EL TITULO DEL BLOG EN MORSE

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Un antiguo compañero del Rgto. de la Red Permanente, busca información sobre la actuación de las palomas mensajeras durante esta guerra. Aquí os dejamos con sus palabras:

"Mi nombre es José Manuel Grandela Durán. Juré bandera como voluntario en el CIR nº 2 en abril de 1966. De allí fui trasladado al Rgto. de El Pardo, donde permanecí unos días, y por mi condición de radiotelegrafista de la Marina Mercante, me trasladaron a Prado del Rey, al Rgto. de la Red Permanente, para integrarme en la Red de Cantones, para ir relevando a los suboficiales especialistas.
Muchos años después de licenciarme, mi afición a la Historia y mi cariño a los dos Regimientos, me inclinó a buscar en los archivos una de las facetas más desconocidas del Rgto. de El Pardo, el de las Compañías de Propaganda y Radiodifusión durante la Guerra Civil. Fruto de seis años de investigación y recopilación documental fue el libro “Balas de papel”, y “La Nueva Artillería”, recibiendo este último Mención Honorífica en los Premios Ejército 1998.
Me encuentro en estos momentos buscando datos sobre el destino de las palomas mensajeras de la Sección Colombófila, a raíz de la marcha de todo el Rgto. hacia Segovia, el 20 de julio de 1936.
En ninguno de los textos leídos de los historiadores y protagonistas de aquella hazaña, se menciona qué se hizo con las palomas.
He localizado colombogramas oficiales del Arma de Ingenieros, enviados por diferentes columnas de milicianos del Frente Popular, fechados en agosto, septiembre y octubre de 1936. Quiero saber si las palomas portadoras fueron las que se quedaron en El Pardo (si es que se quedaron)
En fin, cualquier pista me sería de gran ayuda. Es un capítulo en blanco del Rgto. de Transmisiones de El Pardo, que me gustaría rellenar.
Agradecería la difusión de mi llamada, y me ofrezco a colaborar con mis humildes conocimientos.
Para mí ha sido una gran alegría tropezarme con el blog del Rgto., porque me ha hecho sentirme más joven. He leído de cabo a rabo todas las colaboraciones y artículos. Quizás yo algún día participe con algún dato curioso.
Un cordial saludo de vuestro viejo camarada José Manuel".
lunes, 29 de diciembre de 2008
Cuartel de la Cía de Transmisiones de Mallorca
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Este es el titulo de un libro que describe cómo eran los servicios de información, espionaje y criptografía durante la guerra civil española. Sus autores son D. José Ramón Soler Fuensanta y D. Javier López-Brea (Inédita Editores, Barcelona, 2008).
Entre sus muchos temas, da noticia del servicio de escucha y descifrado que realizó durante aquella guerra la Compañía de Transmisiones de Palma de Mallorca. Todos los mensajes enemigos que se captaban eran pasados a taquigrafía y después a mecanografía para enviarlos a la Segunda Sección del Estado Mayor (que más tarde se llamó 2ª BIS) en donde se estudiaban y analizaban.
El material que usaban eran receptores Telefunken 381-S y Telefunken 390 de fabricación alemana. Al finalizar la guerra, esta Compañía disponía de 43 radiotelegrafistas militares. A parte de las instalaciones fijas, se usaban camiones con receptores matrícula CRV y emisores matrícula CE, como los que aparecen en las fotografías, pertenecientes éstas al Archivo de la Biblioteca Regional Militar de Baleares.
Estación de campaña Telefunken sobre camión

Interior del camión con dos receptores y un teléfono de campaña


Estación Telefunken 390
Portada del libro
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Información facilitada por Antonio N. Marrero

sábado, 27 de diciembre de 2008
Puerta principal del Regimiento de Transmisiones en el año 1961
(Foto tomada por el autor del artículo)
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El hecho que le voy a relatar a los amigos de “Historias de El Pardo” podría calificarse de insólito en el Ejército, ocurrió, creo recordar, en el año 1961, y el que esto les escribe fue testigo directo.
Sucedió un día que entró de Sargento de Semana un suboficial que era soltero y, por tanto, tenía su habitación en la Residencia de Suboficiales, por entonces ubicada en el pabellón que había justo enfrente del comedor de tropa. Al entrar de semana tuvo que trasladarse al cuarto que había en la Compañía para los que prestaban ese servicio. El sargento, como he dicho era soltero, por tanto, se podía permitir algunos caprichos, por eso se llevó entre sus enseres personales un receptor de radio portátil último modelo que acababa de comprar—hay que situarse en aquella época en que, un simple transistor era un artículo de lujo—. Como sabrán los veteranos de entonces el cuarto del Sargento de Semana nunca se cerraba con llave, allí había una cama de cuerpo, una silla, un pequeño armario y una mesa escritorio. El sargento puso su flamante aparato de radio encima de la mesa y se despreocupó, él subía y bajaba en sus obligaciones y cuando llegaba a su habitación encendía su receptor para escuchar música…


