Historias de El Pardo

Un lugar para el recuerdo de los Veteranos del Regimiento de Transmisiones



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23/02/2026

23-F: la noche en que la democracia española se puso a prueba



Cada 23 de febrero, España vuelve la vista atrás hacia una de las jornadas más decisivas de su historia reciente. El 23-F no es solo una fecha en el calendario: es un recordatorio de la fragilidad y, al mismo tiempo, de la resistencia del sistema democrático nacido tras la Transición. 

La tarde del 23 de febrero de 1981, mientras el Congreso de los Diputados votaba la investidura de un nuevo presidente del Gobierno, el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero irrumpió en el hemiciclo pistola en mano, acompañado por un grupo de guardias civiles. Los disparos al techo y los gritos de “¡Quieto todo el mundo!” quedaron grabados para siempre en la memoria colectiva de varias generaciones. 

En aquel momento, la joven democracia española atravesaba una etapa de incertidumbre. El desgaste político, la violencia terrorista y la crisis económica alimentaban un clima de inestabilidad. El Gobierno de Adolfo Suárez, artífice de buena parte de la Transición, había dimitido semanas antes, y el sistema parecía vulnerable a aventuras autoritarias. 

Durante largas horas, el país vivió pendiente de lo que ocurría dentro del Congreso y en los cuarteles. La televisión pública interrumpió su programación habitual, y millones de ciudadanos siguieron los acontecimientos con inquietud. La imagen de diputados retenidos en el hemiciclo simbolizaba el asalto directo a la soberanía popular. 

El desenlace llegó de madrugada, con el mensaje televisado del rey Juan Carlos I, vestido con uniforme militar, defendiendo la Constitución y el orden democrático. Aquella intervención resultó decisiva para frenar el golpe y aislar a los sublevados, consolidando el rechazo institucional al intento de involución. 

Más de cuatro décadas después, el 23-F sigue siendo objeto de análisis, debate y reinterpretación. Historiadores y periodistas continúan examinando documentos y testimonios que arrojan nuevas luces sobre lo ocurrido aquella noche. Sin embargo, el consenso básico permanece: fue un punto de inflexión que reforzó la legitimidad de la democracia española. 

Para quienes vivieron aquellos días, el aniversario mantiene una carga emocional evidente. Para las generaciones más jóvenes, en cambio, el reto consiste en comprender que las libertades actuales no son inevitables ni permanentes. El 23-F funciona así como una lección cívica: la democracia no solo se conquista, también se defiende. 

Recordar el 23-F no implica quedarse anclado en el pasado, sino asumir que la historia reciente sigue proyectando su sombra sobre el presente. En un contexto global donde resurgen discursos autoritarios, aquella noche de 1981 adquiere un nuevo significado: el de una advertencia y, al mismo tiempo, una afirmación de la capacidad de la sociedad española para resistir los embates contra sus instituciones. 

17/02/2025

Recuerdos de la mili: una etapa que marcó una generación.


En la imagen que sirve de portada a esta entrada, conmeración del 40 Aniversario de mi ingreso en el Instituto Politécnico nº 2 del Ejército de Tierra en Calatayud (Tercera Promoción de Alumnos Aprendices).

Hubo un tiempo en que, al cumplir la mayoría de edad, muchos jóvenes dejaban atrás su hogar para enfrentarse a una experiencia que les cambiaría para siempre: la mili. Hoy, con la perspectiva que dan los años, miro atrás y revivo aquellos momentos con una mezcla de nostalgia, orgullo y cariño, pues se cumplen 45 años de mi primera entrada por el Cuerpo de Guardia del Regimiento de Transmisiones, con guarnición en El Pardo.

El prmer día: de la incertidumbre a la rutina

Nadie olvida su primer día en el cuartel. Llegábamos con la cabeza llena de historias, algunas exageradas, otras ciertas, pero todos con la misma pregunta en mente: ¿Cómo será realmente esto?. De repente, pasábamos de la comodidad del hogar a un mundo de disciplina, uniformes impecalbes y órdenes que debían cumplirse sin rechistar. La adaptación no era fácil, pero con el tiempo, la rutina se converrtía en nuestro día a día.

Compañerismo: la familia que se elige

Uno de los mayores regalos de la mili fue la gente que conocimos. Al principio, éramos desconocidos con historias de vida distintas, pero poco a poco nos convertimos en una familia. No importaba de dónde vinieras, en el cuartel todos éramos iguales. Aprendimos a confiar unos en otros, a apoyarnos en los momentos duros y a reírnos incluso en las situaciones más absurdas. Porque sí, la mili tuvo momentos difíciles, pero también nos dejó anécdotas que todavía hoy contamos con una sonrisa.

