. La marcha se realiza fácilmente por el monte de El Pardo, camino de la Portillera del Goloso. Allí, cinco carabineros que la guardan se abstienen prudentemente de toda intervención y nos dejan pasar sin promover incidentes. Ya estamos en la carretera de Colmenar, cruzada constantemente en ambas direcciones por coches de la F.A.I. y de la C.N.T. que pasan a nuestro lado erizados de armas. Pronto nos damos cuenta de que a tiro limpio no podremos alcanzar nuestro objetivo. Hay que fingir y simular. La consigna corre de camión en camión. Seremos tropas enviadas por el Gobierno para conquistar La Granja, las cuales tienen que llegar cuanto antes a su destino. Se echa de menos un camión que ha quedado atrás, seguramente con avería. En su auxilio van un oficial y un soldado de enlace que marchan en una moto. Los demás continúan y llegan a Colmenar, después de cortar las líneas telefónicas que comunican con Madrid. El aspecto que ofrece este pueblo es poco tranquilizador. Los vecinos ocupan tumultuosamente la plaza armados de escopetas, pistolas y otras armas improvisadas, dispuestos a cerrarnos el paso. El alcalde nos interroga. Vamos a conquistar La Granja enviados por el Gobierno. Duda, y trata de comunicar con Madrid; pero la línea está interrumpida. En vista de ello tiene que resignarse a nuestro paso.
*** El camión que quedó rezagado no nos ha alcanzado a pesar de nuestra detención. Será preciso esperar por él, pero el lugar no es el más apropiado. Nos alejaremos del pueblo y esperaremos en un descampado. Nueva parada a algunos kilómetros de Colmenar, en un alto que domina el pueblo y la carretera de acceso. Nuevo corte de líneas telefónicas. No se divisa el camión rezagado. Comenzamos a inquietarnos por su suerte. ¿Qué hacer? Volver toda la columna a su encuentro significa una pérdida de tiempo que puede hacer fracasar la operación montada en la velocidad y la sorpresa. Destacar algunos elementos es disgregar nuestras fuerzas y dar ocasión de ser batidos por separado. No se puede perder más tiempo en pensar. Hay que actuar. ¡Adelante! Seguimos nuestra marcha apesadumbrados. ¿Qué será de nuestros compañeros? Pasamos por Hoyo de Manzanares sin incidentes mayores. Llegamos a la carretera de La Coruña en Torrelodones. La circulación de coches armados es más intensa en esta carretera principal. Sin embargo, nadie nos interroga ni intenta detenernos. Se limitan a observarnos y dejarnos marchar. Al llegar a Collado Villalba, una especie de guardia armada que está apostada en el cruce de carreteras abandona sus puestos precipitadamente en cuanto avista la columna. Comienza la ascensión al puerto de Navacerrada. Otro corte de líneas telefónicas próximas a la carretera. Ahora sin recatarnos de la presencia de los coches armados que suben y bajan. Nos da la impresión de que la partida está vencida. Llegamos al Puerto. Un conjunto abigarrado de veraneantes y milicianos se alinea a los lados de la carretera en actitud expectantes y curiosa. Dan la impresión de que no saben a qué atenerse sobre nuestra presencia allí, ni quieren averiguarlo. En la subida al Puerto se han calentado excesivamente los motores y es necesario dar un descanso. Algunos coches tan quedado también peligrosamente escasos de combustible. Se trasvasa gasolina de unos a otros. Nos preparamos para el "sprint" final.