Una noche, después de la cena, a punto de pasar lista se acercó a su cuarto y la radio había desaparecido. Al formar la Compañía para la lista de retreta, mandó firmes y hecho un basilisco dijo a voz en grito: “¡¡El cabrón que haya cogido mi radio que la ponga inmediatamente en su sitio o le va a pesar!!” Nadie respondió; lo volvió a repetir con otras palabras; tampoco obtuvo resultado alguno. Al final formó la Compañía en el patio y mandó paso ligero durante media hora, igualmente el efecto fue negativo…


Mandó que subieran de nuevo a la Compañía y los formó, después de mucho insistir para que devolviera la radio el que la había sustraído tuvo que darse por vencido. Dio parte por escrito de lo ocurrido y tomó cartas en el asunto el capitán, éste ordenó arrestar a toda la Compañía sin salir de paseo, ni siquiera los que tenían pase pernocta, hasta que apareciera el transistor.


El personal estaba muy disgustado porque tenían que pagar ellos las consecuencias de lo que había hecho un desaprensivo “chorizo”, se comentaba entre la tropa que cuando fuera descubierto el ladrón lo iban a linchar.


La cosa llegó a conocimiento del coronel que dio la orden de registrar todo minuciosamente hasta dar con el aparato y, mientras tanto, no saldría del Regimiento nadie de aquella Compañía, confirmando el arresto impuesto por el capitán.


La búsqueda fue exhaustiva, todo el mundo buscaba por todos los rincones el dichoso receptor de radio, se registraron taquillas una por una, maletas, se palpaban las colchonetas por si lo habían metido dentro… el resultado siempre era negativo. El sargento, una noche en formación dio un ultimátum: “¡Si sale ahora el que ha robado la radio le prometo que intercederé ante los superiores para que el castigo sea mínimo!”


Tampoco dio resultado alguno.


Habían pasado ya 3 ó 4 días desde que desapareció el aparato de radio, en el Regimiento no se hablaba de otra cosa. Los que conocéis el “Zarco del Valle” sabéis que los pabellones albergaban en cada planta dos Compañías, una enfrente de otra, en la que ocurrieron esos hechos la que tenía enfrente estaba deshabitada, sólo servía como almacén, alojaba colchonetas apiladas, camas desmontadas y muchos enseres viejos. El local ya había sido inspeccionado minuciosamente; pero una mañana, se me ocurrió entrar yo solo a mirar, entré hasta el cuarto de los cabos primeros, allí no había nada, estaba totalmente vacío, me pongo a observar las paredes y entrando en la habitación a la derecha existía en la parte superior de la pared una especie de hueco que servía como maletero, vi unos restregones de suela de bota sobre la pared que daba a ese sitio. Me di cuenta que allí había intentado alguien subir o bajar. Inmediatamente me salí del cuarto y me puse a buscar algo para poder acceder a ese maletero ya que estaba muy alto, encontré entre los enredos una vieja escalera de madera, sin más, la cogí y me fui hasta el sospechoso lugar, al subir vi el hueco totalmente vacio y limpio, en medio se encontraba el transistor.


Mi sorpresa y alegría me desbordó, lejos de cogerlo, me fui en busca del sargento para que lo viera él personalmente. Se encontraba en la Sala de Suboficiales, vino conmigo corriendo y con gran satisfacción cogió el aparato, pero lo agarró con un pañuelo por el asa y tocándolo lo menos posible. Me comentó: “El cabrón que ha hecho esto lo va a pagar caro…”


Efectivamente, el sargento, autorizado por la superioridad, formó la Compañía y les dio una arenga:
“La radio ha sido encontrada, está llena de huellas dactilares, quiero que sepáis que se le va a tomar las huellas a todos los componentes de esta Compañía y junto con el receptor se va a llevar a la Dirección General de Seguridad para que averigüen quién ha sido el autor del robo. Si sale ahora el que lo ha hecho será mejor para él, si espera a que realicemos todo ese proceso y es descubierto por la policía, dudo mucho que llegue a licenciarse. Le aconsejo por su bien que confiese ahora mismo”.


Tampoco dio resultado, nadie salió, se miraban unos a otros esperando que alguien diera el paso adelante, pero eso no ocurrió.


Por la tarde en la oficina de la Compañía se habilitaron dos mesas, yo mismo ocupé una, en la otra el cabo de la oficina, el sargento dio orden de que fueran pasando todos de dos en dos, en un papel tamaño octavilla se ponía el nombre del soldado, cabo o cabo 1º, después se le impregnaba el dedo pulgar de la mano derecha en un tampón de color violeta y debajo del nombre se estampaba la huella. (Hay que reconocer que aquello fue una sandez, nunca hubiesen podido identificar al autor del robo por la huella del dedo pulgar sino por la del dedo índice, que es la que figura en el DNI. Además, tampoco estaban bien tomadas, ni la tinta era la adecuada).


El caso es que, como “farol” dio resultado. A la mañana siguiente, viendo que nadie se acobardó ante la medida tomada y confesó su falta, el sargento cogió la radio y en un sobre con todas las huellas se dirigió hacia la puerta principal, iba a la parada del autobús con destino a Madrid. Entonces, justo en la escalinata que daba a la carretera, le abordó un soldado de la Compañía, se puso delante de él llorando y le dijo: “Mi sargento, he sido yo el que ha robado la radio, ha sido un mal pensamiento, no lo he dicho antes por miedo…”


No quiero comentar la natural reacción del suboficial, el que tenga un poco de imaginación que se la figure… Tuvieron que meterle inmediatamente en el calabozo para evitar represalias de los compañeros que llevaban una semana arrestados por aquél ladronzuelo.


