sábado, 20 de diciembre de 2008

Mi primer coche...

Digno es también de contar en un lugar como este, dedicado al recuerdo, que, coincidiendo con mi incorporación al Regimiento en enero de 1980, hubo otra emoción paralela...¡¡ mi primer coche !!. Con el carnet de conducir recién sacado (diciembre de 1979), al sentarme en el que para mi era "el mejor coche del mundo", pues era el primero que tenía, a " pesar de ser de segunda mano, me sentía el hombre más grande de entre los mortales. El coche en cuestión,un 127, tenía ya más de 7 años pero no estaba en muy malas condiciones y para dar vueltas por Calatayud, pues a otra cosa no aspiraba yo por entonces, era más que suficiente.
Pero claro...con un "cochazo" entre mis escasas posesiones, destinado yo a la capital de España y nada menos que a El Pardo...sumando a esto el escaso conocimiento que a los 18 años se suele tener, era inevitable que el viaje, antes o después, surgiese.
Y así fue, en marzo de 1980, en el primer pase de fin de semana que me vino a mano, este primer viaje surgió...y fue el más "emocionante" de los que recuerdo a esa edad...Hubo de todo, pinchazo incluido y decenas de vueltas por Madrid pues por aquel entonces no existían los TomTom actuales. He de reconocer que lo pasé francamente mal, pues la hora de entrada al cuartel se acercaba y Madrid se me representaba cada vez más grande e inhóspito.
Recuerdo que, tras varias vueltas por los alrededores de Madrid, vi por fin a lo lejos la Cibeles y siguiendo las indicaciones de una buena cantidad de amables madrileños, topé con la carretera de El Pardo...
No volví a cometer "tamaña insensatez" durante los dos años de servicio, pero, cuando a fecha de hoy paso o voy a Madrid, no puedo evitar una sonrisa al acordarme de aquel "mi primer coche".
Con el paso de los años, y el vehículo actual que hace el nº 14, los coches los veo como una fuente inagotable de problemas, tanto económicos como de "logística", pues en ocasiones es un verdadero calvario desplazarse con él, sobre todo en épocas de puentes o similares...
Pero es, en fin, una anécdota más a incluir en este blog, sin ninguna importancia, pero que seguro a todos nos ha pasado...
Saludos desde la capital del Ebro

6 comentarios

Fernando: desde luego que un coche provoca mil problemas como tú dices. Pero al menos, da la libertad de poder ir a donde quieras, sin depender de horarios y demás. Aunque, yo no soy el más indicado para poder opinar sobre el tema, pues por no tener, no tengo ni el carnet de bicicleta.

De todas formas, en tu época de mili de los 80 ya érais bastante modernos, es decir, el coche ya se había popularizado bastante.

En mis tiempos de los años 60, delante del cuartel sólo se veían aparcados de dos a tres coches particulares y unas 10 motos. De los coches, uno del teniente Parreño y otro del capitán Bautista. De entre las motos, destacaba una con sidecar, modelo alemana de la II Guerra Mundial, con el nombre de “Nicanora” en el guardabarros delantero. Era la moto del compañero voluntario Ricardo Tobes. Hacía un ruído de motor semejante a un tractor y tenía una palanca de cambios al lado derecho del depósito de gasolina. Una verdadera pieza de museo.
Un abrazo.

Amigo Julio, llevas toda la razón. Yo, un poco antes que tú aún vi menos vehículos particulares alrededor del Regimiento. Recuerdo que algunos lunes llegaba el Comandante Capellán D. Cándido en un coche deportivo descapotable, iba mucho con el capitán Sánchez. Aquél coche era una verdadera atracción para todo el mundo, pero no pertenecía a ninguno de los dos, parece que los llevaba al cuartel algún amigo de Madrid que era el propietario.
De motos, sólo recuerdo una Montesa que se compró el cabo 1º Nogales nada más ascender a sargento. Me la prestó un par de veces y me dí con ella varias vueltas por El Pardo y Mingo Rubio, a pesar de que no tenía todavía el carnet de conducir...
No recuerdo más vehículos particulares y si algún profesional lo tenía no lo llevaba al cuartel, ellos iban siempre en el autobús oficial portando una cartera de piel y dentro sus correspondientes "chuscos".
Un abrazo.
Antonio (Alicante)

Hola a todos. Soy la hija de Ricardo Tobes, el dueño de esa moto llamada Nicanora. Me ha echo mucha ilusión encontrar una referencia sobre mi padre y conocer algo más de su historia, ya que por desgracia murió cuando tan sólo tenía 38 años. Un abrazo

Estimada CTobes:
La verdad que siento mucho el fallecimiento de tu padre Ricardo, que fue compañero mío del grupo de voluntarios que estuvimos en El Pardo en los años 1.964/66.

Cuando fuimos reclutas tu padre dormía en la litera de arriba y yo en la de abajo en la nave de la compañía. En las meriendas que organizábamos por la tarde, nos repartíamos cada uno lo que teníamos, unos ponían el pan, otros el jamón, otros el chorizo, otro aportaba un kilo de tomates y con todo aquello nos dábamos un buen banquete en la cantina.

Tu padre me llevó muchas veces en su famosa moto "Nicanora" desde Madrid-El Pardo o viceversa.
Me acuerdo de que una vez estuve en su casa, que si no me falla la memoria estaba en la Plaza de Pontejos.

Tengo por casa una foto en la que estamos tu padre, yo y otro compañero, que nos hicimos el primer día cuando ingresamos de soldados.

Bienvenida a nuestro Blog y recibe un abrazo.

Resulta emocinante tener constancia de que gracias a este blog renacen antiguos recuerdos ya no sólo en los autores sino también en otras personas como es el caso de la hija de Ricardo Tobes a la que desde este espacio le envío mi más cordial saludo.Siempre hemos dicho que este es uno de los principales objetivos de este blog: crear una especie de "vínculo" entre todos los que directa o indirectamente, conocimos el antiguo Regimiento de Transmisiones.

Bienvenida pues a Hisorias de El Pardo. Esperamos que muy pronto puedas hacernos partícipes de tus recuerdos.

Yo también fui compañero de Tobes, coincidimos en las oficinas donde trabajábamos, creo que él estaba en el archivo con Guijarro. Siento mucho lo de su muerte. Vivía en Pontejos creo que en una casa cuya puerta estaba en un rincón. Le ví varios años después allí mismo.

Gracias por participar.
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