*** Este descanso es aprovechado por un sargento para escabullirse y encaramarse en uno de los coches armados que van hacia Madrid. Este sargento, fichado por su actuación en la revolución de 1934, por la que había sido condenado y después amnistiado, estaba bajo vigilancia desde que comenzó el acuartelamiento. Pero tan ardientes protestas hizo de lealtad y de deseo de rehabilitarse en esta ocasión que había sido reintegrado a su puesto, con todas sus prerrogativas. En su fuga le secunda un brigada de su misma catadura. Son los dos garbanzos negros de la expedición.
*** De nuevo se reanuda la marcha. Ahora descendemos hacia la Siete Revueltas. Todo nos parece ya más fácil. Pero aún tenemos que salvar una grave situación. Un pontón de esta accidentada carretera está siendo preparado para ser volado por un numeroso grupo de milicianos dirigidos por un conocido oficial de Ingenieros afecto al Gobierno. Han abierto una zanja en la calzada para colocar las cargas. Nueva apelación a la misión que nos ha dado el Gobierno de ocupar La Granja. Recelos, forcejeos y por fin reparan la interrupción y nos franquean el paso. Pero ahora los que parecen simular y fingir son ellos. No nos han creido en absoluto, pero no se han atrevido a oponerse.

*** Bajada de las Siete Revueltas. En algunos coches el marcador de gasolina marca cero. Solo les queda la reserva y para preservarla bajan con el motor parado. Llegamos a Balsaín, a unos pocos kilómetros de La Granja. El vecindario de este pequeño pueblo está en la misma actitud levantisca que el de Colmenar. En la carretera hay hombres armados y mujeres chillonas. Tienen hasta una ametralladora. Al saber nuestro propósito de conquistar La Granja, nos quieren acompañar y proveernos de víveres. Lo más importante es que allí hay una estación de gasolina y algunos vehículos refuerzas sus existencias. Conseguimos prescindir de la colaboración de los voluntarios y del apoyo de la ametralladora. Partimos. Nos acercamos a La Granja. ¿Cómo nos recibirán? Jugamos la última baza de la partida. Un coche ligero se destaca de la columna a toda velocidad y enarbola bandera blanca. Al llegar a los primeros guardias civiles que montan guardia les ponen al corriente rápidamente. Se telefonea urgentemente a las baterías de Segovia, que al ver descender desde Navacerrada la columna de camiones han apuntado las piezas a la entrada de La Granja y están dispuestos a romper el fuego. Ya estamos todos en La Granja. Todo es emoción y alegría. El recibimiento es entusiasta. Pero todo lo empaña el recuerdo del camión que quedó atrás. ¿Qué habrá sido de él? ¿Llegará todavía?