Debo decir que, aunque recuerdo los apellidos, tanto del sargento, como del soldado que sustrajo el aparato, no he querido darlos para evitar susceptibilidades de ellos (si todavía viven), o de sus familiares. No obstante diré que el sargento era de la Escala Complementaria, y el soldado del reemplazo; era un chico tímido e introvertido, nadie hubiese sospechado nunca de él.


Lo insólito de este hecho no es que alguien haya robado en el Ejército, eso desgraciadamente ha ocurrido muchas veces, lo extraordinario es que se le tomaran las huellas dactilares a toda una Compañía para averiguar el autor de una sustracción.


A los pocos días le pregunté al sargento si hubiese llevado realmente las huellas a la Dirección General de Seguridad, me lo confirmó, diciéndome que tenía un buen amigo que era Comisario de Policía en la Brigada de Investigación Criminal de Madrid.

Antonio (Alicante)
miércoles, 24 de diciembre de 2008
Estimados colaboradores, visitantes y amigos: el equipo que formamos "Historias de El Pardo" os deseamos a todos Felices Fiestas de Navidad y próspero Año Nuevo 2.009. Sea cual sea el lugar desde el que nos visitáis y la época cuando formásteis parte de nuestro antiguo Regimiento de Transmisiones de El Pardo. Mucha salud para todas y todos.
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Muchas gracias desde Zaragoza, Tenerife y Madrid.


Villancico interpretado por la banda de la Fuerza de Maniobra
domingo, 21 de diciembre de 2008
A los amigos de “Historias de El Pardo” les voy a relatar, lo mejor que recuerde y sepa, cómo eran los oficiales y suboficiales de la Escala Complementaria que yo conocí en mi época.

Al principio de los años 60 había en el Regimiento de Transmisiones del Ejército —así se denominaba entonces—un pequeño colectivo de mandos intermedios que pertenecían a la Escala Complementaria; unos procedentes de las Milicias Universitarias (IPS), se les distinguía por los cordones de colores que llevaban sobre el pecho: morados, rojos, amarillos, lila… según la carrera que estaban estudiando. Y otros procedían de los cursos regimentales, estos últimos se promocionaban desde cabo, pasaban a hacer el curso de cabo 1º de complemento e inmediatamente el de sargento. En un tiempo record ascendían de un empleo a otro, después realizaban el curso de oficial en el Campamento de la Granja de San Ildefonso junto a los de las Milicias Universitarias. Salían con la graduación de alférez, tan sólo se distinguían de los universitarios en que los regimentales llevaban los cordones totalmente blancos, y tampoco lucían sobre el pecho una placa que ponía “IPS”, por lo demás eran exactamente iguales.

En general, los mandos que procedían de las Milicias Universitarias siempre eran algo más afables en su trato que los profesionales, al tener estudios superiores se comportaban de forma más moderada, y también, porque al fin y al cabo iban a realizar su servicio militar y no querían complicarse mucho la vida, no obstante, también los había “rarillos”, por eso voy a nombrar algunos que se destacaban por sus excentricidades, leyendas que pesaban sobre ellos, o incluso, sus carismas.

En primer lugar citaré a un alférez (IPS) que, incomprensiblemente, se reenganchó; se llamaba José Luis Merino Boves. Este hombre tendría entonces unos 33 años, era casado y creo recordar tenía familia numerosa. Era una buena persona, yo hice algo de amistad con él y recuerdo que en una ocasión estuve en su casa, vivía en la calle Doctor Esquerdo. Ascendió a teniente estando yo aún en el Regimiento. El teniente Merino era director cinematográfico y en cierta ocasión me dijo que él permanecía en el ejército reenganchado porque iba a realizar una película de argumento militar y necesitaba documentarse bien, hasta me mostró un álbum de fotos en blanco y negro de los protagonistas, siento no recordar los nombres. Fue cierto, en el año 1964 dirigió una película cuyo argumento trataba sobre los alféreces provisionales. Después de licenciado fui siguiendo su trayectoria en el cine y fueron varios los premios que ganó a nivel nacional. Trabajó como director, guionista y productor. Al ponerse de moda los “spaghettis westerns”, realizó muchas de éste género y tiene en su haber contabilizado muchos éxitos en películas de mucho más calado temático.

Había otro teniente de complemento—ignoro si era universitario o regimental porque nunca se ponía los cordones, pero decían que era regimental—, se llamaba de apellido Doménech, hablaba poco y muy bajito, siempre iba fumando, tras un pitillo otro, le recuerdo por la forma que tenía de dirigirse a los soldados. Pegaba su cara a la del subordinado de turno, nunca gritaba, en voz muy baja que apenas le podían escuchar, mientras sermoneaba susurrando, daba profundas chupadas o ‘caladas’ al cigarrillo y todas las bocanadas de humo se las echaba en los ojos al pobre soldadito que le tenía que soportar sus extravagancias. De todas formas nunca se escuchó que arrestara a nadie.

