EL TITULO DEL BLOG EN MORSE

jueves, 30 de octubre de 2008
La Compañía expedicionaria que se desplazó al Sahara para reforzar el Batallón de Transmisiones de Guarnición allí, lo hicimos sobre primeros de abril de 1961, la causa fue que, al parecer, las prospecciones de fosfatos que llevaban a cabo en el desierto los técnicos norteamericanos habían sufrido algunas escaramuzas por parte de los marroquíes; con el fin de dar cobertura y apoyo a las unidades de la Legión y Policía Nómada y Territorial, desplazaron a la mencionada Compañía de radiotelegrafistas y desde que llegamos fuimos patrullando el desierto con las distintas Unidades para establecer las comunicaciones entre las patrullas y el puesto de mando en El Aaiún.
A los tres meses de estar trabajando en este sentido, nos vino el relevo. Yo me encontraba entonces con una patrulla en Tisbora y me vino a relevar un cabo. La orden que traía era hacerse cargo de todo el material del que yo era responsable; como me pareció que dejar todo aquello sin llevarme algo a cambio era un poco raro, tuve la idea de escribir, en el único papel que tenía en blanco-el impreso de un radiograma-, un burdo recibo que, si bien no hubiese tenido validez legal alguna, a pesar de ello me hizo marcharme de aquel lugar un poco más tranquilo.
Os remito el desastroso recibo que tuve que escribir encima del capó del Land-Rover a 55º a la sombra.
Un saludo a todos
Antonio (Alicante)

jueves, 23 de octubre de 2008
Los cursos de Trasmisiones eran una característica clásica en nuestro antiguo Regimiento. Raro era el soldado que no había estudiado alguna de las especialidades disponibles. Salvo que tuviese algún destino fijo como electricista, fontanero, sanitario, calefactor, conductor, etc… Eso sí, al hacer el curso de cabo o cabo 1º era obligatorio hacer también una especialidad de Transmisiones.

El curso que más duraba era el de Jefe de Centro (sólo para cabos primeros). Nada menos que seis meses con varias horas de clase diarias. Luego estaba el de radiotelegrafista, mínimo 3 meses. Primero se hacía el curso de radio 3ª que se superaba si recibías 12 palabras por minuto, después el radio 2ª (18 palabras) y el radio 1ª que era el no va más: 22 palabras por minuto. Este último lo tenía muy poca gente, sólo algunos privilegiados de la radiotelegrafía.

Otros cursos dignos de mencionar eran, por ejemplo, el de celador de líneas, muy fatigoso por cierto, pues consistía en subir cable telefónico a los postes, a los que había que incorporarse con la ayuda de unos garfios que se ataban con correas a las botas, denominados trepolines y trepadores.

Una vez aprobado cada curso mediante el obligatorio examen teórico y práctico te daban el carnet y si querías presumir, te comprabas en una tienda el distintivo o chapa correspondiente para lucir en el uniforme, de los que se muestra una pequeña colección en la foto de arriba y aquí debajo la lista completa de especialidades que se estudiaban en El Pardo.

lunes, 20 de octubre de 2008
La Brigada de Transmisiones (BRITRANS) es la unidad del Ejército de Tierra español que presta los apoyos CIS en el despliegue operativo del HQ NRDC-SP (Cuartel General Terrestre de Alta Disponibilidad). Dichos apoyos se materializan en tres niveles.

Por un lado, la BRITRANS proporciona los materiales CIS (Sistemas de Información y Telecomunicaciones) necesarios para que puedan desplegar los tres puestos de mando y el elemento de entrada rápida del Cuerpo de Ejército o del Mando Componente Terrestre. También da servicio a los puestos de mando de las unidades subordinadas. Por último, y a través de la red táctica principal (Red Básica de Área), extiende hacia los puestos de mando del HQ NRDC-SP y de las unidades subordinadas los servicios que la OTAN proporciona a través de sus redes fijas o estratégicas. De esta forma, todos los escalones de la cadena de mando están enlazados y trabajan en el mismo nivel de interoperabilidad.

Los materiales CIS con que cuenta la Brigada de Transmisiones son dos: la Red Básica de Área (RBA) y el Sistema de Información para Mando y Control del Ejército de Tierra (SIMACET). A través de la RBA se transporta toda la información que gestiona el SIMACET.
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Fuentes: Web del Ministerio de defensa.
Foto: cortesía del RT 21-Marines (Valencia)
jueves, 16 de octubre de 2008
'Antonio, como cabo jefe de la misión en el Puerto de Málaga, invierno del 59'.