Lecciones que duran toda la vida

La mili no sólo nos enseñó a hacer la cama en tiempo récord o a desfilar con precisión. Nos ensenaron disciplina, resiliencia y, sobre todo, el valor del esfuerzo. Aprendimos que el respeto y la camaradería pueden surgir en los lugares más inesperados y que, a veces, las amistdes forjadas en situaciones extremas son las que más perduran.

El fin de una etapa, el principio de otra

El día que nos licenciamos, sentimos una mezcla de alivio y nostalgia. Volvíamos a casa, a nuestras vidas, pero con la certeza de que nunca volveríamos a ser los mismos. La mili nos había cambiado, nos habíad hecho más fuertes y, aunque en su momento no lo supimos ver, nos dejó recuerdos que hoy valoramos con cariño.


En una encuesta realizada en el perfil de Faccebook Regimiento de Transmisiones Tácticas 21 El Pardo entre quienes pasamos esos días en esta Unidad, los resultados resultan significativos



Un lugar para el recuerdo de quienes por allí pasamos.

26/06/2018

HISTORIA DE VERDAD, PERO OLVIDADA

Parece que fue ayer, sin embargo quiero referirme al año 1957 del Siglo pasado. Y lo hago sirviéndome de mi memoria, sin manejar fuentes ni textos, simplemente de estos 60 años transcurridos. ¿Qué valor tiene la historia? Naturalmente poco la derivada del olvido –inducido-; ni siquiera por humanidad. Ahora, el volver a insistir en determinados episodios nacionales, es tanto como “predicar en el desierto”, y, del desierto es ésta mi glosa.

Si retrocedemos a esos 60 años, existen unas páginas de nuestra Historia que bien pueden considerarse de honor y servicio a España; sus protagonistas, un buen puñado de jóvenes y sus mandos directos, que, en cumplimiento del servicio Militar, pisaron las ardientes tierras de la entonces África Occidental Española. Es más, fueron protagonistas de enfrentamientos como combatientes –junto con la Legión, Regulares y profesionales de fuerzas de Mar y Aire- en el transcurso de los meses que duró la pacificación en Sidi-Ifni y Sahara. Muchos perdieron su vida, otros heridos; fue esta su contribución en definitiva y, lamentablemente por “una causa perdida”.




Y fue a partir de la Ley 39/2007, de 19 de noviembre, de la carrera militar (Número expediente 713/000456), cuando se atisbaron síntomas de interés, promovidos con infinidad de gestiones ante estamentos del Gobierno, llevadas a cabo por la totalidad de Asociaciones de Soldados Veteranos de toda España que participaron en aquella contienda. Mientras, ante tanto intento fallido, al día de hoy no hemos conseguido ningún reconocimiento, ni tampoco moral, además de contemplar la denigrante
desaparición de las hojas de la Historia patria de todos. ¿Cuál es el origen infausto de esa omisión definitiva?... ¡Qué suerte tuvo otrora la Historia con la generación de escritores del 1898 !

Pero como lo importante es el recuerdo, acompaño un conjunto de efectos alusivos a la aportación con que el Regimiento de Transmisiones nº 1 de El Pardo participando con una Compañía Expedicionaria de Radio, de la que formé parte. Coincide la fecha del 29 de Junio de 1958, la de nuestro regreso, llegada y recibimiento al Cuartel. Y de nuevo, un recuerdo al que no pudo estar con nosotros el Cabo 1º Francisco Fernández Mayoralas Ruíz. Sea esta una manifestación de solidaridad con todos los expedicionarios combatientes y caídos.

¡VIVA EL EJÉRCITO ESPAÑOL! ¡HONOR AL REGIMIENTO DE TRANSMISIONES Nº 1 !

Un abrazo.
José Rafael Manuel Sabaté

21/05/2012

UNA AGRADABLE SORPRESA

Hace nada más que 53 años, Mari Carmen, la que hoy sigue siendo afortunadamente mi esposa, tan sólo contaba 15 años de edad, acabábamos de conocernos, ella se encontraba en mi pueblo, yo en el Regimiento de Transmisiones del Ejército de El Pardo. Llegó su cumpleaños y, este pobre soldadito que tan solo acumulaba en sus bolsillos algo de pelusa, decidió quedar bien con su flamante novia. Como yo solía visitar casi a diario al Cristo Yacente de El Pardo, aprovechando que los frailes franciscanos que custodian la venerada imagen vendían algunos recuerdos: medallitas, pañuelos, postales, etc. Hice un sacrificio en mi paupérrimo bolsillo y me decidí por algo que pudiese enviar por correo postal. Adquirí un bonito pañuelo y se lo remití a mi novia con mi felicitación.