El alférez Toribio—éste era regimental—, un buen chico, serio y puesto en su sitio, pero amable con todo el mundo, era apreciado por superiores e inferiores. Casi siempre llevaba botas altas de montar, pero tan arrugadas y echadas hacia abajo que apenas le cubrían la pantorrilla. Hombre muy joven e innovador, vestía el uniforme con cierto aire modernista; para mí no tenía vocación militar, hacía bien su trabajo y nada más. Se contaba de él que su padre, sargento de la Guardia Civil, estaba orgullosísimo de su hijo y cuando éste iba de permiso le esperaba en la puerta de la Casa-Cuartel, al verle llegar gustaba de cuadrarse delante de su hijo. Toribio, a sabiendas de que lo suyo era efímero, con buena cabeza se preparó y consiguió un buen empleo en la vida civil.

Los hermanos Leira son capítulo aparte; sobre ellos existía una leyenda de esas que se fraguan en los cuarteles y al final se dan por reales sin que nadie sepa a ciencia cierta la verdad.

Los dos eran sargentos de complemento y de la rama universitaria; bien metiditos en la treintena estaban reenganchados desde hacía tiempo. Se contaba que los dos habían sido alféreces, pero que estando en un bar alguien habló mal de Franco, o del Régimen—que era lo mismo—y ellos la emprendieron a golpes contra aquellas personas entablándose una pelea brutal, cuando llegó la Policía Militar—entonces se llamaba La Vigilancia—, les arrestaron y después de un juicio militar fueron degradados los dos a sargento. Se llamaban Carlos y Eduardo Leira Fernández-Cid, eran de profesión peritos topógrafos. Llegué a tener cierta amistad con Eduardo y puedo decir que era un buen sargento; eso sí, “vacilón” como él solo. Gustaba llevar las botas altas de montar tanto en verano como en invierno, fumaba varias cajetillas al día y bebía bastante alcohol, pero controlaba bien su capacidad, nunca le vi embriagado. Cuando mandaba la instrucción o estaba de ‘semana’, Eduardo le gritaba a los reclutas: “¡¡Cenutrios, parecéis unos cabritos con pintas amarillas!!” La tropa, lejos de tomárselo a mal, se reía de las ocurrencias del sargento.

Los hermanos Leira, aunque querían aparentar un aspecto feroz—sobre todo Eduardo—, eran buena gente e incapaces de hacerle daño a nadie, disfrutaban con esas expresiones y sus “vacileos”; se les veía muy cultos y alternaban mucho con jefes y oficiales, cosa insólita en aquellos tiempos siendo un simple suboficial.

Existe una anécdota relacionada también con un oficial de complemento. Había un sargento apellidado Quetglas, creo era mallorquín, bastante mayor; alto, enjuto, vestía el uniforme impecablemente, como miembro que había sido de la División Azul lucía en su manga el distintivo correspondiente y en su pecho llevaba varios pasadores de condecoraciones, siempre vestía con botas altas de montar muy brillantes, pero no dejaba de ser un sargento. Nunca le vi hacer servicios, llegaba por la mañana en el autobús oficial, se plantaba en medio del patio a tomar el sol y sólo estaba pendiente del que le saludaba o no le saludaba para echarle la bronca. Parece ser que el hecho de haber sido divisionario le daba ‘patente de corso’.

Un día, bajaba este suboficial por las escaleras de las oficinas que daban al Cuerpo de Guardia, un cabo que se apellidaba Vargas-Machuca subía las mismas escaleras a toda prisa porque se cerraba el plazo de admisión de solicitudes para realizar los cursos de complemento, él iba con su instancia en la mano subiendo los escalones de dos en dos, con tan mala fortuna que tropezó con el sargento Quetglas, éste, le propinó un bofetón que tiró al chico escaleras abajo; al final, con la cara hecha una pena, pudo llegar y entregar su solicitud. A los pocos meses Vargas-Machuca salió de la Granja como alférez y quedó destinado en el Regimiento. Una mañana, con su estrella recién estrenada y puesta sobre su hombrera de la guerrera que todavía llevaba de cuando era cabo—no le había dado tiempo a confeccionarse el uniforme de oficial—, vio al sargento Quetglas como de costumbre en medio del patio, entonces el flamante alférez pasó por delante de él y el sargento se cuadró, el alférez volvió a pasar y el sargento de nuevo se cuadró, así hasta diez o doce veces… Vargas-Machuca que había sido cabo conmigo y teníamos amistad me comentó: “A éste, le quito yo las ganas de estar de plantón en medio del patio para que le saluden porque va a tener él que saludar mucho más”. Así fue, el sargento se percató de que el flamante alférez al que él abofeteó unos meses antes le iba buscando el “fallo” para empaquetarlo y desapareció del patio, cada vez que se cruzaba con el alférez le hacía un saludo de “general”.