*** Su historia no la conocimos del todo hasta después de acabada la guerra, cuando pudimos recorrer el teatro de su aventura. Iba al mando del capitán Salas y conducía a los tenientes Bárcena y Arbex y más de veinte soldados. Fue víctima de una serie de circunstancias desgraciadas. El teniente Sánchez Agulló, que actuaba de enlace de la columna en una moto, estableció contacto con él a mitad del camino entre el cuartel y El Goloso. Había sufrido una pequeña avería nada más salir del cuartel, y poco después el conductor, poco experto, había quemado el embrague al efectuar una maniobra. En estas condiciones era imposible continuar. El teniente Sánchez Agulló, con un soldado, buen conductor, se presta a volver al cuartel y traer otro camión de los que allí quedaron. Cuando llegaron al cuartel, las turbas de El Pardo estaban penetrando en él y reinaba una gran confusión. La presencia del teniente y del soldado contribuyó a aumentar esta confusión, y a su favor consiguieron regresar con la moto y con un camión nuevo. Con estos elementos emprenden la marcha hacia el Goloso. Pero allí, los carabineros, que ya habían tiroteado al teniente Sánchez Agulló cuando regresó, están ahora reforzados con numerosos milicianos. No hay más remedio que abrirse paso. A los primeros tiros, caen los carabineros y los milicianos huyen. Ya están en la carretera de Colmenar. Cruzan coches armados, con banderas rojas, alertados tal vez por el tiroteo. Los desarman y los inutilizan. De uno de ellos se incauta el capitán Salas y lo une a su pequeña columna. Poco después es un coche ligero el que aparece seguido de lejos por un camión de milicianos. Hay que disparar sobre el coche. Sus ocupantes caen, y los del camión lo abandonan y huyen. Pero estas operaciones hacen perder tiempo y alertan a los pueblos de paso. Cuando llegan a Colmenar, los vecinos, que ya desconfían del grueso de la columna, han hecho barricadas con postes y con carros y se aprestan a cerrarles el paso. Estos no se les escaparán. Se entabla un nutrido tiroteo por una y otra parte. El coche ligero y la moto se abren paso por calles laterales y caen a espaldas de los defensores de las barricadas, que las abandonan. Les parece que podrán pasar sin obstáculo, pero siguen hostilizándoles desde las ventanas y tejados, y tienen que cruzar el pueblo a toda velocidad. A la salida del pueblo, un error fatal. En vez de seguir por la carretera de Hoyo de Manzanares y Torrelodones, toman la que se dirige hacia el Norte y más tarde se bifurca a la izquierda y va a morir a la presa de Santillana. En esa zona les parece que podrán pasar inadvertidos y esperar la llegada de la noche para, a su amparo, cruzar la sierra por caminos de herradura, evitando las carreteras que por experiencias pasadas estiman más peligrosas. Adquieren un jumento para cargar las municiones y emprenden la ascensión a Cabeza Illescas, excelente posición que domina el embalse y el pueblo de Manzanares el Real. Allí ocupan la casa abandonada de un guarda, montan un servicio de centinelas y se disponen a descansar en espera de la noche. Pero es sólo la 01:30 de la tarde, cuando los centinelas advierten una gran concentración de coches en el pueblo y una multitud de milicianos que suben en todas direcciones por las laderas de Cabeza Illescas. Estaban cercados por una masa de dos o tres mil hombres integrada por todas las organizaciones de milicianos que habían salido de diversos puntos en persecución del Regimiento pero que prefirieron perseguir al camión extraviado. La situación es realmente desesperada, pero van a hacer pagar caras sus vidas.

*** Comienza el desigual combate. Causan muchas bajas al enemigo, pero ellos tienen también muertos y heridos. Cae muerto el teniente Sánchez Agulló. Entre los primeros heridos está el teniente Arbex. El enemigo aumenta por momentos. La resistencia se debilita. Los puestos más lejanos son envueltos y sucumben. El último reducto de la resistencia es la casa del guarda. Desde sus ventanas dirigen la defensa el capitán Salas y el teniente Bárcena. La lucha se endurece cada vez más, pero no puede prolongarse por mucho tiempo. Los milicianos han alcanzado la puerta y penetran en la casa. Rematan allí a los oficiales que aún quedan con vida. Parece que van a correr la misma suerte los soldados supervivientes, pero en el último momento son considerados "irresponsables". Se les lleva prisioneros a la Cárcel Modelo. Así sucumbió la partida del capitán Salas, que contribuyó, atrayendo hacia sí al enemigo, a que el resto del Regimiento pudiera llegar sano y salvo a La Granja. Víctima de un error desgraciado, su heroico comportamiento le había hecho acreedora de mejor suerte.

* * * La llegada a La Granja de un Regimiento escapado de Madrid exaltó los ánimos de Segovia. Inmediatamente nos trasladamos allí y desfilamos por las calles, entre aclamaciones de la multitud. La escasa fuerza del Regimiento era un apreciable refuerzo para la guarnición segoviana. Enseguida fuimos destinados a los puestos más necesitados. Unos, a la defensa de La Granja y a las escaramuzas de Navacerrada. Otros, a los duros combates del Alto del León. Allí recibió el Regimiento de Transmisiones su bautismo de sangre, con numerosas bajas que ya no cesarían en toda la campaña. Cuando la guerra cambió su fisonomía y de encuentro de partidas pasó a ser comabte de Divisiones, el Regimiento fue la base donde se organizaron y se movilizaron las Compañías de Transmisiones destinadas a todas las grandes Unidades del Ejército Nacional.
----------------------------------------------------------------------------------------FUENTES: • Antonio Gordejuela Núñez. El Regimiento de Transmisiones. Revista RED, año 1961. NOTA.- Es obvio que esta historia es un tanto subjetiva, pero no deja de tener su gran valor histórico al ser escrita por un protagonista de los hechos.
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Algunos de los protagonistas
Coronel Carrascosa
Comandante Maldonado