El obsequio le gustó mucho, según me comunicó, pero tras más de medio siglo de aquello, ya lo tenía más que olvidado. Hace unos días, realizando limpieza por los lugares más recónditos de la casa, vi el pañuelo que mi esposa tenía celosamente guardado en una cajita con otras cosas de mucho valor sentimental para ella. Seguía con las dobleces originales y, al desplegarlo para verlo mejor, se quedaron los pliegues tan marcados que ha sido imposible eliminarlos.

Mi alegría ha sido indescriptible, aquél pañuelo que fue el primer regalo que yo le hice a mi esposa ya lo tenía olvidado. Aquí os mando la foto para que disfrutéis como yo de su contemplación.

Un saludo para todos.

Antonio Colomina (Alicante)

22/08/2011

Bilbilis Augusta

Me permito, como coautor de este blog, orgulloso de mi cuna bilbilitana, ofreceros este video del yacimiento de Augusta Bilbilis. Incluso en mi época de El Pardo, muchas fueron las visitas que hice. Los avances desde entonces son espectaculares.
 Espero sea de vuestro interés.




Bílbilis. 40 años de investigaciones from Museo de Calatayud on Vimeo.

02/07/2011

Mágico 1959

Como es habitual, Colomina nos deleita  con un nuevo relato, el cual es publicado ya por derecho propio, en la convicción de que será de interés para todos los lectores.