Después vendrían otros mandos de complemento: El alférez regimental Villasante, continuó de teniente muchos años y creo que al final lo hicieron profesional por una nueva ley que se promulgó para hacer fijos a los de la Escala Complementaria. El sargento Casillas y un largo etcétera.

Saludos
Antonio (Alicante)
sábado, 20 de diciembre de 2008
Digno es también de contar en un lugar como este, dedicado al recuerdo, que, coincidiendo con mi incorporación al Regimiento en enero de 1980, hubo otra emoción paralela...¡¡ mi primer coche !!. Con el carnet de conducir recién sacado (diciembre de 1979), al sentarme en el que para mi era "el mejor coche del mundo", pues era el primero que tenía, a " pesar de ser de segunda mano, me sentía el hombre más grande de entre los mortales. El coche en cuestión,un 127, tenía ya más de 7 años pero no estaba en muy malas condiciones y para dar vueltas por Calatayud, pues a otra cosa no aspiraba yo por entonces, era más que suficiente.
Pero claro...con un "cochazo" entre mis escasas posesiones, destinado yo a la capital de España y nada menos que a El Pardo...sumando a esto el escaso conocimiento que a los 18 años se suele tener, era inevitable que el viaje, antes o después, surgiese.
Y así fue, en marzo de 1980, en el primer pase de fin de semana que me vino a mano, este primer viaje surgió...y fue el más "emocionante" de los que recuerdo a esa edad...Hubo de todo, pinchazo incluido y decenas de vueltas por Madrid pues por aquel entonces no existían los TomTom actuales. He de reconocer que lo pasé francamente mal, pues la hora de entrada al cuartel se acercaba y Madrid se me representaba cada vez más grande e inhóspito.
Recuerdo que, tras varias vueltas por los alrededores de Madrid, vi por fin a lo lejos la Cibeles y siguiendo las indicaciones de una buena cantidad de amables madrileños, topé con la carretera de El Pardo...
No volví a cometer "tamaña insensatez" durante los dos años de servicio, pero, cuando a fecha de hoy paso o voy a Madrid, no puedo evitar una sonrisa al acordarme de aquel "mi primer coche".
Con el paso de los años, y el vehículo actual que hace el nº 14, los coches los veo como una fuente inagotable de problemas, tanto económicos como de "logística", pues en ocasiones es un verdadero calvario desplazarse con él, sobre todo en épocas de puentes o similares...
Pero es, en fin, una anécdota más a incluir en este blog, sin ninguna importancia, pero que seguro a todos nos ha pasado...
Saludos desde la capital del Ebro

jueves, 18 de diciembre de 2008

...en un lugar como este, mención especial a la que entre 1977 y 1986 fue mi principal aspiración. Porque no sólo fueron los dos años de permanencia en el Regimiento de Transmisiones los que en la actualidad me proporcionan gratos recuerdos. Fueron también los dos años del Instituto Politécnico nº 2 del Ejército, previos a mi paso por El Pardo, y los tres años siguientes a mi "licencia" y ya como civil.
Cierto es que son años ya lejanos...más por lo que he conocido después que por el tiempo que me separa de ellos. Pero aquella vocación, he de reconocer, y lo hago sin "miramientos" fue algo especial.
Fueron las promociones 5ª, 6ª, 9ª y 10ª. la primera como Alumno Aprendiz del IPE, la segunda como Cabo 1º ya en El Pardo y las dos últimas como Jefe de Sala de un Casino, que fue mi primer trabajo.
La primera "intentona" , recordando como nos trasladaban en tren desde Calatayud a Tremp a todos los aspirantes, con nuestras flamantes ilusiones de poder llevar las ansiadas "cadeteras blancas" no se me olvidará nunca, pues fue la promoción que más cerca estuve de conseguirlo, pues la primera tanda era la prueba física, la más difícil por aquel entonces y la pasé con soltura...igual que la cultural y la psicotécnica...sin embargo, un problemilla que siempre he tenido en el ojo izquierdo me alejó del "orgullo" de haber sido Caballero Alumno a los 18 años.
La última promoción, la 9ª, también tiene algo de especial...Año 1986...cuatro años después de "abandonar" El Pardo, volvía a intentarlo, esta vez con redoblada ilusión, como civil, y con Academia preparatoria de por medio...Academia de la que también guardo muy grato recuerdo, sobre todo de los oficiales que impartían la preparación...Academia Palafox de Zaragoza...
En esta ocasión fue a la inversa, apto en las pruebas médicas, el nº 92 en la cultural, apto en las pruebas físicas...pero un endemoniado test psicotécnico o la emoción de verme de nuevo con las cadeteras me jugaron una mala pasada...
Ahí quedó enterrada mi vocación...Siempre he considerado que fue mala suerte...pues en oposiciones posteriores en otros lugares han dado resultados positivos, al igual que en la Facultad, pues desde aquella última convocatoria de la AGBS a la que me presenté, el estudio del Derecho siempre ha sido también mi otra "vocación", pues tengo la manía de incluir en mi biblioteca todos los textos posibles, sobre todo de Derecho Romano, disciplina a la que rindo culto desde hace muchos años.
También he de decir que nunca me he planteado la típica pregunta ¿qué hubiera pasado si...?, pues considero que en la vida siempre hay que mirar hacia adelante y cuando se vuelve la vista atrás sólo es para "engrosar la caja de los recuerdos". Desde aquella 9ª convocatoria, muchas y muy variadas han sido las experiencias que he ido acumulando en los estudios y en la vida laboral. Muchos han sido los sectores por los que he pasado...pero he de volver a decir, aunque parezca repetitivo, que mi paso por las Fuerzas Armadas fue para mi la "primera piedra" sobre la que se iría construyendo mi actual personalidad...Creo que no es poco...
No es idealizar la vida militar que conocí, no es dar protagonismo a esa etapa...Simplemente es manifestar a los cuatro vientos, con orgullo, que 3o años después, muchos de los Suboficiales que conocí me están demostrando que mi experiencia no fue en vano y que a pesar de ser uno más de los miles que por allí pasaron, en El Pardo, y en el Regimiento de Transmisiones, y gracias a estos Mandos, reside todavía buena parte de mi juventud...
Saludos a todos desde Zaragoza, capital del Ebro
lunes, 15 de diciembre de 2008
Estimados amigos y lectores de “Historias de El Pardo”:

Esta fotografía en la que nos encontramos, a la izquierda mi gran amigo que fue y lo sigue siendo, Cañadas (de Almería), y el que les escribe, fue tomada en el patio del Regimiento en 1959, en el transcurso de una nevada muy intensa que duró cuatro días con sus cuatro noches. Tanto mi amigo Cañadas como yo al ser naturales de tierras cálidas, él como he dicho de Almería y el que les escribe de Alicante, nos cogió semejante acontecimiento como muy novedoso. Apenas se divisan los galones, éramos ambos cabos, realizando ya el curso de cabo 1º.
El motivo de publicar esta foto no es otro que FELICITAROS A TODOS LA NAVIDAD con ese trasfondo típico navideño que vivimos en El Pardo aquél día, tan lejano ya.
Mis mejores deseos con el saludo de San Francisco: PAZ Y BIEN.

Antonio (Alicante)
miércoles, 10 de diciembre de 2008
He de confesar que, desde el nacimiento de este blog, no hay dia en el que no ponga a trabajar la máquina de fabricar recuerdos para luego plasmarlos en ese blog. Y hoy ha sido uno de estos días...
En mi época, conseguir pase de fin de semana no era tarea fácil, pues como es de comprender, no todo el mundo podía disfrutar de estas "miniescapadas", ya fuera porque estabas en prevención, porque tuvieses guardia, porque no tuvieses dinero para el billete de tren, porque no hubiese compañeros próximos con el privilegio, entonces, de tener coche propio, o por cualquier circunstancia de análogo contenido...
Pues bien, en el dia de la salida, viernes, el contento y la algarabia eran manifiestos...No tanto la madrugada del domingo al lunes en la que, a eso de las cinco, llegaban los autobuses muy cerca de la Cibeles, y el personal empezaba a apresurarse para buscar otro autobús con destino a su guarnición...
Recuerdo que el mio llegaba a la escalinata del Regimiento a eso de las 5:45 horas y, como los más veteranos lectores recordarán, ir de paisano era "pecado capital"...
Pues bien...esta norma yo la cumplía escrupulosamente y el uniforme de granito o de paseo sólo me lo quitaba al llegar a casa o ya en el cuarto de cabos primeros...excepto una viaje de regreso de uno de estos fines de semana.
Ignoro cuál fue el motivo de que en aquella ocasión se me ocurriese entrar al cuartel de paisano...tal vez la satisfacción de haberme comprado unos días antes unas botas camperas de aquellas que causaron furor por aquella época y no querer quitármelas ni para entrar a la compañía...
Fuera como fuese, al parar el autobús frente a la escalinata, mi plan era no pasar por el cuerpo de guardia y recorrer en tiempo record la distancia que separa el Cuerpo de Guardia y Plana Mayor. Tal fue el ímpetu y la energía que imprimí en superar en tres únicos sal tos la escalinata dirección a la Compañía sin levantar sospechas que no reparé en que las suelas de aquellas "puñeteras" botas eran nuevas y "sin rodaje" por lo que me gastaron una mala pasada. Si enérgico fue el impulso para saltar, más enérgico fue el resbalón que, al segundo salto de los tres previstos, Cabo 1º y petate fueron a dar de bruces al suelo antes de alcanzar "el objetivo".
Grande y estrepitoso fue el porrazo, y a punto estuve de quebrarme algún hueso fundamental, pero afortunadamente, no había oficiales ni suboficiales próximos a este escenario. Además, debió de ser una pirueta bastante pintoresca pues la carcajada de quienes entraban como "dios mandaba" al cuartel sonó también con bastante fuerza...
Una anécdota más a sumar que, casi treinta años después, hace que me nazca una sonrisa al recordar aquellos 18 años que yo tenía,,,y lo incómodas que eran aquellas "Valverde del Camino".
En este punto, me llega otra anécdota relacionada con estas botas y con la discoteca Consulado, "sede oficial" de la tropa...pero esto será ya para otra entrada...
martes, 9 de diciembre de 2008
Cumplido el segundo año de existencia de este blog en el “ciberespacio” y casi con el típico “fervor del neófito”, los autores nos disponemos a afrontar un año más la no fácil tarea de incrementar el interés de sus contenidos para que quienes lo visiten encuentren en este lugar un espacio para rememorar viejas experiencias de su juventud y del servicio militar en el antiguo Regimiento de Transmisiones de El Pardo