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En el invierno del 59, recibió el Regimiento una orden de Capitanía General para que designara un cabo segundo y cuatro soldados para dar escolta a un tren mercancías con 17 vagones con “material de guerra”—el material no era otro que un cargamento de barracones de madera con destino a Melilla. La Compañía elegida por el Coronel para este servicio fue la 1ª de Radio. El sargento secretario, con un particular criterio, fue mirando el fichero y me eligió a mí como cabo de esa misión, cuando le pregunté el motivo me dijo que yo, al ser de puerto de mar, estaba familiarizado con los barcos y sería más eficaz que uno de secano que, incluso, podría sentir terror al embarcarse. No me convenció porque el hecho de que yo conociera el mar no me daba ninguna experiencia como marinero, pero acepté disciplinariamente la orden que no tenía discusión.

Nombraron a cuatro soldados que eran familia y de un pueblo muy atrasado del interior, eran labradores y nunca habían visto ni el mar ni nada más fuera de su pueblo hasta que llegaron a El Pardo, eran del reemplazo.

Me hice cargo de aquella misión y, tras recibir unas dietas por manutención equivalente a unos cuantos días—no recuerdo exactamente, pero no muchos—, me dirigí a una estación de ferrocarril de las afueras de Madrid—tampoco recuerdo a cual—con los cuatro soldados, allí me dieron una carpeta con documentación y una relación detallada interminable con todo el material, uno a uno, que contenían los 17 vagones de tren.

Es obvio que no pude hacer un recuento ya que todo iba empaquetado y había miles de bultos. Conté los vagones y examiné su interior que, efectivamente iban llenos de madera. Firmé el recibo y con los cuatro soldados nos metimos en uno de los vagones que, aunque era cubierto—los había que no—, no tenía puerta, hay que recordar que era pleno invierno.

Al llegar a un pueblo de Andalucía—tampoco recuerdo cuál fue—, uno de los vagones comenzó a arder, al parecer, las chispas que desprendían las ruedas de hierro sobre las vías hizo que la madera se prendiera. Enseguida tuvieron que sacar el vagón del convoy y dejarlo en aquella Estación para su reparación, más tarde lo engancharían a otro tren y lo llevarían hasta el Puerto de Málaga. El tren nuestro tuvo que continuar su marcha.

El problema surgió cuando tuve que designar a un soldado de escolta para ese vagón que quedó atrás, como he dicho, eran los cuatro familiares y no querían separarse de ninguna de las maneras. Yo, que sólo tenía 18 años, tuve que imponerme, realicé un sorteo y, ni aún así aceptaban. Aquellos hombres eran muy cazurros, por fin lo conseguí al decirles que si no obedecían la orden daría parte por escrito al regresar. Al final lo conseguí, pero me quitaron el habla para toda la misión.

Mis 16 vagones llegaron al Puerto de Málaga en buenas condiciones, al día siguiente llegó el que había quedado atrás.

Llegó la hora de embarcar y ocurrió peor todavía, el cargamento no podía ir a Melilla en un solo barco, un día salieron unos cuantos bultos, al siguiente día otra remesa y por último el resto.

Cuando salió el primer cargamento tuve que ordenar que se fuese un soldado en ese barco. ¡Más problemas! Le tenían un miedo atroz al barco y decían que primero tenía que irme yo. Les quise hacer comprender que yo era el jefe de esa misión y tenía que embarcar en el último envío. Al final lo pude conseguir, pero cada vez estaban más enfadados conmigo…

Llegamos a Melilla por fin con toda la madera y nos alojaron en la Comandancia de Obras, donde la entregamos. Yo creía que me firmarían el recibí y nos marcharíamos de allí enseguida, pero de eso nada de nada. Tardaron varios días en hacer el recuento y cuando comprobaron que estaba todo firmaron.

Aquellos días fueron horrorosos, Melilla era otro mundo, nosotros llevábamos la indumentaria, el pelo y todo a la costumbre de la Península; la ropa, de dormir con ella en el viaje—encima de los vagones—estaba ya sucia. En aquella Plaza no se podía salir a la calle así, había una vigilancia militar muy estricta, los arrestos se sumaban por cientos, el general Gotarredona—jefe supremo de todo lo que se movía en aquella ciudad era muy severo. Nos aconsejaron no salir del cuartel hasta nuestra partida para la Península. Así lo hicimos.

Como la situación se alargaba, las pocas dietas que percibí en El Pardo tuve que gastarlas, por fin, cuando tuvimos que tomar el barco en el Puerto de Melilla Málaga, aquella noche, me gasté el último dinero que tenía en un bocadillo de sardinas que fue mi cena. Toda la noche navegando llegamos a Málaga por la mañana, no pude desayunar, cogimos el tren hasta Madrid y no probé bocado hasta llegar al día siguiente a El Pardo.