colaboradores blog
(De Dulcinea al Pájaro y otros eventos)
Era el mes de junio de 1959 cuando mi regimiento recibió la orden de participar en unas maniobras militares en La Mancha, cuyos ejercicios se denominaron “Operación Dulcinea”; fui seleccionado para esas acciones y me vi de lleno inmerso en aquellos yermos y polvorientos campos: Albacete —campamento base—, Madridejos, Los Yébenes, Mora de Toledo, El Toboso —pueblo de Dulcinea, amor platónico del hidalgo D. Quijote—, y tantos lugares áridos de aquella parte de España. Me destinaron con un vehículo Jeep y su correspondiente emisora de campaña MK II, al puesto de Mando. Mi cometido era entregarle en mano al Capitán General D. Agustín Muñoz Grandes los radiogramas cifrados que se recibían para él. Este general era afable en sentido inverso al piramidal. Es decir, cuanto menos graduación tenía su subordinado, más amable era con él. De ahí que, yo que tan sólo era un simple cabo radiotelegrafista, me tratara con tanta deferencia, era hasta agradable llevarle los despachos. Siempre correspondía con una sonrisa, o con la frase: “Gracias, muchacho”, mientras te tocaba con su mano el hombro.
Acabamos las maniobras y todos los intervinientes nos reincorporamos a nuestras unidades respectivas. Al poco tiempo se recibió una orden de la Capitanía General en la cual, por el éxito de las maniobras, se debía recompensar a toda la tropa participante en la “Operación Dulcinea” con un permiso insólito hasta ese momento en el ejército: del 16 de julio al 16 de octubre.
El día 16 de julio de 1959, (jueves) a las 21 horas, partía desde Atocha en el Cartagenero con dirección a Murcia con mi generoso permiso de tres meses en el bolsillo.
La noche fue larga, aquella locomotora de carbón parecía no moverse. Bien entrada la madrugada, tras un café de puchero tomado a toda prisa en la cantina de la estación de Albacete, tuve que armarme de paciencia para ver las claras del día. Mis compañeros de viaje, dos monjitas, un infante de marina, un matrimonio de edad avanzada y unos labriegos que se apearon más tarde en Hellín, no sabían donde reposar la cabeza. Las que peor lo pasaron fueron las religiosas que, con aquellas tocas almidonadas, no podían girar la mirada hacia ninguna otra parte que no fuera de frente, sin embargo, sufrían aquella incomodidad con gran resignación.
Por fin llegamos a la estación de Murcia del Carmen. ¡¡Ya estoy en casa!!—respiré aliviado—. Eran las 10 horas del día 17 de julio de 1959 (viernes).
Con carbonilla en los ojos, pero con una inmensa alegría, esperé el cercanías que cubría la ruta Murcia-Alicante. Asomado por la ventanilla y respirando profundamente el aire de la huerta, no apartaba mi mirada deseando vislumbrar ese emblemático edificio oriolano que nos despide siempre y nos da la bienvenida: El Seminario de San Miguel.
El tren comienza a aminorar la marcha, frente a mis soñolientos ojos la fábrica de harinas Serrano. La cantina que regentaba Antonio, abierta. Un guardia civil con graduación de brigada vistiendo uniforme de paseo parecía esperar a alguien. El señor Cámara, acariciaba la cabeza del caballo que tiraba de su galera en la puerta de la estación, dispuesto para recoger las sacas de correos… ¡¡No me cabe la menor duda, estoy en mi Orihuela!!...
Con mi maleta en la mano, enfilo la parte central de Los Andenes encaminándome hacia la casa de mis padres, llego a la calle José Antonio y atravieso hasta la plaza Nueva por la angosta calle de la Acequia. Un murmullo de gente llega hasta mis oídos. El parque central de la plaza me impide ver con claridad, me sitúo en la puerta del Café Colón junto a algunos curiosos, de pronto la Unión Lírica Orcelitana, bajo la batuta de don Bienvenido Espinosa, comienza los sones del Himno Nacional, la puerta del Ayuntamiento llena de gente que aplaudía. ¡¡Dios mío, si están descendiendo la Enseña del Oriol desde el balcón!! ¡¡Es el “Día del Pájaro Mirlo!!” Al ir vistiendo el uniforme, dejé caer la maleta sobre el suelo y cuadrándome, pasé a la posición de primer tiempo del saludo militar.
Entre los allí presentes, como siempre, don Atanasio Díe que vestía su uniforme de gala de Jefe de la Policía Municipal, acompañado por el guardia don Manuel Molera —conocido popularmente por el apodo de “El Gallina”—. Maceros con su peluca blanca portando sobre sus hombros la plateada maza, alcalde, concejales y demás autoridades locales presidían el desfile. Todos acompañados por un nutrido número de oriolanos se dirigen en solemne procesión cívica hacia la iglesia de las Santas Justa y Rufina. Yo, me sumo al cortejo hasta la calle del Ángel, allí, abandono la comitiva para llegar hasta la casa de mis padres que me esperaban deseosos de abrazarme, no sin antes, acercarme a la calle de la Feria donde un vecino siempre instalaba ese día en su pequeño balcón una réplica en miniatura de la Enseña Oriolana, era tan perfecto que todos los años me quedaba ensimismado contemplándola.
Aquél verano fue mágico para mí, creo que para mucha gente. La juventud comenzaba a despabilar tras un largo letargo y se palpaba en el pueblo un ambiente inusual. La Feria, que antaño se limitaba al mercado de ganado y algunas atracciones para los niños, se había transformado en un bullicio sin precedentes, las casetas de venta de juguetes y otros artículos formaban dos filas en la avenida de Teodomiro que comenzaban en la puerta del Sanatorio de don Angelino Fons, y acababan muy cerca de la estación. Las atracciones eran numerosas, la terraza del Kiosco Medina estaba siempre abarrotada. Aquél año, algunos jóvenes oriolanos obtuvieron un permiso de don Antonio Pujol, director del colegio La Graduada, para realizar en sus patios verbenas populares. El Ayuntamiento organizaba concursos todas las tardes: cucañas para los más atrevidos que trepaban el enjabonado poste con la esperanza de conseguir el pollo o el conejo que había en lo alto, suelta de globos, carreras ciclistas de cintas, carreras de motos, rotura de pucheros con los ojos vendados… La glorieta por las noches se convertía en todo un espectáculo de varietés. Artistas famosos de aquél tiempo como: Gelu, Serenella, Lolita Garrido, Juanito Segarra, Las hermanas Fleta, Torrebruno, José Guardiola… Todos se dejaban oír, unos personalmente, otros por los altavoces de las distintas atracciones feriales. Pero aquél verano del 59 algo hizo vibrar a la juventud de entonces: El I Festival de la Canción de Benidorm.
El Festival de Benidorm cuya primera edición fue presentado por el famoso locutor Bobi Deglané, constituyó un rotundo éxito, se alzó con el primer premio la canción Un telegrama, interpretada por la bellísima Monna Bell. La melodía fue una locura, se escuchaba por doquier. Pero la juventud quería más, estaba ávida de modernidad y demandaba ritmos nuevos que dejaran atrás las tristes canciones de Antonio Machín, Juanito Valderrama, Conchita Piquer…
Los almacenes oriolanos se adornaban con banderitas y bombillas de colores para los bailes de las tardes domingueras —guateques—, las chicas comenzaban a acortar sus faldas y la media manga camisera se convirtió en manga japonesa, los escotes se hicieron más generosos… Los chicos cambiaron el entretelado traje de mil rayas por vistosos mambos —prenda amplia de colorines que vestían por fuera del pantalón, influenciados, quizás, por Pérez Prado y su orquesta—. Los primeros vaqueros hacían su aparición entre los jóvenes más vanguardistas, España en general y, por ende, también Orihuela, comenzó a cambiar de color y de ritmo.
Pero el modernismo fue acaparándolo todo, la humilde bicicleta se iba paulatinamente sustituyendo por la moto Guzzi, Vespa o Lambretta. El modesto chato de vino por el gin tonic y el cubalibre, y el ‘platico’ de habas o la media patata asada en el horno por la ensaladilla rusa, la mojama y las aceitunas rellenas de anchoa.
Históricamente, ocurre un hecho de suma importancia para nuestra ciudad, el 15 de agosto, festividad de la Asunción de la Virgen María, se ejecuta la Bula del Papa Juan XXIII y se erige en concatedral la colegiata de San Nicolás de Bari de Alicante, pasando a denominarse la diócesis de Orihuela-Alicante. Recordemos que desde 1954 era obispo de Orihuela D. Pablo Barrachina y Estevan, natural de Jérica (Castellón), el cual trasladó la curia y su residencia a la capital de la provincia.
Pero para mí, como joven oriolano, lo que más me entusiasmó fue acudir a Los Arcos a presenciar el encuentro amistoso que se celebró el 30 agosto de 1959, entre el Orihuela Deportiva y el Real Madrid. El resultado fue abrumador para el Orihuela Deportiva, pero yo disfruté mucho viendo en las filas del equipo escorpión a mi buen amigo Andrés Porras que, a pesar de la derrota, realizó un gran partido.
En cuanto al cine, aquél verano pude disfrutar de las inolvidables terrazas del “Riacho” y del “Cargen”, donde se podían ver películas de la categoría de Vacaciones en Roma, con un joven y apuesto Gregory Peck y la bellísima Audrey Hepburn, ambos paseando por la ciudad eterna en Vespa. O, a los incomparables Gene Kelli y Leslie Caron en Un americano en París… Y todo ante una buena empanadilla con su correspondiente quinto de cerveza.
El mágico verano de 1959 en Orihuela, que comenzó para mí el “Día del Pájaro” y finalizó el 16 de octubre, fue “mi verano”, el más feliz de mi vida, por todo lo narrado y también, debo decirlo, porque conocí paseando por Los Andenes a Mari Carmen, una chica de 15 años que más tarde se convertiría en mi esposa, la madre de mis hijos, y la orgullosa abuela de mis nietos.