Así, justo es volver a reconocer que a lo largo de estos dos primeros años, la labor de Julio, desde Madrid y de Rafael, desde Tenerife, ha sido de vital importancia para imprimir al blog un “primer impulso”, pues gracias a ellos, han venido a sumarse colaboradores que en su ida conocieron el Regimiento, ya como oficiales o como clases de tropa. Es el caso de los Comandantes Parra y Pulido, o de Antonio, desde Alicante, o de otro Antonio, Marrero de apellido, de Sabaté…entre otros muchos, a quienes también debemos y queremos agradecer sus visitas y comentarios. Pero sobre todo, la gratitud también debe extenderse a los actuales mandos del REW-31, por su permisividad al consentirnos dedicar estas líneas a este cuartel.

Para quienes no conocieron el Regimiento, este blog también puede servir de referencia para tener una visión de cómo fue en su tiempo el servicio militar obligatorio, con independencia de la época o circunstancia que rodease este período. Y para los que lo conocimos... ¿qué decir?...

Podrían preguntarnos el por qué de este espacio, pues no es habitual que pasados muchos años desde que cumplimos el servicio militar, su recuerdo esté muy presente. En mi opinión, fueron unos meses que no nos hizo ser mejores o peores, simplemente...diferentes…¿quién puede negar que esos meses no hayan pasado a ocupar un lugar “especial” en sus recuerdos?.

Los años han ido pasando, y nuevas experiencias han ido sumándose a las vividas en El Pardo...los estudios, el trabajo, la familia...etc., y en muchos de los casos, aquella vivencia del cuartel, ha servido como “patrón” para afrontar responsabilidades en nuestro actual trabajo, o para reaccionar ante determinadas situaciones...Al menos en mi caso.

Con todo, la ilusión de los autores de “Historias de El Pardo” es que pronto seamos muchos más los que guardamos un muy buen recuerdo de los años “mozos”, y más concretamente, de los años en los que nos tocó “conocer” El Pardo, sirviendo esto también como referente para las actuales clases de tropa profesionales, aportándoles una versión un tanto atípica, pero profundamente respetuosa, de lo que en su día fue la Unidad en la que prestan servicio, de su historia, de las gentes que por ella pasaron…en definitiva, del legado de cientos de generaciones que reemplazo a reemplazo, aportaron su particular “granito de arena”.


Gracias a todos por leernos y felices fiestas, próximas ya…
Saludos de Fernando, desde Zaragoza


domingo, 7 de diciembre de 2008
Vista general del pueblo de Valsaín (Segovia)
Estas coplas de la guerra civil, recogidas de la gente mayor de Valsaín (Segovia), y recopìladas por Tomás Martín Vázquez y Javier Arenal Martín, narran las peripecias sufridas por los soldados que realizaron la denominada “Fuga de las Transmisiones”, hechos ocurridos el 21 de julio de 1.936.
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Regimiento de Transmisiones
que valientes habéis sido,
habéis salido de El Pardo
y a La Granja habéis venido.

Montamos en los camiones,
llegamos a Colmenar,
se nos avería uno de ellos,
lo tenemos que dejar.

Subimos Navacerrada
sin rumbo y sin dirección,
pero al llegar a la cumbre,
se nos pierde otro camión.

Desde lo alto del Puerto
nos persigue un aeroplano
y cuando desaparece
vemos un puente cortado.

Se apea el comandante
y habla a los revoltosos,
y logra que nos ayuden
para que pasemos pronto.

Pasamos todos los pueblos
con el puño levantado,
fingiendo lo que no somos,
del lado republicano.

Llegamos a Valsaín
y nos reciben los rojos,
nos dan chorizo con pan,
quieren venir con nosotros.

El capitán les engaña,
y les dice que se queden
defendiendo Valsaín,
que hace falta mucha gente.

Seguimos para Segovia
con dirección a La Granja
y por gritar ¡viva Rusia!
grita por fin ¡viva España!

Todos los Guardias Civiles
salieron a recibirnos,
el público se entusiasma
y nos da tabaco y vino.

Seguimos para Segovia
donde vamos destinados,
el público nos aplaude
al son de “Los voluntarios”.

Fuentes: Revista virtual del pueblo de Valsaín (Segovia)
http://www.cronicasgabarreras.com/
jueves, 4 de diciembre de 2008
El comandante Parra ha tenido la amabilidad de identificarnos esta emisora que aparece en la foto, perteneciente al destacamento de Transmisiones de Smara (Sahara) en los años 70, y al que le damos infinitas gracias por su colaboración.