Debo decir que, estos cuatro soldados, malos compañeros e insolidarios, de triste recuerdo para mí, llevaban en su macuto embutidos de su pueblo y dinero, ellos sí comieron en el viaje de regreso, pero a mí no me ofrecieron nada, a sabiendas que llevaba muchas horas sin tomar absolutamente nada. Tampoco me dirigían la palabra fuera de las cosas del servicio.

No guardo rencor hacia nadie, como tampoco me gustaría que me lo guardasen a mí por mis errores. He contado todo esto como una ANÉCDOTA MÁS.
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Antonio (Alicante)
domingo, 12 de octubre de 2008
Resulta cada vez más interesante este Blog del Regimiento de Transmisiones, tanto por las continuas aportaciones documentales, fotografías antiguas y por sus escritos, muchos de los cuales son verdaderamente muy valiosos. Cabe pues felicitar a los autores del blog.
Aunque son varios los mensajes que se reciben es evidente que deberían ser muchos más, por lo menos de las décadas de los 70-80-90 como los menos lejanos incorporados y como usuarios de internet más jóvenes que los componentes de los reemplazos 57-58.
Hasta la fecha, únicamente hemos dado “señales de vida” los Comandantes Parra, Pulido y el que suscribe. El más cercano ha sido Antonio (Alicante), con su ingreso en marzo del 59.
Y aprovecho ahora para corresponder al compañero Antonio (Alicante) por su entrañable y emocionado escrito. Efectivamente, nuestras historias son parecidas así como nuestra relación con los diferentes mandos. Su descripción del ambiente del pueblo de El Pardo y de las sesiones de cine en el Cuartel no tienen desperdicio.
A Antonio sólo le deseo que la vida, pese a la gran adversidad del fallecimiento de su padre le haya sido favorable en todos los sentidos, para él y su familia. Estoy seguro que si.

Mi nuevo intento, es aportar nuevos datos y referencias para ver si conseguimos que de los incorporados el año 1957 (ahora “viejetes” entre 70 y 72 años de edad) den alguna respuesta y así conseguir algún contacto. Y como documentación histórica (porque así debe considerarse), me complace adjuntar las Ordenes del Día, de fecha 8 de junio 1957 en la que se detallan los nombres de los soldados aprobados y aptos para la categoría de Radio Telegrafistas ; la de fecha 30 de julio 1957 hace referencia a la lista de los soldados ascendidos a Cabo. Desde luego, el resultado de la imprenta tenia mucho que desear…
Adjunto el carnet acreditativo de Radiotelegrafista (la foto fue un añadido mío).
Y para completar aún más la documentación, en este caso particularmente familiar, acompaño fotocopias : de la primera carta que recibí de mis padres, una carta mía desde A.O.E. dirigida a ellos y una carta de mi familia el mes de Diciembre, cuyo sobre confeccionó mi padre de manera simpática y alusiva a la Navidad.

Hasta otra amigos.
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José R. Manuel Sabaté
Manresa-Octubre 2008








sábado, 11 de octubre de 2008


Cercano el segundo año de existencia de este blog, quiero dedicar este collage acompañado de esta conocida banda sonora, a Julio, a Rafael y a todos y cada uno de los que día a día colaboran con nosotros con sus comentarios y aportaciones.

Gracias también a todos los componentes de esta histórica Unidad.

Gracias por todo...

y...gracias por estar ahí...

Saludos desde Zaragoza
viernes, 10 de octubre de 2008

Este regimiento tenía su acuartelamiento en Prado del Rey (Madrid), frente por frente de los estudios de RTVE. Se le entregó la bandera de España el 23 de mayo de 1.963 por parte de la Sra. Duquesa viuda de Pastrana, siendo el coronel jefe D. Luis Ubach García-Ontiveros.
A parte de este acuartelamiento, esta Unidad tenía destacamentos en Peñagrande (Madrid), donde estaba la Central Directora y en el edificio de la calle Amaniel ocupado por el Centro de Transmisiones, en donde también se ubicaba un pequeño destacamento del Rgto. de Transmisiones de El Pardo.
Entre las misiones de este regimiento estaban la de operar y mantener la Red territorial de Mando, así como los servicios de Escucha y Localización de emisoras clandestinas.
Había destacamentos con instalaciones de radio en casi todas las provincias de la Península, Ceuta, Melilla y el Sahara.
Su regimiento heredero es el actual Regimiento de Transmisiones 22 (RETES 22).
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Fuentes: Material facilitado por Joan Bordás (veterano de Transmisiones en Villa Bens) a través de Antonio N. Marrero, a quienes agradecemos su colaboración.