Antonio Colomina Riquelme

14/06/2011

Pasado y presente...

Recordando mi llegada a El Pardo, allá por diciembre de 1979, rememoro aquel primer viaje que un paisano mio nacido en Bilbilis hace mil novecientos setenta y tres años, hizo a Roma. Él con 24 años y yo con 18...a Madrid...y los dos con la maleta llena de ilusiones. Marcus Valerius Martialis partió hacia la "señora de el mundo". Yo lo hice hacia la capital de España.
Gracias a él, conocemos mejor la vida cotidiana de la Roma de los césares. Yo, sin embargo, poco o nada estoy aportando para que se conozca la vida cotidiana de El Pardo. Pero esto puede cambiarse.
Durante su estancia en Roma, hasta que el invierno de la vida tiño de blanco sus sienes, Marcial siempre tuvo presente los años de su juventud en tierras céltibéricas hasta que regresó a su Bilbilis natal. Y en este punto, sí que puedo compararme a él, pues el recuerdo de la mía también reina en la mayor parte de mis ratos de ocio.
Roma...Madrid...siglo I...siglo XXI...dos juventudes en busca de futuro...
¿seré recordado dentro de veinte siglos como lo es él ahora?. Con toda seguridad no. Por eso quiero aprovechar el presente para recordar el pasado, para que éste contribuya a dulcificar aquél. Somos lo que el transcurso del tiempo ha querido hacer con nosotros, aunque en ocasiones, haya sido en contra de nuestra voluntad...
Parafraseando cinematográficamente esta circunstancia, como bien decía Máximo Décimo Meridio, en Gladiator, "lo que hacemos en la vida, tiene su eco en la eternidad". A lo que yo añadiría, "sin olvidarnos de la sagrada antigüedad".
Gracias, amable lector, por leer estas palabras que, aun cabiendo en un puño, desbordan mi capacidad de sintetizar un recuerdo.
un saludo

Camino del cuarto aniversario...

Recuerdos del servicio militar y de una juventud que paulatinamente se va distanciando de nuestro horizonte presiden el alma de este Blog dedicado a todos los que conocieron El Pardo en épocas pretéritas. Dos aspectos ínextricables y férreamente ligados sin distinción de épocas, pues el recuerdo es imperecedero, tanto en los más veteranos como en quienes abandonaron el Regimiento en épocas más recientes.
Vamos camino del cuarto año de existencia y el espontáneo vinculo que nos une a autores y colaboradores es cada vez mas digno de tener en cuenta por aquellos que se empeñan en negar el principio de amistad que nacía de aquella convivencia en los cuarteles.
La actual relación de derecho laboral que une al soldado profesional con las Fuerzas Armadas dista mucho de la obligacion que en su día tenia todo español. Indudablemente, hoy también existe compañerismo en el seno de las unidades. Pero es un compañerismo de naturaleza laboral. El mismo que pueda existir en cualquier centro de trabajo. Un compañerismo limitado a las horas productivas y poco más. Obsérvese la diferencia entre "hicimos la mili juntos" y "trabajamos juntos".
No se trata de argumentar a favor o en contra de uno u otro sistema ni de poner en tela de juicio ninguno de ellos. No es este el sentido de estas líneas. De lo que se trata es de constatar, a través de la experiencia de estos últimos cuatro años y en el ámbito concreto del Blog "Historias de El Pardo", que aquel servicio militar ha unido a mucha gente distante en el tiempo y en el espacio geográfico. Compañerismo en estado puro sin concurrir el elemento presencial y salvando la distancia cronológica.
Este, y no otro, es el espíritu de este Blog. Si con su lectura conseguimos que una sola persona comprenda en toda su dimensión el sentido de estas líneas, nos damos por satisfechos. Es una humilde pretensión. Pero la aspiración va mucho mas allá, en unos tiempos en los que gran numero de principios y valores se irán perdiendo irremediablemente si no ponemos algo de nuestra parte. Desde Historias de El Pardo ya lo estamos haciendo, rindiendo culto a la amistad y profesando el arte del compañerismo.
un saludo