La estación de radio que se observa en la foto, sin duda, creo, es una AN/SCR- 193, de 75 w. de potencia, utilizada entonces, casi exclusivamente para trabajar en grafia a grandes distancias, aunque creo recordar que en fonía tampoco estaba mal, pero con otros equipos se conseguian mejores enlaces. Para cambiar de frecuencia se utilizaban paneles intercambiables, se observa en la foto, en el frontal, las dos manijas para extraer el panel. Estos paneles se almacenaban al lado de la estación en una especie de repisa o armario. El operador de radio tenía que cambiar de panel según la frecuencia a utilizar.
En la parte superior se observan una válvulas de grandes dimensiones, son cuatro unidades, triodos de caldeo directo. Como se calientan bastante durante el trabajo, se solía quitar la tapa que las cubre (como en la foto) a efectos de ventilación.
Esta estación era dificil de ajustar y su rendimiento dependía en gran manera del tipo de antena que se utilizaba. Esta podía ser de varillas o de cable como la de la foto. Si era de cable, se solía colocar una dipolo para direccionarla convenientemente, aunque podía ser unipolar.
Esta estación, en aquellos años, la utilizaba también la aviación, que yo sepa en los Junkers. Estos aviones utilizaban una antena montada desde el frente al alerón de cola, aunque los operadores de radio, en ocasiones, la sacaban en vuelo, con una plomada grande en su extremo de tal forma que colgaba en el aire. Decían ellos que a veces les avisaban desde tierra, antes de aterrizar, que "llevaban el bolo colgando".
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Francisco Parra Vidal, comandante de Ingenieros (R)
miércoles, 3 de diciembre de 2008
Paco, desde Jerez, nos envía su recuerdo, con estas palabras:

Esta foto nos la hicieron en el CIR 2 de Alcalá de Henares, sobre el més de noviembre aprox. del año 1978 antes de la Jura. Eramos muy reclutillas. De ahí salimos unos cuantos para el Reg. de Transmisiones, unos a la compañia de Telefonía y otros incluido yo a la de Radio.El primer dia que llegamos al cuartel, íbamos unos cuantos en el autobús que cogimos en Argüelles-El Pardo con caras de preocupación y totalmente despistados, y lo que más me impactó fué de nada más empezar a subir las escaleras empezaron a llamarnos "bichos" venga pá entro!! --y comentamos entre nosotros-- "anda que no nos van a dar ná esta gente". Bueno, pero al final no pasó nada y me dí cuenta a las pocas semanas que lo hacian porque al llegar "los bichos" era señal de que quedaba menos meses para la "blanca".Empezando por arriba a la derecha cuenta 5 cabecitas para abajo y de esa 5 incluida cuenta hasta la 8, ese soy yo, estoy justo encima de un cabo 1º que era pelirrojo y me parece que se llamaba Lorenzo. Lo bueno sería es que alguien se reconozca en la foto y mande un mensaje. Creo que los de nuestra edad más o menos estamos viviendo los mejores tiempos e inventos de la historia, ¡esto de internet tiene su gracia!!!!


P.D.
Pues si, Paco, tiene su gracia y su encanto. Como podrás comprobar, este sitio puede servir para que tu recuerdo no pase a la historia. Gracias por tu colaboración y saludos desde Madrid, Tenerife y Zaragoza
martes, 2 de diciembre de 2008
Relatos
por Antonio Colomina Riquelme
uno de los más prestigiosos colaboradores de este blog
(los autores recomendamos visitar esta web)

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lunes, 1 de diciembre de 2008
Un nuevo recuerdo viene a sumarse a la ya larga lista que poco a poco vamos construyendo. Esta vez es Paco, desde Jerez, y esto es lo que nos cuenta:

"Hola Fernando, soy Leyton aunque mi nombre es Paco, he puesto en el foro mi segundo apellido por el cual me conocian más mis compañeros de cuartel, así me reconoceran por si alguno de ellos me ven en el foro. En cuanto a la foto que tengo del CIR 2 te la voy a enviar pero antes tengo que scanearla y cuando tenga un hueco te la envío. Ya miraré en mi recuerdos de la mili que logicamente estan en una caja de zapatos, y vere si hay algo interesante. La verdad es que no veo mis recuerdos desde hace muchisimos años.Hace poco y no se porqué entré en vuestra pagina de Historias del Pardo y me dió mucha alegria de rememorar otra vez con mis 20 años de edad en el CIR 2 y despues en el Reg. de Transm. en Radio. Como creo que todos, tuvimos momentos desagradables, para mi valio la pena y me compensó la experiencia y gran amistad que tuvimos allí, amistad verdadera sin intereses,no conozco una amistad tan sincera y tan bonita como la de los compañeros de la mili. No quiero parecer cursi, pero la verdad es que a mis 50 años no me olvido de aquellos tiempos. Por cierto tengo un pequeño lio con lo de los reemplazos, en el foro puse que soy del 4º del 78, miré mis papeles y no es correcto, en realidad es el 4º del 77 y me incorpore a filas el 7 de octubre del 78, ellos sabran."
===========
Los autores te damos la bienvenida, con la certeza de que muy pronto volveremos a tener noticias gráficas tuyas.
Gracias de nuevo y saludos desde Madrid, Tenerife y Zaragoza

¿te gustaría constituir una asociación de veteranos?

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