Comandante D.Leandro García González (Jefe del 1º Batallón)
(Foto cedida por D. José Luis García Martínez)

Comandante Sánchez Benito
Capitán Salas (Medalla Militar Individual)

Capitán Guiloche
Comandante D. Enrique Gazapo Valdés
Teniente D. Alfredo Bárcena de Castro

Teniente D. Antonio Gordejuela Núñez

Teniente D. Luis Díez-Alegría Gutiérrez

Teniente D. Juan Gutiérrez Fernaud


Teniente D. Ángel Sánchez Aguiló
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Las seis últimas fotos son cedidas por D. José Luis García Martínez a quien agradecemos su colaboración
En la Web Ingenieros del Rey se pueden encontrar más relatos sobre este tema:http://www.ingenierosdelrey.com/01_05_fugatransmisiones.htm

Lista completa de los participantes en la Fuga (Descargar aquí)

Canción dedicada al Regimiento en la Web “El Pardo Histórico”:http://elpardohistorico.blogspot.com/2008/04/cancin-sobre-la-salida-de-el-pardo-del.html

miércoles, 16 de abril de 2008

Folleto del Regimiento

Este folleto que nos envió nuestro compañero Fernando Soneira, era el que repartían a todos los reemplazos que iban llegando al acuartelamiento Zarco del Valle, para que fuesen tomando nota y para no perderse por dentro de las instalaciones. Este folleto, en concreto, se repartió a los del reemplazo 4º del año 95 cuando nuestro Regimiento ya llevaba el nombre de RETAC 21. Una vez más agradecemos a Fernando Sonéira su colaboración. Se puede ver ampliado pinchando en cada una de las imágenes.


viernes, 11 de abril de 2008

El Regimiento de Transmisiones de El Pardo

"La técnica como arma"
Éste es el título de un artículo de la Revista Española de Defensa, firmado por Miguel Parrilla y publicado en su número correspondiente a Enero de 1.993. En él se encuentra una breve historia de nuestro antiguo Regimiento que hemos rescatado del viejo baúl de los recuerdos. Se puede leer en su totalidad pinchando en las fotos.

viernes, 4 de abril de 2008

El brigada especialista D. José Parra

El brigada Parra (segundo por la derecha) y el capitán Sánchez García (centro) jefe de la Compañía Expedicionaria de Radio.
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Para cualquier persona ha de resultar tarea árdua difícil escribir algo sobre su propio padre y de manera especial cuando éste ya no está entre nosotros. Solamente su gratísimo recuerdo y las muchas referencias a su persona por parte de amigos, antiguos compañeros alumnos suyos, su paso por el Regimiento de Transmisiones de El Pardo y su importante participación en la batalla de Edchera, me animan a, de manera somera esbozar su historia sencilla y a la vez significativa.

El Brigada Parra vino al mundo en Bahía Blanca, una región costera de Argentina, sus padres eran originarios de Almeria y se trasladaron al nuevo continente por motivos de trabajo. El padre, experto maquinista ferroviario, había sido contratado por el gobierno argentino para colaborar en la instalación del entonces emergente ferrocarril del país. Poco tiempo después de nacer su hijo José un desgraciado accidente truncó la vida del experto ferroviario al hundirse un puente por el que circulaba su tren. La joven viuda regresó a España con su hijo José y en Almería transcurrió la infancia del pequeño huérfano.