10/09/2010

Recordando viejas aspiraciones

 

Fueron pocos días, pero para mi significaron poder mirar atrás en el tiempo y recordar aquella aspiración, ya lejana, de formar parte de la Academia General Básica de Suboficiales. Un anacronismo que, paradójicamente, supuso para mí una enorme satisfacción.

 

23/04/2010

En busca de antiguos compañeros..

Muchos son los lectores y visitantes de este blog los que dejan sus mensajes con el objeto de poder contactar con antiguos compañeros del servicio militar. Algunos ya lo han conseguido, otros siguen intentándolo. Tanto los autores como los colaboradores os seguimos animando a utilizar este espacio para rememorar aquellos años con el deseo de que así sea.

Saludos desde Madrid, Canarias, Aragón, Comunidad Valenciana y Cataluña

09/04/2010

Suboficiales AGBS

Una nueva sorpresa para sumar a la lista de recuerdos de mi servicio militar ha sido encontrar en la red a alguien que debió pasar por el IPE de Calatayud no muy lejos de la época en la que yo estuve. 

Seguro que a algún lector también le traerá buenos recuerdos.

28/03/2010

Calle dedicada al Rgto.de Transmisiones

Buscando en el Street View de Google Maps, hemos encontrado una calle dedicada a nuestro viejo Regimiento. Está en el distrito postal 40005, en Segovia capital. La calle Regimiento de Transmisiones es perpendicular a la calle Manuel García Gutiérrez. Se encuentra en la zona centro-sur de la ciudad y cercana a la Avenida de Juan Carlos I.


28/01/2010

En honor a todas sus promociones



C
Desde el recuerdo de mis aspiraciones a ingreso en la 5ª promoción y con la emoción de volver a vincularme con las  Fuerzas Armadas aunque sea de forma temporal y voluntaria como Suboficial RV, treinta años después, dedico esta entrada en honor a todos los que pasaron por El Talarn y que hoy en día son eslabón fundamental en la estructura de las Fuerzas Armadas.

12/12/2009

Navidad...hace 30 años...

Fue tal día como hoy, 12 de diciembre, pero de hace treinta años, cuando se me comunicó que mi destino era el Regimiento de Transmisiones. Fueron unas navidades especiales pues tras dos años como Alumno Aprendiz del Instituto Politécnico del Ejército, había que completar la formación "pactada". Recuerdo que las viví con una especial emoción, pues me marchaba nada más y nada menos que a Madrid y ante los amigotes esto era un punto de "superioridad técnica".


Eran días en los que por los garitos y bares sólo se escuchaba el "Feliz Navidad" de Boney M., pues por aquella época este grupo arrasaba en las listas de éxitos, y ante mi inminente incorporación a mi unidad, había que aprovechar hasta el último minuto de "libertad".


Tras dos años, como digo, de formación pre-militar, por fin iba a pertenecer a las Fuerzas Armadas en plenitud. Era la época en la que por Calatayud, los miércoles y los fines de semana las calles se inundaban de Caballeros Alumnos de la AGBS y "pitufos" de las ya tres primeras promociones completas...corbata azul, corbata roja y corbata amarilla...


En las dos discotecas de aquel entonces y en la mayoría de establecimientos expendedores de bebidas predominaban las cadeteras blancas y las chaquetas azules, pues ir de paisano era entonces sinónimo de arrresto.


Qué diferente el Calatayud aquél al actual...


Siempre que voy allí y paso por la actual Academia de Logística, no puedo evitar recordar aquellos años y acordarme de lo que un día fueron esas instalaciones y las gentes que las poblaban...


Treinta años después, si me dieran a elegir, no lo dudaría...¿acaso dudaría alguien si le dieran a elegir?