Otras fuentes: Revista RED
Día de San Fernando en 1.963





Cabecera de la revista que editaba este Regimiento

El Regimiento heredero
domingo, 5 de octubre de 2008
Traemos hoy aquí un extracto del libro de D. José Belles Gasulla: Cabo Jubi-58. “Memorias de un teniente en la campaña Ifni-Sahara”. Ed. San Martín, Madrid, 1990, que habla de la actuación de las Cías Expedicionarias de Transmisiones en aquel conflicto armado. Explica un poco cómo eran los enlaces y el material de radio que se usó en el Sahara. Se pueden leer los textos haciendo “clic” en las imágenes.
(Información facilitada por nuestro ya colaborador y amigo Antonio N. Marrero)


miércoles, 1 de octubre de 2008
Foto cedida por D. José Luis García Martínez
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Un reportaje publicado por la revista “La Ilustración Española y Americana” nº 302 el 15 de mayo de 1.906


Antigua es la historia de esta Academia, establecimiento militar en el que han recibido la instrucción los oficiales de este Cuerpo, necesaria para el desempeño de sus obligaciones técnico-militares.
Podríamos remontarnos al año 1.598 en que el capitán Cristóbal de Rojas, ingeniero del Rey, daba clases de fortificación en Madrid.
De la academia militar establecida en Bruselas en 1.675 por Sebastián Fernández de Medrano y que subsistió hasta 1.704, salieron muchos oficiales del Ejército con el título de Ingeniero.
O la academia de Barcelona, desde 1.699 a 1.720 bajo la dirección del ingeniero don Mateo Calabro. También las academias de Orán y Ceuta, sucursales de la de Barcelona, fundadas en 1747 y trasladadas en 1.789 a Cádiz y Zamora, respectivamente.
En estos establecimientos se daba la enseñanza de Matemáticas, Dibujo y Fortificación.
La mayor parte de los ingenieros militares del siglo XVIII procedían de la academia de Barcelona.
En 1.803 se fundó en Alcalá la Academia de Ingenieros, siendo su primer director el coronel D. Vicente Heredia. Con los profesores D. Ramón Calvet, D. Francisco Bustamante, D. Luis Veyán, D. Vicente Ferraz y D. Antonio San Genís, el heróico coronel de Ingenieros defensor de Zaragoza.

Poco duró este centro de enseñanza; los sucesos del 2 de mayo de 1.808 encontraron patriótico eco en los Ingenieros de Alcalá. Los Zapadores-Minadores se fugaron a Valencia el 23 de Mayo (la Fuga de los Zapadores) siendo el primer cuerpo armado que se alzó contra los invasores, mientras que los profesores y alumnos de la Academia, dirigidos por San Genís, marcharon a Zaragoza en cuya defensa colaboraron activamente.
En 1.809 se restableció la Academia de Ingenieros en Granada. En 1.811 se instaló en Cádiz y en 1.815 se reinstaló en Alcalá bajo la dirección del ingeniero-general D. Joaquín Blake. De sus estudios, de cuatro años de duración, salió en 1.819 la primera promoción de tenientes de Ingenieros.
Diversas vicisitudes políticas hicieron trasladar la academia a Granada de nuevo en 1.823 y años después a las ciudades de Ávila, Talavera de la Reina y Arévalo.


En 1.833 se trasladó definitivamente a Guadalajara. Es el director el coronel D. Francisco Arias. En esta Academia se imparten asignaturas de Armas Portátiles, Artillería, Fortificación, Ataque y defensa de Plazas, Minas, Pólvoras y Explosivos, Castrametación, Ferrocarriles y Carreteras, Telegrafía Militar, Aerostación, Arquitectura. Electrotecnia, Física y Química, Mineralogía y Geología, Matemáticas, Geodesia y Topografía, Arte, Geografía e Historia y Ordenanzas.
La Biblioteca consta de tres grandes habitaciones con 20.434 volúmenes y está suscrita a las principales publicaciones de ingeniería civil y militar, nacionales y extranjeras. Disponen de Gabinetes de Física, de Mineralogía, Fotográfico, aparataje para el estudio de la Astronomía, Geodesia y Topografía, Gabinetes de Mecánica y Electricidad, Telefonía y Telegrafía, Gabinete de Artillería y Fortificación, etc…
Disponen también de un extenso campo de prácticas denominado “La Huerta” que incluye una vía de ferrocarril con una locomotora que lleva el nombre de “Zarco del Valle”.
La carrera duraba 5 años y el examen de fin de curso era oral al igual que en otras academias civiles y militares de la época.

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NOTA.-Como todos sabemos, durante le II República se reunificó en una sola la Academia de Artillería e Ingenieros, con sede en Segovia. Después de la guerra civil (1.936-1.939) la Academia de Ingenieros se estableció en Burgos y en la actualidad se encuentra en la localidad de Hoyo de Manzanares (Madrid).










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