Muy joven, con 15 o 16 años, comenzó el Brigada Parra con una afición que señalaría su carrera profesional; la radio. Este medio que comenzaba su auge y expansión le subyugaba de tal forma que solo vivía para él. Me contaba que:

" La gente de nuestro entorno nos llamaban los locos, al vernos subir a las terrazas y sitios elevados para montar las antenas y comunicarnos con otros "locos" a la terrible distancia de cincuenta o cien kilómetros. Decían: se comunican ¡¡sin cables!! por medio de unos pitidos extraños que se llama código Morse ".
Pasados unos años se trasladó a San Fernando (Cádiz) e ingresó en la Marina de Guerra donde muy pronto ascendió a Cabo radio, allí practicaba lo que más le gustaba, la radio. De esta guisa le sorprendió la Guerra Civil estando su buque en zona nacional, y fué al final del año 1937 cuando en San Fernando nació su hijo Francisco. Solicitó unos días de permiso para conocerlo y, al regreso, cuando se incorporó a su barco, fué detenido nada más pisar la cubierta. Lo que ocurrió marcó su vida de alguna forma y él me lo contaba así:

"Cuando subí las escalerillas de la pasarela con mi petate me extrañó no conocer al marinero que estaba de guardia al final de la misma, me preguntó que quién era yo y al decirle que regresaba de un pequeño permiso y me incorporaba a mi destino en la radio del barco llamaron a alguien e inmediatemente fuí detenido, bajo la acusación de presunta colaboración con el enemigo.
Resultó que durante mi ausencia, con la radio, alguien se había comunicado con el otro bando.
Diariamente, al amanecer se abría la puerta de la celda y se llevaban a alguno de los detenidos. Éste preguntaba si recogía sus cosas y la respuesta era la misma; "ya te las mandaremos después", aquellas cosas permanecían allí días y días y el ausente no aparecía jamás". hasta que un día..."

Un día fué él el llamado, pero no fué al amanecer, y le dejaron llevarse sus cosas. No le dieron más explicaciones pero sí la órden de incorporarse al frente. El Brigada Parra entonces repudió la Marina y pasó al ejército de tierra donde muy pronto ascendió a Sargento de Transmisiones. Al finalizar la contienda se licenció y al regresar a San Fernando, dada su experiencia, lo contrataron de inmediato para ejercer su profesión en el Observatorio de aquella ciudad.

En el año 1957, se crea en el Ejército el Cuerpo de Suboficiales Especialistas reingresando en el mismo con la especialidad de Operador de Radio en el antiguo Centro de Transmisiones, sito si mal no recuerdo en la calle Amaniel de Madrid y centro operativo en Campamento, muy cerca de donde hoy se ubica Radio Televisión Española, esta Unidad luego se llamó Regimiento de la Red Permanente y Servicios Especiales de Transmisiones.

En el Centro de Transmisiones, destacamento de La Coruña ( EGJ ), permaneció varios años que recuerdo con nostalgia. Cuando yo regresaba de clase, las tardes en que él estaba de servicio, practicábamos el morse con una chicharra y un manipulador. En aquellas clases participaban como docentes en mi aprendizaje de morse, mi padre y los demás operadores de radio del destacamento. Los entonces Cabos Primeros Gil Herrero, Palacios, Marina, Nogues Caro y otros tantos que no recuerdo bien. Mi padre manejaba el manipulador o el maniple con las dos manos al transmitir, y cuando recibía él, lo hacía perfectamente bien aunque lo hiciesen a mucha velocidad, como si escribiese una carta. Al finalizar la transmisión seguía escribiendo cuatro o cinco palabras más que retenía en la cabeza.

Al ascender a Brigada pasó destinado al Regimiento de Transmisiones de El Pardo. En ésta Unidad ejerció la docencia con su carisma especial y su experiencia. De su trabajo salieron los operadores de radio que se trasladaron al Sáhara con la Compañía Expedicionaria, organizaba las prácticas de radio con las estaciones en el campo y con su buen hacer se ganó con creces la estima de sus alumnos y la confianza de sus Mandos. Cuento aquí dos anécdotas que conocen muchos de sus alumnos y que reflejan su gran condición humana.