02/11/2009

El periódico del soldado y el marinero


¿Alguien se acuerda de este periódico?. “Empuje” era un periódico quincenal que aparecía de vez en cuando encima de las mesas de las oficinas de las compañías o en las de la cantina. Apenas tenía 12 páginas. El director era el comandante de Ingenieros D. Félix Martialay. Se subtitulaba como “el periódico del soldado y el marinero”. Impreso en los talleres del Boletín Oficial del Ministerio del Ejército tuvo una andadura de unos 30 años: desde 1.954 hasta 1.985. Traía temas variados, artículos sobre historia, consejos sobre cómo pasar una mili mejor, humor, pasatiempos y noticias de interés para los soldados de la época. Estamos hablando como es natural de los años 50, 60 y 70. Aquí presentamos dos cabeceras de aquella publicación que a veces te hacía pasar un rato entretenido. Si algún veterano conserva un ejemplar de este periódico sería interesante que lo pudiese escanear y mandarnos copias para publicarlo en este Blog.


En su editorial del nº 1, publicado el 12 de octubre de 1.954, decía lo siguiente:
“Vamos a iniciar con este periódico una nueva etapa en nuestro servicio. Ya sabes de los soles del campamento, del cansancio de las marchas, de las largas horas de centinela soportando todo lo que Dios quiera mandar. Ya eres parte integrante de nuestro Ejército, ya eres un servidor de la Patria y por eso, soldado, porque eres hermano nuestro en esta empresa de servir a España, hemos hecho este periódico para ti.
Ya sólo queda explicarte el porqué de la palabra EMPUJE, título de este periódico. Para mover algo sabes que es necesario un esfuerzo, un empujón, para que siga moviéndose es necesario seguir empujando. Pues bien, ése es exactamente nuestro propósito y para ello hemos puesto el título de EMPUJE, para empujar, para continuar y llegar a ser, aprendiendo y mejorando, lo que necesita el Ejército y España”.

15/10/2009

Aquellos también maravillosos años 50 y 60

Como sabrán los más veteranos de ese blog, los recuerdos de su paso por el Regimiento conllevan también el hacer lo propio de lo que por sus épocas era lo que más se oía fuera del cuartel. Una época dorada que para los que no somos tan veteranos, sigue todavía muy presente al mirar atrás.


¿Acaso la música de estos videos no trae muy buenos recuerdos a muchos autores y colaboradores de Historias de El Pardo?. Seguro que por unos segundos, su recuerdo de aquellos años fluirá con más emoción.










10/03/2009

los "IMECOS"

Recuerdo también, con especial cariño, aquella época en la que a cada Cuerpo se le empezó a denominar con formas populares y divertidas: paracas, lejías, platanitos, chupetes, muñequitas del aire, Imecos, etc. Estos últimos, Sargentos y Alféreces que cumplían el servicio militar procedentes de estudios universitarios, es decir las antiguas "milicias universitarias", eran algo especial, sobre todo los alféreces. Por un lado eran oficiales y suboficiales, pero por otro también estaban cumpliendo un compromiso, por lo que su trato con la tropa era, digamos, "singular". Y digo esto porque en una ocasión, siendo yo Primero, me ocurrió algo muy curioso con un Alférez de IMEC. Acostumbrado al conjunto de oficiales y suboficiales del Regimiento, para mi, los imecos merecían el mismo respeto y subordinación que el resto y en ese grado iba orientada mi conducta para con ellos...pues ERAN MANDOS, con independencia del origen de galones y estrella.


En una de estas tardes grises de cantina, se corrió la voz de que en la compañía de Autos estaban manteando a un IMECO. Sin pensarlo dos segundos, emprendí la carrera hacia esta compañía dispuesto a pasar por las armas al incauto que estuviese cometiendo tal tropelía, pues yo entendía que en ese momento, los bisabuelos de Autos poco les importaba una estrella de cinco puntas que estaba haciendo la mili como ellos...y estos bisabuelos solo los controlaba un Sargento (en aquel entonces y otro cargo hoy que no digo por lo mucho que le respeto y admiro) y yo, pues la tropa nos comparaba a "mala hostia" con perdón, y no me hacía falta recurrir a un superior para "poner orden" (pues de hecho, en más de una ocasión la gente pedía pases y permisos por no aguantarme cuando yo estaba de semana).


Cada zancada que yo daba mas susodicha me entraba y las primeras escaleras las "ataqué" en dos zancadas (pues con 18 años uno hace de todo). Al entrar en Autos, como yo era conocido en todas las compañías, el cuartelero se puso en pie, creo que me hizo el saludo (no lo recuerdo bien) y me preguntó qué pasaba para entrar con tanto ímpetu. No le contesté y al segundo me di cuenta que fue la típica "tontería de cantina", pero como los "bisas" eran temibles y en aquella época había gente muy ruda y tosca, cualquier cosa podía haber pasado.