El Coronel del Regimiento ordenó un día que todos los Cabos Primeros tenían que poseer el título de Operador de Radio si su deseo era continuar en el Ejército. Muchos ya poseíamos dicho título pero un grupo de ellos comenzaron a temer por su profesión. Tenían dos meses de clase antes del exámen así que pusieron su disposición en las manos del Brigada Parra.
Para algunos aquello se le hacía muy cuesta arriba y su profesor lo sabía por lo que, en su defensa y pocos días antes del exámen, preparó éste de forma segura para que todos superasen la prueba. Les dió el texto que iba a transmitir, un artículo de la Guardia Civil, señalándoles que:
"Finalizaré en la palabra DISCIPLINA, luego oireis el punto y ahí se acaba, debeis cometer algún error pequeño, escribir mal y juntar algunas palabras que no importará nada".Llegó el día del exámen. En la presidencia el Coronel y algunos Jefes. La prueba transcurrió como estaba previsto y al finalizar la transmisión el Coronel pidió los papeles. Parecía todo correcto pero al llegar a uno de los exámenes hizo un gesto de extrañeza, comenzó a leer en voz alta lo recibido por aquel alumno -que no digo quien era- y al llegar a la palabra disciplina no se detuvo !! continuó leyendo hasta terminar el artículo!!. Pasó los exámenes al resto del tribunal y los ojos de todos se dirigieron al Brigada Parra. Éste, muy tranquilo, recogió los papeles que le devolvía el Coronel, esperaba la explicación del profesor.
El Brigada miró al alumno que había cometido aquel desaguisado, me imagino que en aquel momento tremendamente azorado, y dirigíendose al Coronel explicó:
"Éste alumno ha tenido mucha suerte mi Coronel, se está preparando para ingresar en la Guardia Civil y se sabe el artículo de memoria".Los jefes dieron por buena la explicación y se marcharon, no sin antes felicitar a los alumnos y al profesor. Tras cerrarse la puerta del áula, y cuando el Brigada iba a recriminar al alumno por su torpeza, se escucharon grandes carcajadas en el exterior, que por supuesto coincidían con las del resto de los alumnos.

Y ésta otra anécdota me la cuenta así, casi con las mismas palabras, otro alumno suyo, el Comandante de Ingenieros, actualmente radioaficionado, D. Felipe Gallego Nogales con el que comparto muchas veces agrable tertulia.
"Un día, en la explanada del patio, nos explicaba tu padre el funcionamiento de una estación de radio alemana. Al llegar a un determinado mando de la misma se leía EIN y en el otro extremo AUS.
"Fijaros muchachos (pues así nos trataba), este mando es para poner en marcha la estación y para que se apague. Para que lo recordeis EIN podría decir "eincendido", ¿y AUS mi Brigada?, -preguntamos-. AUS podría decir "AUSCURAS"...

En Noviembre de 1957 se formó en el Regimiento la Compañía Expedicionaria que habría de partir hacia el Sáhara. Él fué el encargado de escoger a los operadores de radio, de poner las estaciones a punto para su transporte y el material que utilizarían los operadores para su trabajo. Era sin lugar a dudas la mano derecha del Capitán en este menester, ya que los demás especialistas se encargaban de otros trabajos, como grupos electrógenos, baterías, material de telefonía, etc.

Cuando viajábamos en barco, en las bodegas, mareados hasta el límite, sin comer casi y devolviendo al mar lo poco que había en los estómagos, él era , con otros Mandos, el que más asomaba la cabeza en lo alto de la escalerilla y animaba a la tropa. Una vez que se asomó dió unas palmadas para llamar la atención y excamó: "Vamos, arriba, hay que comer, teneis que llenar el estómago para combatir el mareo, hay patatas con carne y un bocadillo de jamón".
Patatas con carne quizás hubiese, y algo más también, pero de bocadillo de jamón nada. No obstante aquel aviso consiguió que algunos se levantaran a comer, asi como la general chanza de los compañeros.

En el Sáhara fué el alma del trabajo, incansable en la perfección de la tarea diaria, siempre probando estaciones, comprobando frecuencias, la eterna estación directora de la malla en las salidas y el que solucionaba los problemas cuando éstos surgían.

Jesús García Portero, uno de los operadores de radio que allí trabajaron a destajo, me contaba hace solo unos días:
"Recuerdo cuando salíamos de madrugada con la emisora, que tu padre nos metía en el coche naranjas, y algunas veces comida, ¿De dónde las sacaba?
Yo sabía que las naranjas eran de las residencias de oficiales y suboficiales, y más de una vez las obtenía en las tiendas del zoco.

El día 13 de Enero de 1958, durante la batalla de Edchera, era como siempre la estación directora en Aaiún. Fué la referencia, el apoyo, el aliento que precisaban los operadores de radio inmersos en su trabajo y en el combate. Hubo un momento, durante la batalla, que me dijo así, más o menos: "para ahorrar baterías, tú marca la forma, los silencios y las pausas, y tranquilo, muy tranquilo, que estoy aquí siempre en escucha permanente".
No olvidaré nunca aquellas palabras. Durante todo el tiempo, ese día, me solucionó muchos problemas. Uno, importante, era la carga de las baterías para las estaciones. Para eso me dió la solución que de momento resolvía algo,
- Mueve las baterías, agítalas sin derramar el electrolito, que descansen luego unos minutos y a trabajar un rato más.Sabio consejo aquél, y dió resultado, me ayudaron muy efectívamente los legionarios - enlaces- que acompañaban al Comandante.

El trabajo, de noche se hizo muy dificil por las interferencias. La comunicación era en grafía y él se encargó de buscar otras frecuencias, recuerdo que en la conversación, que naturalmente nadie de mi entorno entendía, (morse), me hacía preguntas intrascendentes, no muchas por el asunto de las baterias,pero si me decía: ¿has comido?, ¿,tienes frío?, ¿quien está a tu lado ahora?, Han tenido que pasar varios años para comprender el significado de aquellas preguntas.

En la Operación Eccuvillón (Ouragan) que tuvo lugar en el mes de Febrero (Operaciones Hispano-Francesas) colaboró activamente con las transmisiones francesas desde El Aaiún, ésta vez con dos estaciones más potentes que llegaron a la Compañía antes de las operaciones. Por este trabajo fué felicitado por el Gobierno francés y condecorado con la Cruz al Valor Militar (Croix de la Valeur Militaire)
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En el Brigada Parra, se aunaban a su gran inteligencia, una gran preparación en su oficio, fruto de la experiencia y amor por su profesión, una notable sencillez y tremenda humildad en el trato con las personas, sin diferencias de rango y condición.

Había sido marino en su juventud, después, en sus últimos años, su afición era la pesca. Salía con su barca de pequeño motor por las mañanas temprano, en la costa gallega, y cuando regresaba , muchas veces, repartía lo que había capturado entre sus amigos del muelle. Una vez que fuí a visitarle, ante mi extrañeza por aquella acción me respondió: "son coleguillas de caña y los calamares no se pescan en las rocas, además -sonreía-, si le llevo más pescado a tu madre me hecha de casa".
El Brigada Parra falleció en mis brazos, en 1.996, cuando lo trasladábamos al hospital en una ambulancia. Momentos antes, sentado yo a su lado, sentí una sensación extraña al verlo con un sencillo pijama como único atuendo. Tan grande por dentro pensé, y tan sencillo por fuera...

Ahora recuerdo al poeta:

" Cuando llegue el día del último viaje
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo, ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hombres de la mar".

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Francisco Parra Vidal. Abril de 2008