Al comentárselo a este Alférez en tono chistoso, la cosa no quedó más que en una simple anécdota. Y es que no podía ser de otra manera...Aunque, sea dicho, ¡¡ menudos eran los bisas de Autos !!...Y si no que lo corrobore alguno que estuviese por allí entre 1980 y 1982 (así el mandaremos saludos).




04/03/2009

Navidad de 1980


De pie y en el centro, el que suscribe, rodeado del furriel, cuartelero y dos compañeros de oficina, en la típica foto navideña en la puerta de Plana. Esta es la última de las fotos que hace unos días encontré por casualidad en una caja de estas que damos por perdidas. Si mal no recuerdo, el día de la foto era viernes y a la mañana siguiente había dispuesto zafarrancho de limpieza, pues yo estaba de Suboficial de Semana preparando el relevo para el próximo , que por cierto era un Sargento de Complemento, que un mes antes había ascendido. Un Cabo 1º con el que mejor me llevaba yo, Medrano Balcells, de Barcelona, a quien, curiosamente, vi entrar como recluta.

En este punto me llega también un grato recuerdo del día que hicimos el relevo, pues a pesar de que este Sargento había sido compañero mio unos días antes, no dejaba de ser para mi un superior al que le debía respeto y subordinación. El relevo se hizo con el correspondiente taconazo, saludo y novedades. No podía ser de otra manera, pues en contra de lo que muchos puedan pensar, en los años que pasé por el Regimiento, en ningún momento dejaba de existir la disciplina, a pesar de producirse situaciones como esta que relato. En lo militar, obediencia debida, en lo personal y fuera del cuartel, verdadero vínculo de amistad.


He de destacar que a fecha de hoy, aquella conducta que aprendí en los años de servicio sigo aplicándola en mi entorno laboral, pues una cosa es cumplir con las obligaciones con el debido rigor y otra es irse de cervezas con esas mismas personas que en un momento dado mandan o acatan determinadas "órdenes". Se puede ser subordinado o superior sin merma de la amistad que entre dos personas pueda existir. Ahí reside, creo, una de las muchas enseñanzas que atesoré en mis cuatro años en las Fuerzas Armadas... Aunque sobre esto también haya opiniones encontradas...Lo dejo al libre albedrío del amable lector de este espacio...

Saludos desde Zaragoza.

Recién ascendido

Entre otras fotos recuperadas del olvido, la de arriba me refresca la memoria hasta tal punto que recuerdo el lugar y hora exacto en la que fue tomada. Fue el dia de mi ascenso a Cabo 1º y eso había que celebrarlo.
Como si hubiese sido ayer, recuerdo perfectamente que esa mañana había acudido a una oficina del Banco Santander de la calle Princesa a hacer un reintegro de 1.000 pesetas. Cantidad esta que, por aquel entonces, daba para mucho, pues con cuarenta duros había para unas cuantas cañas por Arguelles, que era la zona más "visitada". En el momento de tomar la instantánea, que me la hizo otro compañero de "correrías", el hecho de que, siendo ya Cabo 1º no había que formar a retreta, sino que al regresar al Regimiento simplemente había que firmar en la hoja de Cabos Primeros, en el Cuerpo de Guardia, era algo que me llenaba de orgullo y satisfacción. Una etapa nueva se abría en mis todavía apasionadas aspiraciones a ingreso a la Academia General Básica de Suboficiales y los galones me infundían renovadas energías. Tenía toda una vida por delante para consguirlo. Los años me iban a llevar por otro camino, como ya he contado en otras entradas. Pero ese día fue especial, diferente...Sólo me quedaba un paso para alcanzar el tan ansiado grado de Caballero Alumno...
Qué tiempos aquellos...

03/03/2009

La alegría de recuperar fotos perdidas (II)


Antes del nacimiento de este blog, no recuerdo haber tenido tanto afán en revolver rincones de casa en busca de "tesoros" perdidos. Por segunda vez, hace unos dias volví a darme una alegría. Se trata de una imagen de la Jura de Bandera de la 1ª Promoción del Instituto Politécnico nº 2 del Ejército de Tierra de Calatayud, (actual Academia de Logística), en 1979, en la que se me ve a mí, justo detrás del Sargento Xuxo. (Sección 22, Electrónica de Telecomunicaciones, Armamento y Material, 3ª Promoción). Casi todos los Alumnos Aprendices de aquellas tres primeras promociones (al igual que las restantes) están en activo y muchos han llegado a Oficiales, pero las tres primeras son las más significativas pues tres eran los cursos (1º, 2º y 3º) completos en el IPE por primera vez...
Un año después, me destinarían a nuestro "viejo Regimiento" para completar el compromiso adquirido con el Ejército. Por aquel entonces, mis ilusiones estaban en lo más alto...Que buenos recuerdos...